El consumo frecuente de pescado podría aumentar el riesgo de cáncer de piel

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Claudia WALTER
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El consumo humano excesivo de pescado es un desastre para los ecosistemas marinos y, según un estudio reciente, también puede ser un problema para la salud. Una investigación publicada en la revista Cancer Causes & Control las personas que comen pescado con frecuencia podrían tener un mayor riesgo de sufrir cáncer maligno de piel.

El estudio sugiere que el efecto negativo podría ser debido a la presencia de compuestos contaminantes en el pescado.

La doctora Eunyoung Cho, profesora de dermatología y epidemiología en la Universidad de Brown en Providence, Rhode Island (Estados Unidos), autora del estudio, ha explicado que se debe investigar más a fondo la conexión descubierta, sobre todo si se tiene en cuenta que una de cada 38 personas con la piel clara sufre un cáncer maligno (la cifra corresponde a Estados Unidos).

CUÁNTO PESCADO AL DÍA AUMENTARÍA RIESGO DE CÁNCER DE PIEL
El equipo de la doctora Eunyoung encontró que las personas que comían una media de 43 g de pescado al día tenían un riesgo un 22% mayor de desarrollar melanoma que las que casi no comían pescado (3 g al día). Estas personas también tenían un 28% más de riesgo de desarrollar células anormales, es decir, precursoras del cáncer, en la capa externa de la piel.

Las personas que comen 14 g de atún al día, según el estudio, podrían tener un riesgo un 20% mayor de cáncer de piel maligno en comparación con las personas que no consumen pescado.

Una porción de pescado suele constar de 140 g. Los 43 g de pescado por día mencionados en el estudio corresponden a 2 raciones de pescado por semana o aproximadamente 300 g. Las autoridades sanitarias suelen recomendar de 2 a 3 raciones de pescado a la semana, lo que, según el presente estudio, sería demasiado.

Curiosamente, no se descubrió una relación si el pescado se consumía frito.

LA CAUSA DEL RIESGO PUEDEN SER LOS CONTAMINANTES EN EL PESCADO
Los datos recogidos de más de 490.000 adultos que participaron en el Estudio de dieta y salud NIH-AARP (entre 1995 y 1996) sirvieron como base para el análisis. Los participantes tenían 62 años en promedio e informaron con qué frecuencia y en qué cantidades consumían pescado frito, pescado no frito y atún.

Por otra parte, se tuvieron en cuenta otros factores de riesgo para el cáncer de piel: peso corporal, actividades deportivas, consumo de alcohol, cafeína y tabaco, consumo de calorías, cáncer de piel u otros tipos de cáncer en la familia y radiación UV en el respectivo lugar de residencia.

 La doctora Eunyoung Cho explica que el efecto cancerígeno puede "deberse a la presencia de contaminantes en los peces, como los bifenilos policlorados (PCB,) que son compuestos de cloro cancerígenos, las dioxinas, el arsénico y el mercurio".

Estudios anteriores ya habían demostrado que las personas que comen mucho pescado tienen en el cuerpo niveles más altos de tóxicos relacionados con el cáncer de piel.

¿PUEDE EL PESCADO PROTEGER CONTRA ALGUNOS TIPOS DE CÁNCER?
No se puede afirmar a partir de un estudio observacional que el consumo de pescado sea la causa directa del desarrollo del cáncer de piel. Para ello habría que hacer muchos más estudios y determinar la influencia, por ejemplo, de factores como el número de lunares, el color del cabello, el número de quemaduras solares durante la vida, etc.

Por otra parte, existen estudios que certifican los efectos positivos de comer pescado. Un trabajo mostró que cada ración semanal de pescado añadida disminuye un 6% el riesgo de cáncer de hígado.

El contenido del pescado en ácidos grasos omega-3 puede explicar los efectos anticancerígenos y antiinflamatorios. Una investigación mostró una reducción del riesgo de cáncer de útero gracias a una mayor ingesta de DHA (ácido docosahexaenoico), uno de los dos ácidos grasos omega-3 de cadena larga que se encuentran en el pescado ).

También se ha relacionado el consumo de omega-3 con menor riesgo de cánceres de cerebro y digestivo.

Los ácidos grasos omega-3 se pueden conseguir de otras fuentes, como los aceite de algas, las semillas de lino y chía y las nueces.

Fuente: cuerpomente

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