Conservantes, colorantes y edulcorantes: ¿son dañinos para la salud?

POR UNA VIDA MÁS SALUDABLE Por Amalia Pinto
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Los aditivos –explica Beatriz Robles, licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y nutricionista– son sustancias que se añaden intencionadamente a los alimentos con una finalidad tecnológica. «Esta puede ser de distintos tipos, establecidos en la legislación: edulcorante, colorante, conservadora, antioxidante, soporte, acidulante, corrector de la acidez, antiaglomerante, natiespumante, agente de carga, emulgente, sal de fundido, endurecedora, potenciadora del sabor, espumeante, gelificante, humectante...».

Su función –añade Robles– es la de mejorar las características organolépticas del alimento, relacionadas con aspectos como el color, sabor o textura. Además, son necesarios para que la comida se conserve durante más tiempo, mantenga su estructura y no se separen los distintos ingredientes.

«En cualquier caso, siempre tiene que haber una justificación tecnológica, su uso no puede inducir a error a los consumidores y solo pueden usarse si son seguros y han sido evaluados y aprobados», subraya la experta.

¿Podemos fiarnos de los aditivos?
Aitor Sánchez, nutricionista y tecnólogo alimentario en Aleris, manifiesta que los aditivos, tanto en la modalidad como en la cantidad de uso, son seguros. Sin embargo, esto no quiere decir que podamos despreocuparnos de su consumo. Algunos como los sulfitos o determinados conservantes conviene reducirlos, ya que pueden crear dependencia a ciertas comidas o alterar el gusto de los alimentos.

En relación a esto, Sánchez expone que hay aditivos que son mucho más prescindibles, como los edulcorantes o potenciadores de sabor, porque solo buscan una mejor experiencia en el paladar o hacer más atractivos a los alimentos.

«Otros que también podrían ser prescindibles son los colorantes. Hay que encontrar el equilibrio en si un aditivo sí que está ejerciendo un papel importante, como conservar mejor un alimento o alargar su vida útil, y cuando se están utilizando simplemente para hacer más atractivo un producto», indica el tecnólogo.

En cualquier caso, ambos expertos defienden que los aditivos no definen que un alimento sea o no saludable. «Lo que importa es su conjunto: podemos tener algunos con altísimos contenidos de azúcares libres, grasas insanas o sal que, sin embargo, no contienen ni un aditivo y, por otra parte, tener otros tan saludables como un bote de legumbres cocidas que sí que lleva aditivos», opina Robles.

¿Por qué varían de unos países a otros?
Robles aclara que en la Unión Europea hay una lista común de aditivos evaluados y autorizados que es igual para todos los países miembro. «En otros sitios como EE.UU. tienen su propia lista de aditivos autorizados, pero no quiere decir que una u otra contengan añadidos inseguros». En cada país, señala, pueden fabricarse alimentos distintos para los que hay necesidades tecnológicas diferentes o puede que un aditivo sea más accesible y barato.

«Puede que un mismo aditivo esté autorizado en distintos países, pero en dosis diferentes. Esto sucede porque la evaluación de la seguridad se hace teniendo en cuenta los datos de consumo: si en un país un alimento que lleve un aditivo específico se consume en grandes cantidades, el aditivo se autorizará en dosis más bajas para que la exposición nunca supere los límites seguros», indica la experta.

Al final, el sistema es muy garantista, ya que se basa en 'listas positivas', es decir, lo que no esté en esa clasificación no puede usarse y para que esté en ella tiene que haberse solicitado su inclusión.

 

Fuente: ABC

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