'Cibertendinitis', 'cuello smartphone'... no, estos problemas de salud no los tenían tus abuelos

SALUD Por Carola LEVI
El uso de nuevas tecnologías trae consigo nuevas patologías.
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Si tienes instalada una de esas aplicaciones que te resume el tiempo que estás conectado en tu móvil, sin duda, el resultado es llamativo. Desde que los smartphones desembarcaron en nuestra vida, formando parte de nuestra rutina, es un hecho que les dedicamos más tiempo del que nos pensamos. Tanto es así que según un estudio realizado por Sondea, los españoles pasan una media de 11 horas diarias delante de una pantalla -y es que hay que tener en cuenta también las horas frente al ordenador en muchos puestos de trabajo-. Un uso que, además, no hace sino crecer, debido a que, por la pandemia de la COVID-19 pasamos aún más tiempo en casa.  Todo ello hace que, de la mano de este uso de las nuevas tecnologías, aparezcan nuevas dolencias y trastornos físicos (más allá de los problemas psicológicos, como dependencia, estrés...).

Problemas que, sin duda, no tenían nuestros abuelos ni las generaciones anteriores a la nuestra, pero que los que vivimos hiperconectados ya estamos empezando a padecer. Según María Guerrero, psicóloga familiar experta de Qustodio, plataforma de seguridad y bienestar digital para familias, “para poder evitar estas ciber-patologías se deben poner en práctica medidas preventivas como limitar el tiempo de uso o establecer lugares en casa libres de pantallas, así como que los padres prediquen con el ejemplo guardando los teléfonos al menos 30 minutos antes de acostarse, saliendo al aire libre y manteniendo el volumen bajo”. Todo con el objetivo de evitar estos problemas que no existían hace tan solo unos años y que los resumen en siete.

‘Whatsappitis’ o ‘cibertendinitis’
No hay duda de que es, ya, una consulta que se repite cuando vamos al médico. También se la conoce como ‘artrosis de costurera’ y se origina debido a la forma de teclear en estos dispositivos, que hace que el dedo pulgar se convierta en el dominante. La consecuencia es una tenosinovitis, que es una afección dolorosa que afecta los tendones de la muñeca del lado del pulgar, afección que hasta la fecha solo era frecuente en los jugadores de golf o de deportes de raqueta, pero hoy en día está aumentando de forma considerable en niños y adultos.

‘Text claw’ o ‘Codo de teléfono móvil’
De nuevo, el uso excesivo del móvil está implicado en el aumento de esta dolencia, que engloba lo que conocemos como síndrome del túnel carpiano (hormigueo y entumecimiento en los dedos pulgar, medio e índice causados por un pellizco del nervio mediano en la muñeca) y el síndrome del túnel cubital (entumecimiento en los dedos pequeño y anular causado por un pellizco del nervio cubital en el codo). Lo cierto es que no son patologías nuevas, pero lo que llama la atención sin duda es que el porcentaje de afectados va creciendo, sobre todo en personas que flexionan habitualmente el codo más de 90 grados, algo que suele suceder, precisamente, cuando sostenemos un teléfono móvil o jugamos a videojuegos.

‘Cuello Smartphone’
Con este curioso nombre nos hacemos bien a la idea de qué se trata esta dolencia. Y es que la postura al recibir o escribir mensajes, ver vídeos o leer en el móvil obliga al cuello a girar la cabeza unos 60 grados hacia abajo. Tal y como explican los expertos, este gesto lo que hace es ejercer una presión sobre la columna de unos 20kg, cuando lo normal es soportar tan solo 5kg. Por ello, lo que está sucediendo es que se desgasta el muro anterior de la columna vertebral.

‘Ciberfatiga visual’
Los oftalmólogos no paran de alertar de cómo se están encontrando, cada vez más, con casos de pacientes cada vez más jóvenes que manifiestan fatiga visual. Aparece cuando pasamos demasiado tiempo frente a las pantallas, incluyendo monitores de ordenador, tablets, e-readers y teléfonos móviles. Su uso excesivo hace que aparezcan síntomas como tensión ocular, ojos secos y dolores de cabeza. Hay que poner remedio, pues se puede incluso llegar a producir un daño permanente de la retina.

‘Bud hearing’
Hemos hablado de nuestra vista, de nuestras articulaciones… pero también nuestros oídos sufren las consecuencias del uso excesivo de auriculares. Hace décadas no se usaban, pero ahora sí que nos acompañan cuando jugamos a videojuegos, cuando escuchamos música o incluso hay gente que se ve obligada a trabajar con ellos puestos. El problema no es el dispositivo en sí, sino los altos volúmenes durante largos períodos de tiempo.

Los auriculares y los audífonos pueden llegar a emitir un sonido máximo de 85 a 110 decibelios (no muy lejos de los 120 decibelios, el equivalente al ruido de un avión despegando a pocos metros). Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda mantener el volumen por debajo de los 85 decibelios, pero advierte que entre los jóvenes/adultos de 12 a 35 años de edad en los países de ingresos medios y altos, casi el 50% están expuestos a niveles inseguros de sonido por el uso de dispositivos personales de audio.

Obesidad
No es que nuestros abuelos no pudieran tener problemas de sobrepeso, pero lo cierto es que la forma de vida actual ha llevado a que la obesidad se haya convertido en una autentica epidemia en los países desarrollados, especialmente entre los más pequeños, que han pasado de correr y jugar a diario a estar largas horas pegados a una pantalla. Pasar demasiado tiempo frente a las pantallas favorece los comportamientos sedentarios y reduce el tiempo de actividad física, lo que aumenta el riesgo de sufrir obesidad a edades muy tempranas.

Deficiencia de vitamina D
Y precisamente, el hecho de pasar horas en casa jugando a los videojuegos o con el móvil hace que muchos jóvenes no estén tanto tiempo en la calle como antes. Tanto es así que incluso se está comprobando cómo hay cada vez más un déficit de vitamina D debido a la falta de exposición al sol y las largas horas frente a las pantallas, sobre todo, entre los más jóvenes. Una vitamina que es vital, pues es fundamental para la absorción del calcio para tener una buena salud ósea así como para evitar la fatiga crónica y otros factores relacionados con la falta de sueño.

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