¿Cómo detectar fácilmente si necesitamos unas plantillas?

NOTICIAS DE INTERÉS Por Gastón Pedraza
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Hay molestias que no necesariamente tienen su causa allí donde se sienten. Un dolor de espalda o de rodillas puede tener su origen en nuestra manera de pisar. Hoy en día es muy habitual que nos encontremos con tiendas que nos hacen un estudio de la pisada para recomendarnos estas o aquellas zapatillas para correr, es una buena opción pero tiene un par de inconvenientes: no en todos lados se hace bien y hay malas prácticas que al final están orientadas a la venta posterior de zapatillas y/o plantillas disponibles allí mismo. Al margen de que hagas mucho, poco o nada de deporte siempre sería recomendable pedir cita en una consulta de podología para comprobar si hay algún problema, pero como la prevención es algo de lo que se habla mucho pero luego no nos aplicamos el cuento, vamos a ver qué pistas pueden indicar que algo no va como es debido.

Mi experiencia personal

Por si puede valerle a alguien, o al leerlo te sientes identificado, en mi caso ya muy de niño, los médicos advirtieron que tenía el pie plano. Crecí utilizando plantillas ortopédicas, algo que no suponía para mí ningún trauma salvo por el hecho de que antaño solo los zapatos de ortopedia las admitían y sus diseños te hacían sentir un poco Frankenstein, pero bueno. Pronto llegó un traumatólogo que dijo que había que operar. De ese momento ya sí que me acuerdo, porque siendo niño que te digan algo de poner unos tornillos en el pie te suena muy ‘chungo’ ¿Qué pasó? Pues empiezan las rondas con otros médicos para valorar más opiniones, hasta que mis padres llegaron a uno que rotundamente les dijo ‘si no tiene dolores de ningún tipo, ni se te ocurra operar. Ese pie plano no tiene solución’. Para no hacer esto muy largo, a partir de ese momento mi vida transcurre entre renovación de mis plantillas y sus correspondientes zapatos de payaso de circo, entonces llega la adolescencia y con esa vitalidad y rebeldía propia de la edad, mandas al carajo a las plantillas y a todo lo que tenga que ver con ellas hasta que, veinte años después, cuando decido apuntarme al gimnasio me compro unas zapatillas que me parecieron un gasto razonable sin preocuparme de nada más. Resultado: cojo perdido una semana por un dolor descomunal en la planta del pie. Me doy cuenta de que necesito volver mirar qué ocurre ahí, acudo a un podólogo recomendado por otra persona y el diagnóstico es claro: pie plano severo y necesidad de utilizar plantillas ‘ya’ y no solo por el ejercicio, sino para asegurar que no me voy a tener problemas más graves con el paso de los años. Desde entonces las uso a diario. Tanto los síntomas como el diagnóstico en mi caso no ofrecían la más mínima duda, me lo han dicho durante décadas, pero no siempre es así ¿Cómo puedes intuir que tu caso necesita la revisión de un especialista? He aquí algunas pistas:

Molestias en espalda, rodillas y/o tobillos

Normalmente revisamos qué nos ocurre allí donde duele. Si te duelen los pies, rápidamente entenderás que hay un problema en esta parte de tu cuerpo. Si las molestias aparecen en los tobillos, aunque solo sea por proximidad, también podemos pensar en los pies, pero cuando el dolor aparece en las rodillas o en la espalda, lo más natural es buscar una causa allí donde detectamos el síntoma. No es una regla de oro, pero patrones de movimiento derivados de una mala pisada pueden llegar a repercutir en gran parte de nuestro cuerpo.

Pronación anormal

Si el término no te resulta familiar y alguien te pregunta que si pronas mucho o poco, igual te debates entre salir corriendo o soltar una bofetada. La pronación es un gesto normal por el que nuestros pies apuntan hacia fuera al caminar, es muy raro que alguien camine con el pie absolutamente alineado hacia el frente y menos al correr. Cuando se tienen los pies planos este gesto de pronación se acentúa y se pisa demasiado hacia fuera. El caso extremo sería el de ese caminar tan exagerado que tenía Charlie Chaplin. Si en lugar de apuntar hacia fuera, lo hacen hacia dentro se dice que tu pisada es supinadora, que es más propia de pies cavos. Tanto para supinadores como pronadores hay zapatillas específicas que corrigen pequeñas desviaciones, pero a partir de unos límites serán necesarias las plantillas. Una manera muy simple de averiguar cómo pisas es revisar el desgaste de la suela de tu calzado, si es exagerado en determinadas zonas, sería bueno que lo revise un especialista.

Asimetrías entre la pisada de cada pie

Hasta ahora hablábamos de cuestiones más o menos obvias, pero esto puede ser más sutil. Es un hecho que todos tenemos ciertas descompensaciones, pero a partir de determinados niveles empiezan los problemas. Cuando las correcciones han de aplicarse en un solo lado de nuestro cuerpo es posible que la labor de unas buenas plantillas no sea suficiente y tengamos que acudir a fisioterapia y ejercicios compensatorios. Aquí hay tantos casos como personas, tengamos en cuenta que ni si quiera la imperfección es perfecta, y puede que tengamos un pie más plano que otro, uno más supinador que otro, etc.

¿Cuándo necesitamos plantillas a medida y cuándo las prefabricadas son suficientes?

Es la pregunta del millón. Para empezar hay una barrera económica importante. Mientras que las plantillas prefabricadas son relativamente baratas, unas plantillas a medida superarán fácilmente los 150 Euros. Ten en cuenta que hay plantillas que solo aportan una sensación de amortiguación superior, o una mayor absorción del sudor y olores, pero que de ortopédicas no tienen nada en absoluto. Siempre que tengas la posibilidad acude a un especialista y encuentra una solución a tu medida. Has de tener en cuenta que los primeros días que llevas unas plantillas puede dolerte la espalda o las rodillas al estar cambiando el patrón de tu pisada. Hay que estar muy seguros y confiados de las manos en las que nos ponemos para seguir utilizando algo que al principio duele. Es más fácil decirlo que hacerlo, en este caso puedo hablar desde la experiencia personal, pero tan pronto te acostumbres lo agradecerás y puede marcar un antes y un después entre moverte con o sin dolor. Para casi todo lo que implique moverse, la salud empieza por los cimientos, no escatimes en gastos para tus pies y que la fuerza te acompañe.

Fuente: abc

 

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