Qué debes saber para conseguir ese físico que deseas

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Gastón PEDRAZA
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Puede que no exista nada más placentero para ti que viajar, pero estoy convencido de que sabes que es poco probable que visites el espacio, lo cual no quiere decir que no haya astronautas y que no exista ya un plan de construcción de lanzaderas orbitales con fines turísticos. Esto no hace que dejes de viajar, ni cambia el que tus últimas vacaciones hayan sido para ti una experiencia inolvidable. Los cuerpos perfectos son como los viajes al espacio, es algo reservado para pocas personas, un grupo de población que está constantemente cuidando su alimentación y su entrenamiento porque viven para ello. Ten en cuenta que incluso algunos de esos físicos que ves en Internet, están así en momentos puntuales. Voy a obviar el tema de las fotos retocadas porque eso es simplemente una mentira, la clave es que por uno u otro motivo debemos asumir que un físico perfecto es algo muy poco común y recuerda, porque se nos olvida siempre, que si buscas un objetivo puramente estético dejarás de lado la salud. Aunque belleza y salud tienen ciertos territorios comunes, obsesionarte con este o aquel cuerpo suele traer problemas que nos llevarán a buscar atajos que no son nada saludables.

Es desconcertante encontrar miles y miles de contenidos que te están diciendo que si haces (mejor dicho, compras) lo que ellos ofrecen acabarás ‘siendo astronauta’ continuando con la analogía que utilizaba al comienzo de este artículo. Vendiendo mentiras también hay gente con un talento único, así que mi mensaje de hoy es que casi con total seguridad no vas a conseguir un ‘cuerpo de calendario’ y estas son las razones por las que eso no va a pasar. Y aunque tengas el control de todas ellas, aun así, te costará sangre sudor y lágrimas, porque nada sobresaliente se consigue sin un esfuerzo a la altura:

Pretendes conseguirlo sin ayuda profesional

Para los que piensan ‘un entrenador o un nutricionista para qué, si ya me apaño yo’, tenéis que saber que ver vídeos en YouTube y seguir a un buen número de lechuguinos y lechuguinas que te dicen que su físico se debe a un producto concreto, no funciona. Insisto, no funciona. Aunque te pueda parecer caro, invertir en un profesional cualificado te va a ahorrar mucho, pero que mucho tiempo e incluso puede que algún disgusto. Empezar sin que te marquen un camino complica todo bastante. Escoge bien, quien prometa milagros no es de fiar.

Esperas que algo concreto marque el comienzo de tu plan

El lunes empiezo… Ya en enero… Cuando se acerque el verano… Para la boda de mi primo Toncho, el de Benidorm… Estás dando patadas adelante y poniendo fechas que, además, no vas a cumplir porque aunque te parezca que el próximo verano está muy lejos no hay tanto tiempo para hacer las cosas bien, con constancia y sin cometer locuras insostenibles en el tiempo.

Lo sofisticado no necesariamente es mejor

Atender a muchas fuentes de información nos va a confundir mucho. La digitalización conlleva muchas ventajas pero este mercado global en el que todos están vendiendo su marca individual decir lo mismo sería un tostón y poco diferenciador, así que se complican las cosas y se dan explicaciones de lo más rebuscadas para ofrecerte “un método que combina un barro con textura de baba de caracol que te lo pones en todos tus orificios corporales mientras haces sentadillas sobre una plataforma oscilante con forma de alfombra persa que está hecha con un hilo especial que estimula la fascia plantar para que un escalofrío recorra tu cuerpo mejorando el gasto calórico en un 10% y, además, liberándote de la migraña y permitiéndote comer un bollo relleno de crema…” Chorradas. Come bien con el asesoramiento de un nutricionista. Haz pesos muertos, haz sentadillas, haz press de banca, haz press de hombro, haz dominadas, hazlo con las cargas más pesadas que puedas mover de manera correcta y salte al campo a correr, pasear, nadar o montar en bici. Si es que no hace falta nada rarito.

Aquí es donde llega el amigo puñetero que te anima a que comas como un animal ‘porque tú lo quemas’. Flaco favor ese supuesto piropo. No hay un nivel suficiente de ejercicio que te permita llevar una mala dieta y darte todos los placeres que quieras. Nuestra capacidad de comer roscón de Reyes u otro manjar que sea de tu gusto excede por mucho a las calorías que somos capaces de quemar en una sesión de entrenamiento.

Además de mucho, comes mal

Puedes comer sano y comer mal. Entendamos esto con un ejemplo sencillo, las manzanas son maravillosas, bien, no por ello una dieta correcta sería cuatro manzanas en desayuno, comida y cena acompañadas de agua con un chorrito de limón (por darle un toque ‘sofis’). Salvo que ya tengas conocimientos sólidos sobre nutrición, paga a un profesional, explica tus objetivos y tu estilo de vida y come en función a todo ello. Recuerda que la proteína juega un papel fundamental para tu musculatura pero también como macronutriente que tiene la capacidad de saciarte, así que vigila si estás consumiendo la cantidad suficiente.

Cardio, cardio cardio y más cardio

El trabajo cardiovascular no tiene nada de malo. Lo que está mal es asociar ‘hacer cardio’ con subirte a una elíptica, una cinta o una bici y estar día tras día echando horas a ritmo constante porque tengas la sensación de que saliendo con la ropa empapada de sudor has quemado todas las calorías del mundo. Haz entrenamiento de fuerza y prueba a trabajar series de sprints si te gustan las máquinas

A tu alrededor hay gente que no te ayuda

Hablamos tanto de gente real como de personas virtuales a las que seguimos en redes pero no conocemos. Aquí hay casos muy distintos, puede que tu grupo de amigos no conciba un plan de fin de semana que no sea digno de ‘Resacón en Las Vegas’, o que entre tus conocidos haya una persona destructiva que no hace más que despreciar tus objetivos o, en el lado opuesto, el flipado o flipada de turno que te presiona intentando que hagas más, que comas mejor, que no es suficiente, que si te has pesado, que cuánto has podido levantar hoy en sentadilla… Hay gente que no solo no aporta, sino que resta. Esto vale para casi cualquier apartado de nuestra vida. Si el que resta es un hermano, el problema es más puñetero. Si quien resta desaparece simplemente pulsando ‘bloquear’ ¿a qué estás esperando?

Tampoco tienes muy claro el cuerpo que buscas

En muchas ocasiones tenemos claro la parte de nuestro cuerpo que no nos gusta, como si fuésemos un coche al que se le puede sustituir un trozo de carrocería por otra pieza nueva y reluciente. Tu cuerpo cambiará globalmente con el ejercicio y la dieta. Si solo buscas reducir ‘cartucheras’ o el típico michelín de la zona abdominal, igual lo consigues pero a costa de tener un aspecto tan delgado e insano que haya sido peor el remedio que la enfermedad. Tienes que ‘rellenar’ tu cuerpo con masa muscular conforme reduces el porcentaje de grasa. Y no, no, no, no, no, no se te va a poner cuerpo de culturista. Para eso hay que entrenar, comer, vivir y descansar solo por y para ello.

Echas la culpa a tu genética

La genética determina el tamaño y estructura de tus músculos y huesos pero no es la encargada de tomar el control de tu actitud frente a un entrenamiento o el escaparate de una pastelería. Existen desórdenes genéticos que pueden ser un problema enorme tanto en la pérdida como en la ganancia de peso, por eso hay médicos y no todo se desenvuelve en el ámbito del gimnasio. Si te rompes una pierna, vete al traumatólogo, no le pidas a tu entrenador que te baje las repes de la sentadilla.

Te obsesionan los kilos

Tu peso sufre oscilaciones constantes, no debes enloquecer todas las mañanas por los cambios en el número que aparece en la báscula. Además, los kilos por si solos no te están diciendo nada de tu composición corporal. Si quieres tener referencias reales de tus cambios físicos, mejor utilizar cinta de medir y ahora que el selfie está tan a mano, hazte fotos comparando tus cambios físicos en el tiempo.

Te están vendiendo que será fácil y rápido

Poco importa si en la publicidad de este o aquel método de entrenamiento o dieta milagro se incluyen testimonios de clientes o un logo que dice que está científicamente testado. Una transformación física sana lleva tiempo y esfuerzo. Si no lo asumes, empiezas mal y abandonarás.

Te comparas con el cuerpo de un atleta

Que tu cuerpo no tenga el aspecto de un campeón de CrossFit no quiere decir que estés mal. Es imposible ser copias exactas de nadie. Incluso si te fijas en la salida de una final de cien metros lisos verás que siendo todos fuertes hay diferencias físicas entre unos y otros y es normal, porque incluso con un mismo peso y un mismo porcentaje de grasa la estructura muscular de cada uno es diferente. Pero lo más importante de este punto no es tanto la estética sino el poner en perspectiva con lo que te estás comparando. Si puedes entrar en un concesionario de Ferrari y comprarte uno, desde luego vas a tener un coche con unas prestaciones de locura pero da igual el modelo que escojas, nunca va a ser como el que corre en Fórmula 1 y suponiendo que consiguieras tunear tu carrocería hasta que tu coche fuese idéntico, cuando probases uno al lado del otro saltarían todas las diferencias de golpe. El deporte profesional es otra realidad paralela, tenlo siempre en cuenta.

Los filtros de las cámaras y aplicaciones modernas, las poses estudiadas, las fotos sacadas en un momento de máximo definición y un sinfín de trucos más acaban generando una percepción de la realidad que nos hace creer que un cuerpo asombrosamente perfecto es algo a nuestro alcance y no es así. Es más, el precio a pagar por ello hace que la mayoría entienda que no merece la pena o desista en el intento, pero hay mucho terreno intermedio entre la perfección y abandonarse. Mejor buscar la perfección para quedarnos en el notable alto. Sigue siendo duro pero merece la pena. Mi recomendación es que lo intentes y que la fuerza te acompañe.

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