Coronavirus | ¿Por qué nos cuesta tanto concentrarnos en la cuarentena?

NOTICIAS DE INTERÉS Por Ana COHEN
Estamos dispersos, preocupados y demasiado alertas. El cuerpo quieto no ayuda. Aflojar con el celular parece imposible, pero sería saludable.
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Es difícil concentrarse y mantenerse activos durante el aislamiento por lo que algunos describen que "el cerebro ya no da para más", pero, ¿qué cambió en la forma de procesar las emociones y los pensamientos para que hacer casi cualquier cosa suponga un esfuerzo enorme? La respuesta está en dónde se está enfocando la atención y en el tipo de emociones que se sienten.

Desde hace seis semanas, la pandemia demanda toda la atención. Es decir, se le presta atención mientras se ven los informativos, pero también se mezcla con otras actividades diarias que no tienen que ver con las noticias.

“Nuestro foco de atención cambió. Tras lo que estamos viviendo y lo que nos espera, lo extraño sería que siguiera igual”, cuenta Ovidio Peñalver, psicólogo sanitario y psicoterapeuta. “Ahora estamos más pendientes de las noticias, las fases de la cuarentena, qué va a pasar con nuestros trabajos y cómo recuperar nuestras relaciones e intereses”, especifica.

Aunque no se tenga la sensación de estar todo el día pensando en lo mismo, estas preocupaciones permanecen latentes y hacen que la persona esté alerta.

“Tenemos múltiples preocupaciones que nos despistan y nos llevan a pensar en posibles problemas por venir: laborales, económicos, miedo a contagiarnos, posible rebrote, familiares contagiados o fallecidos”, agrega Peñalver. Este es uno de los factores que explica la dificultad para concentrarse en lo que se está haciendo en este momento: la atención está dividida entre la tarea que se quiere hacer y lo que pasa en el alrededor.

Las emociones que más influyen en la falta de concentración son aquellas que llevan a pensar en el pasado o el futuro, que “disocian del presente e impiden la atención plena lo que estamos haciendo ahora”, añade Peñalver.

Según explica el psicólogo, es habitual sentir tristeza y rabia por lo que pasó; añoranza, por lo que teníamos y que quizá no vuelva; y confusión, miedo y preocupación hacia lo que está por venir. Son sensaciones con las que hay que lidiar cada día mientras se intenta hacer una vida normal

Tener que vivir con estos pensamientos y emociones es agotador y puede desmotivar. “Estamos cansados. La mayoría estamos durmiendo peor y nuestro cerebro entró en una especie de hibernación, el cuerpo se pone a mínimos y nos sentimos con menos energía”, explica Elisa Sánchez, psicóloga laboral.

Sánchez opina que no tener una planificación de actividades fuera de casa también desmotiva e incluso la falta de aire fresco y luz solar hace que se reciba menos estimulación y “estemos aletargados”.

Otro aspecto más concreto que influye en la atención es que el tipo de actividades que se puede hacer dentro de casa es limitado y se recurre a hacer lo mismo durante mucho tiempo seguido.

Si antes se daba un atracón de series una vez a la semana, ahora sucede más seguido. “Hay personas que están consumiendo más contenido en streaming sin parar. Y el nivel de atención no es el mismo cuando llevás media hora que cuando llevas cuatro haciendo lo mismo. Baja considerablemente”, explica Sánchez.

Antes se sacaba tiempo para hacer estas cosas, ahora se ocupa todo el tiempo con ellas. “Hay poca variación, hacemos lo mismo, durante mucho tiempo y sin estímulos externos. Necesitamos dosis más pequeñas y variadas”, sugiere.

“Cuando podamos salir y estar con amigos, hacer ejercicio y recuperar algunas actividades que hacíamos antes, todo se va a ir regulando solo”, explica Sánchez. Pero, mientras tanto, hay algunas herramientas que se pueden utilizar.

“Además de aceptar esta situación, hay medidas que podemos tomar, como apagar o silenciar el celular en los momentos que necesitemos concentrarnos, practicar la relajación, hacer algo de ejercicio, tomar el aire o el sol (aunque sea desde la ventana o paseando cuando podamos) y comer de forma saludable y no en exceso”, recomienda el Peñalver.

Sánchez aconseja que hay que intentar hacer las cosas de una en una: “Evita agarrar el celular mientras ves una serie”, concreta. Y también variar y alternar los estímulos.

Es mejor ver tres capítulos en distintos momentos del día, intercalándolos con otras actividades, que ponerlos del tirón. “Y también descansar en algún momento, ¡que el cerebro no puede estar siempre atento!”, cierra.

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