Adicción al sexo: cuando el placer se vuelve imprescindible, excesivo y afecta otras áreas de la vida

SEXUALIDAD Por Camila MARTINEZ
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Michael Douglas, Lindsay Lohan, David Duchovny, Britney Spears, Charlie Sheen y Ozzy Osbourne son algunos de los famosos que convirtieron el placer en un problema. En alguna oportunidad, todos ellos confesaron ser adictos al sexo, lo que les generó problemas familiares, vinculares y profesionales.

 Pero ¿qué es la adicción al sexo y cuándo el placer pasa a ser preocupante? En el momento en que una conducta placentera como el sexo pasa a vivirse como una necesidad imperiosa, a convertirse en un comportamiento inevitable y deteriora las relaciones familiares, afectivas, sociales, económicas o laborales, entonces se habla de adicción al sexo.

El psicólogo Alejandro Schujman (M.N. 13.486), especialista en tratamiento de niños, adolescentes y familias, señaló al respecto: “Cualquier actividad que se vuelve imprescindible, y no porque cumpla los aspectos vitales en la vida de una persona sino porque empieza a ocupar un lugar preponderante en la mente, es motivo de preocupación”.

Schujman amplió: “Hay tres elementos que marcan un compromiso adictivo con una sustancia o actividad que son compulsión, tolerancia y abstinencia. Cuando el sexo empieza a dominar el escenario y la vida de una persona, es un problema, ya que interfiere en el normal desarrollo del resto de las actividades y se centra en el plano de los pensamientos obsesivos y compulsivos”.

En ese sentido, precisó que el sexo deja de ser placentero para pasar a ser un sufrimiento que se genera en la persona que padece una adicción por el placer. “También es cierto que en las últimas décadas hubo una sobreestimulación en el plano de lo erótico, lo cual también favorece a este tipo de adicciones. Cualquier actividad que apunta a la satisfacción inmediata es terreno fértil para cuando alguien está en situación de angustia. Muchas veces el frenesí sexual funciona como una cortina de humo ante los verdaderos problemas de las personas, es decir, desvía la atención a otra cosa”, aseveró.

Por su parte, el psicólogo y psicoanalista Daniel Fernández (M.N.: 41.671) dijo que, en principio, vale aclarar que no existe una regla exacta y precisa que determine con qué frecuencia se deben mantener relaciones sexuales.

“Existen personas, en pareja o no, que consideran que está bien con practicar el sexo una vez a la semana. Otras pueden mantener relaciones una vez al mes y no encontrar un problema en ello. Y existen también quienes prefieren y disfrutan de mantener relaciones sexuales todos los días. Es decir que la frecuencia sexual variará en cada individuo. Lo importante es que esa persona se sienta a gusto con la frecuencia que desea y que esto no le genere problemas en otras áreas de su vida”, aclaró.

Cuándo podemos hablar de adicción al sexo
El psicólogo especificó que se puede hablar de adicción al sexo cuando la persona parece “centrar su vida solamente en el deseo sexual, le urge satisfacerlo, no puede controlarlo, y esto empieza a generar un deterioro en otras áreas de su vida (laboral, social, etcétera)”.

Según comentó, es posible que la persona incluso se ausente de su trabajo o deje de ir a salidas con amigos porque quiere utilizar todo su tiempo posible manteniendo relaciones sexuales.

“En estos casos ya no se trata de la búsqueda del placer sino más bien de una descarga compulsiva, y la misma persona que tiene esta compulsión empieza a percibir que su deseo sexual es un problema. Así como para otros una adicción tiene por objeto el alcohol, el juego o substancias tóxicas, en estos casos hablamos de personas cuyo objeto-droga es la práctica sexual. Por lo tanto, padecen las mismas consecuencias que cualquier otro adicto. Al principio creen disfrutarlo, luego creen poder controlarlo y finalmente, se sienten esclavos de su compulsión y perciben cuánto los perjudica”, advirtió Fernández.

Sin embargo, la adicción al sexo no necesariamente está vinculada a la necesidad de estar con otra persona. También sucede lo mismo con la masturbación. Cuando ésta es excesiva, al punto de que deteriora la vida de una persona, también debe considerarse adictiva. En estos casos se habla de masturbación compulsiva.

Por último, concluyó: “Así como sucede con el resto de las adicciones es relevante descubrir, a partir de un tratamiento psicoterapéutico, cuál es el lugar que viene a ocupar en la vida de esa persona esa droga (en este caso el sexo). ¿Le sirve para evadirse de la realidad? ¿La persona inconscientemente está buscando boicotearse y perjudicar sus vínculos o sus actividades? ¿Qué angustia profunda está tratando de ocultar bajo su compulsión? La respuesta, desde luego, habrá de ser diferente en cada caso puesto que dependerá de la historia individual”.

Fuente: TN

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