El sistema nervioso podría poner en jaque el esfuerzo por quemar de calorías

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Ana COHEN
Mujer-caminando

Cada vez que nos proponemos hacer ejercicio para quemar calorías nos estamos enfrentando a una maquinaria que lleva preparándose por años. En primera, por genética y en segunda por el funcionamiento del cuerpo humano que existen mecanismos naturales que podrían poner en jaque los esfuerzos innecesarios y buscan siempre gastar lo mínimo de energía.

Cómo se comporta el cuerpo
Un equipo de investigadores de Canadá se ha dado a la tarea de investigar cómo funciona el cuerpo. Para intentar averiguarlo, analizaron la forma de andar de varias personas al desplazarse en una cinta de ejercicios. Todas llevaban un exoesqueleto que en ocasiones ofrecían resistencia al movimiento. Por ejemplo, al flexionar las rodillas obligan al sistema nervioso a recalcular los movimientos y buscar un nuevo paso para que sea más eficiente y, con ello, poder desplazarse mejor.

Lo que se descubrió, es que la gente cambia la forma habitual de caminar, incluyendo su paso característico que han establecido durante millones de pasos en toda su vida para ahorrar pequeñas cantidades de energía. Así que la mayoría de nosotros preferimos hacer cosas siguiendo la ley del mínimo esfuerzo, como cuando se elige el camino más corto para llegar a nuestro destino.

Los resultados con los oxoesqueletos muestran como ese sistema tarda apenas unos minutos para calcular el gasto energético y buscar un nuevo paso. Para poder ahorrar cantidades de energía, en ocasiones con menos del 5%. Así que andar requiere coordinar decenas de miles de unidades musculares motoras.

Existen dos razones básicas que explican estos resultados. Por un lado, nuestros genes siguen funcionando igual que cuando éramos cazadores y recolectores, cuando la energía mejora al máximo para poder correr detrás de las presas y no morir de hambre. Por eso nos cuesta mucho hacer ejercicio de forma voluntaria y nos resistimos, ya que estamos programados genéticamente para ahorrar el máximo de energía posible. A esta programación genética se sumaría otro mecanismo.

Este tipo de mecanismo se ve claramente en los deportes de resistencia. En estas pruebas los corredores se mueven sin levantar mucho las rodillas ni los muslos, buscando un mínimo de gasto energético, ya que deben guardar fuerzas para resistir toda la carrera. Durante esta larga prueba, el sistema nervioso más recalculando y adaptando el paso.

Todo esto llega a una conclusión, los humanos estamos hechos más para la eficiencia que para la potencia. Estamos adaptados al ejercicio de resistencia con un mínimo de gasto energético para resistir durante horas sin un acceso rápido a nutrientes. Somos el único mamífero que puede vivir con una mutación en el gen de la alfa actinina 3, lo que hace que nuestros músculos no expresen esa proteína y se contraigan más lentamente, pero gasten menos energía y sean más eficientes.

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