Alimentación saludable y actividad física, las claves para prevenir la enfermedad inflamatoria intestinal

POR UNA VIDA MÁS SALUDABLE Por Camila MARTINEZ
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Adoptar hábitos saludables como una alimentación balanceada, hacer ejercicio mínimo tres veces por semana y evitar el estrés son importantes para prevenir una de las enfermedades que afectan el tracto digestivo, como lo es la enfermedad inflamatoria intestinal, considerada una patología crónica que también puede afectar de forma psicológica.

La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) es el término que se utiliza para describir los distintos trastornos que presentan inflamación crónica en el tracto digestivo: la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn.

De acuerdo con Nadhykrishna Samayoa González, jefe de la Unidad de Gastroenterología, Hepatología y Endoscopia gastrointestinal del IGSS hospital de enfermedades y de CCMI Medical, esta enfermedad comenzó en los países industrializados porque los ciudadanos iniciaron malos hábitos como consumir demasiada comida rápida, eran sedentarios y sus niveles de estrés aumentaron. Luego, esas conductas fueron adoptadas en Latinoamérica, por lo que la enfermedad ha aumentado y cada vez más son los pacientes diagnosticados con EII.

¿De qué trata la EII?
“La enfermedad inflamatoria intestinal se caracteriza por la alteración del sistema inmunológico. Es decir, los glóbulos blancos producen anticuerpos que neutralizan la actividad de las bacterias, virus y hongos malos. Pero por alguna razón aún no definida, el sistema inmune se altera y produce anticuerpos que, en vez de atacar a las bacterias, virus y hongos, ataca a las propias células del cuerpo. Por lo que, en estas patologías en particular, se destruye el aparato digestivo”, explica Carlos Aliaga Dulanto, gerente médico de Johnson & Johnson para Centroamérica y el Caribe.

La colitis ulcerosa es una enfermedad que presenta inflamación y úlceras en el recubrimiento superficial del intestino grueso -colon- y en el recto. Mientras que la Enfermedad de Crohn se caracteriza por la inflamación del recubrimiento de tracto digestivo.

Aunque se trata de dos enfermedades distintas, que pertenecen al mismo conglomerado de patologías, no significa que una persona sea diagnosticada con ambas al mismo tiempo. En el caso de la Enfermedad de Crohn es más común que aparezca entre los 15 y 35 años, sino también a partir de los 65; mientras que la colitis ulcerosa es común entre los 15 y 35.

Ambas enfermedades generalmente presentan diarrea, sangre en las heces, cansancio, dolor abdominal, pérdida de peso y fiebre.

Colitis ulcerosa
La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria crónica del intestino grueso, en la que el revestimiento del colon se inflama y desarrolla pequeñas lesiones o úlceras, que causan sus principales síntomas como diarrea, sangre en las heces y dolor abdominal.

Puede clasificarse en leve, moderada o severa, de acuerdo con la frecuencia de deposiciones, presencia o no de sangrado rectal, espasmos, urgencia de ir al baño, así como de contracciones dolorosas en el recto.

“Estos factores tienen un impacto directo en la vida de los pacientes porque les provoca algunas dificultades para encontrar trabajo, ausentismo laboral por fatiga, citas médicas u hospitalización, miedo a estar en lugares públicos, así como la necesidad de cercanía a un baño y evitar hacer viajes”, señala Gastón Solano, gerente médico senior de Pfizer Centroamérica y Caribe.

Enfermedad de Crohn
Esta es una enfermedad crónica que causa inflamación en el tracto digestivo, que va desde la boca hasta el ano. En general afecta el intestino delgado y principio del intestino grueso. Entre sus síntomas destaca el dolor abdominal, diarreas, fiebre, pérdida de peso, hemorragia rectal, entre otros, aunque estos dependerán del área lesionada.

“La característica principal de la Enfermedad de Crohn es que afecta la mucosa, submucosa y toda la pared intestinal. Crea fístulas que pueden drenar el abdomen. Esta patología es más destructiva que la colitis ulcerosa, aunque ambas tienen un trastorno aberrante, que se manifiesta en inflamación crónica”, comenta Samayoa González.

Factores de riesgo
Cualquier persona puede sufrir esta enfermedad, sobre todo si no lleva una alimentación saludable, hace ejercicio y vive con demasiado estrés. “Los factores de riesgo son varios, pero uno de los más involucrados es la alteración del microbiota, de la flora intestinal. Esta se destruye por el consumo excesivo de alcohol, tabaco, comida rápida y medicamentos. Una vez se tenga el factor genético, con dichos hábitos, se puede generar el brote de la enfermedad”, opina Aliaga Dulanto.

 Tener el “factor genético” significa que la persona es propensa a sufrir la enfermedad inflamatoria intestinal cuando alguien de la familia también la tuvo. No en todos los casos se da en todas las generaciones, es decir, que, si la tuvo su papá, usted también la tendrá.

“No se da en todas las generaciones, se puede saltar algunas, pero usted sí podría tener estos cromosomas. Es decir que, quizá, usted tiene el gen dominante de la enfermedad, pero está dormido y no predomina, pero si usted tiene malos hábitos, lo puede despertar y se da el brote de la enfermedad”, explica el especialista.

Para Samayoa González la enfermedad inflamatoria intestinal sí se puede prevenir con hábitos como hacer ejercicio al menos tres veces por semana, liberar el estrés y llevar una alimentación saludable, lo más natural que se pueda. Además de esta patología también se podrán prevenir otras enfermedades crónicas.

Medicina preventiva
Es importante aclarar que no todo trastorno digestivo es sinónimo de esta enfermedad. Es decir, que si un día tiene hinchado el intestino significa que sufre de Enfermedad Inflamatoria Intestinal. Sin embargo, los especialistas hacen un llamado para se evite la práctica de ir al médico cuando los padecimientos -de cualquier enfermedad- son ya muy fuertes.

Lo ideal es acudir al médico cuando se tienen las primeras molestias de cualquier patología, de esta forma se logrará un diagnóstico temprano, lo cual asegura un mejor tratamiento.

 
“Estamos acostumbrados a que si nos da diarrea pensamos que son parásitos o si tengo dolor abdominal es porque tengo intestino irritable, entonces nos automedicamos. Pero muchos pacientes con esta enfermedad tienen una larga data de tratamientos para diarreas y dolores abdominales, pero ninguno los curó, solo los calmó y vienen al médico cuando ya no saben qué hacer, y ahí la enfermedad ya avanzó”, expone Samayoa González.

Diagnóstico y tratamiento
La prueba por excelencia para el diagnóstico es una endoscopia, con la que se hace una biopsia y la muestra se envía a un estudio patológico en el que se determinan las características del tejido intestinal y así saber si se trata de Enfermedad Inflamatoria Intestinal.

Luego, se toman en cuenta criterios clínicos, inmunológicos, radiológicos, con los cuales se orienta a la enfermedad y la confirman.

Hoy en día en Guatemala existen tratamientos de primera clase que ayudan a controlar la enfermedad, sin embargo, todavía no existe una cura. Por ello la importancia de la prevención y del diagnóstico temprano.

Estilo de vida saludable
Una vez que la persona ha sido diagnosticada, los síntomas pueden disminuir si mantiene una dieta balanceada y las recomendaciones del médico especialista. En el caso de la alimentación, no existe un plan igual para todos, porque debe efectuarse de acuerdo con la sintomatología y la parte afectada del intestino.

Algunos consejos que se pueden aplicar cuando se tiene un rebrote de la enfermedad son:

Evite los alimentos con preservantes y precocinados.
Limite el consumo de edulcorantes artificiales, ya que pueden causar o incrementar la probabilidad de sufrir diarreas.
Reduzca la ingesta de grasas, ya que aumentan el movimiento de los intestinos y cólicos.
Coma en pequeñas raciones, pero regularmente. Las porciones pequeñas suelen digerirse mejor.
Si es intolerante a la lactosa, evite consumir productos de esta índole, ya que puede tener diarrea, náuseas y hasta dolor abdominal.
Limite los alimentos con alto contenido en fibra. Si no los quiere eliminar de la dieta, puede cocinarlos antes de comerlos.
No consuma alimentos irritantes como el café, chile o comidas con muchos condimentos.
Reduzca los azúcares simples. Pueden aumentar la probabilidad que aparezca la diarrea o que el paciente la padezca.
Evite comer alimentos que provocan gases como la coliflor, el brócoli y las bebidas gaseosas.
No consuma los alimentos ni muy fríos ni muy calientes.

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