Entender cómo funciona el cerebro es clave para un mejor aprendizaje

SALUD Por Carola LEVI
Existen estrategias didácticas que responden mejor a las necesidades de los chicos de hoy.
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Aprender y memorizar significa hacer asociaciones de eventos que producen cambios en las neuronas y sus contactos con otras en redes que se extienden a lo largo de muchas áreas del cerebro. Cuando el contexto es cognitivamente estimulante, el cerebro produce respuestas más complejas, ya que intenta desafiar las propuestas ambientales más exigentes.

Aprender sobre los procesos de aprendizaje del cerebro ayuda a realizar una mejor labor de enseñanza con los chicos. Los cambios constantes en innovación que hay en el mundo nos deben proponer interrogantes tanto a madres y padres como a educadores:, ¿Qué tipo de educación les debemos dar a nuestros hijos? ¿Tendrá sentido escoger una carrera universitaria? ¿Cómo preparar a las próximas generaciones para el mundo que está por venir?

Estos interrogantes nos llevan a pensar en espacios de redefinición de la educación. Ya hay varios especialistas que desarrollaron trabajos de investigación en relación a las estrategias didácticas que mejor responden a las necesidades de los chicos de hoy.

El mejor escenario de aprendizaje tiene algunas pautas que cumplir, que están directamente relacionados con la forma en que funciona nuestro cerebro para aprender. Los espacios para aprender deben desarrollar:

Riqueza de estímulos.
Juego.
Exploración.
Tolerancia al error.
Desafíos.
Trabajo colaborativo.

Cuando el profesional de la educación presenta la propuesta pedagógica con una mirada clara sobre qué debe estimular y de qué modo, entendiendo los procesos naturales que permiten codificar la información en nuestro cerebro, se genera una sinergia que producirá el verdadero aprendizaje.

Un aprendizaje efectivo generará una experiencia única y con impacto en la salud física y mental del alumnado. Eso, si va de la mano de un ambiente emocionalmente seguro, donde el contacto con los desafíos cognitivos se fusionen con sus propias vivencias y hechos emocionales.

Tener ciertas habilidades para aprender y un buen desarrollo neurobiológico son los pilares que permiten procesar la información, pero eso no alcanza para garantizar el éxito escolar. Como mencioné antes, el contexto estimulante y su riqueza va a depender en gran medida de las estrategias didácticas apropiadas para lograr ese aprendizaje.

La formación de profesionales de la educación debería contar con espacios como seminarios o talleres o asignaturas en las que se enseñen las premisas didácticas desde una mirada científica, basada en el desarrollo de habilidades cognitivas básicas para el progreso del aprendizaje.

Como ejemplo, tenemos el desarrollo de la lectura en el cerebro. El sistema para leer no es innato. Su localización y constitución en la mente sólo se producirá si la persona es expuesta explícitamente a una instrucción formal, donde explore y combine los sonidos de las letras (fonemas) para aprender a manipularlos y traducirlos al código escrito (grafemas). Se hace a través de la enseñanza, con una didáctica que contemple la estimulación de las áreas del lenguaje, la conciencia fonológica y las áreas visuales con el ejercicio de reconocimiento de las letras.

Pero esto no alcanza si no hay un contacto directo con espacios lúdicos, con textos que los inviten a imaginar y a asociar sus vivencias y conocimiento del mundo. Así se activarán los procesos de comprensión y, finalmente, se desarrollará la habilidad de leer. ¡Pero no es magia! Siempre se requiere que haya una intención pedagógica. Si está mediada por conocimiento de cómo aprende el cerebro, será más efectivo el proceso.

Los profesionales de la educación tenemos una enorme responsabilidad, sobre todo en etapas tempranas, de capacitarnos en esta línea didáctica que puede favorecer a nuestros alumnos. El cerebro es un órgano, como otros, pero su sistema de funcionamiento requiere de ciertas condiciones. Si se tienen en cuenta a la hora de enseñar, pueden potenciar significativamente los aprendizajes:

Conocer cuáles son los procesos cognitivos que hay que estimular en cada habilidad. Ejemplo: lectura, escritura, matemática, regulación de conducta y atención, memoria y funciones ejecutivas.
La frecuencia y duración de las propuestas. No pueden ser muy largas, deben tener tiempos de descanso, oxigenación e hidratación. Tener en cuenta el buen descanso y la alimentación.
La sistematicidad y repetición (secuencias complejizadas de actividades). Son fundamentales ya que el cerebro es “vago” si no lo “tentamos” con un desafío cognitivo, que lo “invite” a desarrollar una nueva conexión neuronal. Para guardar la información en el sistema de la memoria, hay que repetirlo y procurar que el chico se vuelva a encontrar con él.
Generar motivación. Activa el sistema de atención para que se acceda al sistema de la memoria. Lo que se incorpora al cerebro de una manera innovadora consigue abrir la llave de esa experiencia para producir el tan esperado pasaje a la memoria a largo plazo.

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