El mito de los edulcorantes, ¿son de verdad buenos sustitutos del azúcar?

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Julia VOSCO
Un total de 19 edulcorantes artificiales están aprobados por la UE. Pueden aparecer en los productos alimenticios sin que nos percatemos de ello
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¡Ay, el dulce! Venerado por niños y mayores, sinónimo de amor y amabilidad, compañero de postres, bebidas, «snacks» y hasta platos principales, ¿por qué nos atrae tanto? En realidad es un tema físico que tiene que ver con respuestas cerebrales primitivas: mientras que lo amargo se asocia a una posible toxicidad, lo dulce se identifica como energético y eso, cuando la comida no era tan fácil de conseguir y era un bien precioso. En estos tiempos, sin embargo, en los que disponemos de multitud de olores y sabores seguimos adorando el sabor dulce y lo hacemos además con nuevos condicionantes. Si hace miles de años lo tomábamos de forma más bien esporádica y normalmente combinado con fibra -como es el caso de la fruta, por ejemplo-, hoy en día el consumo de dulce es casi constante.

El azúcarestá presente en la mayoría de productos que compramos en el supermercado, en algunos casos de forma casi oculta, y ya no viene acompañado de los beneficios que tenía en su forma natural. Todos conocemos marcas que, con intereses «poco honestos» intentan cultivar esta respuesta innata del cuerpo con productos (que no alimentos) que noson mejores para nuestra supervivencia por ser más dulces, sino más bien al contrario.

Con las recientes investigaciones científicas, cada vez más fidedignas y sólidas, que muestran que un exceso de azúcar refinado es perjudicial para el ser humano, somos más y más conscientes de que necesitamos hacer algo al respecto. Según un estudio reciente de Natruly, un 74,5% de los consumidores comprueba la cantidad de azúcares que contienen los productos que va a comprar (es algo que tenemos muy en cuenta, por encima de la importancia que damos a la cantidad de grasas saturadas o calorías). Reconocerlo es un importante paso para la salud y la de las próximas generaciones pero, de nuevo, no siempre basta.

Cada vez encontramos en el mercado más y más productos que pueden presumir de «0% azúcares» o «sin azúcar añadido» pero sin renunciar al sabor dulce. ¿Cómo se consigue? Además del azúcar tradicional hay otros edulcorantes en el mercado a los que los usuarios no prestamos tanta atención o no consideramos tan malos y que, sin embargo, deberíamos empezar a vigilar. Por lo pronto, existe la muy extendida creencia de que, mientras el azúcar engorda, los edulcorantes no (el 60% está convencido de esto), y al mismo tiempo, son muchos también los que consideran que son más sanos que el azúcar. Esto, aunque es cierto en algunos casos, no siempre es así.

Qué son los edulcorantes
Empecemos por establecer cuáles son esos «edulcorantes» (recordemos que el azúcar y la miel también lo son, aunque naturales, ya que se considera edulcorante a todo lo que aporta sabor dulce a un alimento que de otro modo no lo tiene), ¿los reconoceríamos en una lista de ingredientes? La mayoría reconoce solamente la sacarina, aunque cada vez es más habitual que «nos suenen» otros como el esteviol o el aspartamo que no dejan de ser, en sí mismos, aditivos artificiales que se incorporan al alimento y por tanto, no tan saludables. También está el muy frecuente pero poco conocido maltitol (presente en gran cantidad de productos procesados de consumo habitual).

Junto a opciones más o menos naturales y más o menos procesadas, hay hasta 19 edulcorantes artificiales que están aprobados por la UE, y que, por tanto, pueden aparecer en los productos sin que nos percatemos de ello.

No son azúcares refinados y podemos pensar que con ellos estamos totalmente a salvo pero, sin embargo, hay estudios que demuestran que no son completamente inocuos: en dosis más grandes pueden provocarnos algún desequilibrio en nuestro cuerpo o hacernos engordar, porque se produce el «efecto suma» que nos puede llevar a superar las dosis diarias recomendadas (¿crees que es sano tomar diez refrescos light, por ejemplo?).

Cuando tomamos dulce, el cerebro lo detecta y desencadena una serie de procesos, como una producción de insulina excesiva, para intentar contrarrestar el supuesto pico de azúcar en sangre. A la larga se ha demostrado que esto puede generar desarreglos intestinales, efectos rebotes, aumento de peso y hasta problemas de diabetes. Muchos estudios apuntan también a que aumenta los riesgos de padecer enfermedades de corazón e hipertensión.

A todo esto hay que añadir el perjuicio que supone ya de por sí el hecho de que los edulcorantes artificiales no dejan de ser elementos no orgánicos que consumimos y que entran a formar parte de nuestro cuerpo, que si es orgánico.

Afortunadamente sí que hay en el mercado alternativas de productos que pueden saciar las ganas de dulce de manera natural sin resultar perjudiciales, como la fibra de achicoria, que se usa como añadido saludable para aportar ese sabor dulce a chocolates y cremas (además de ayudar a la relajación y facilitar la función intestinal) y que es un ingrediente natural. A diferencia de otros componentes naturales, sus bondades no se limitan al hecho de no ser artificial, sino que, además, es un probiótico que en el colón se convierte en alimento para nuestras bacterias intestinales y que nos aporta beneficios para la salud (mejorar la digestión de los alimentos, previene la inflamación intestinal, baja los niveles de triglicéridos...) y, además, nos aporta el sabor dulce.

En cualquier caso, y como siempre en lo que respecta a la alimentación, lo mejor que podemos hacer es vigilar su presencia y estar al tanto de lo que consumimos, porque estos edulcorantes están más presentes de lo que pensamos (incluso en algunos productos que consideramos «salados» como los embutidos). Y ante la duda, siempre elige lo natural.

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