Barbijos y coronavirus: es más importante el ajuste que la tela

SALUD Por Julia VOSCO
Una investigación indica que la forma de colocarlas es más decisiva que el material con el que están fabricadas.
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El barbijo es el complemento estrella de la pandemia de coronavirus. Al comienzo, las autoridades sanitarias no recomendaban su uso, en parte, porque no se podía garantizar el suministro a todos los ciudadanos y la prioridad era para el personal de salud. Así fue como llegaron los caseros y, con el correr de los meses, muchos negocios empezaron a ofrecerlos, de mayor a menor protección, según el material con el que estuvieran fabricados.

En Europa, hay algunos países que prohibieron el empleo de las mascarillas no médicas en espacios públicos (como Alemania o Francia), por no ofrecer suficientes garantías, teniendo en cuenta lo que se sabe hoy de la transmisión del virus y ante la circulación de variantes más contagiosas, como la de Sudáfrica, la de Manaos o la británica.

En este contexto, un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) estudió la efectividad de los tapabocas N95-KN95, FFP2, quirúrgicos y de tela y llegó a la conclusión que el ajuste de los barbijos es más determinante que el material con el que estén hechos.

Según el trabajo británico, publicado en la revista PLOS ONE, los barbijos que supuestamente garantizan una mayor protección, como los FFPS o las KN95, tienen la misma eficacia que los caseros si no se ajustan bien al rostro. Por otro lado, se indicó que las pequeñas diferencias faciales, como la grasa debajo de la piel, la forma de la nariz o una barba, tienen un impacto significativo en ese ajuste de las mascarillas.

El trabajo contó con siete participantes que evaluaron primero las máscaras N95 y KN95 realizando una verificación de ajuste, de acuerdo con las pautas del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido. Luego, llevaron a cabo pruebas de sellado cuantitativas, para medir la concentración de partículas dentro y fuera del barbijo de ese tipo, y también de los quirúrgicos y los de tela.

El estudio fue pequeño, pero arrojó conclusiones que los investigadores creen que pueden ayudar a mejorar el formato de los tapabocas y la forma de utilizarlos. Un buen sellado entre el barbijo y la cara del usuario permite que los aerosoles y gotas no se filtren por la parte superior y por los lados. Es por eso que es más importante ese ajuste que la tela con la que se fabrica la mascarilla.

“Para ofrecer una protección respiratoria adecuada para el usuario, una mascarilla no sólo debe estar hecha de material de alta filtración y baja resistencia, sino que también debe ajustarse al usuario”, destacaron en las conclusiones. Es decir, que sin un sellado adecuado, el valor del material que supuestamente brinda mayor protección disminuye significativamente.

Eso se comprobó con aquellos barbijos que son de mayor calidad. “Cuando se logró el ajuste, las mascarillas N95 filtraron más del 95% de las partículas en el aire y ofrecieron una protección superior. Mal ajustadas, ofrecían una gama de protección en algunos casos comparable con las máscaras quirúrgicas y de tela”, indicaron los investigadores en el estudio.

Otro detalle en el que repararon los investigadores británicos es que a muchos de los usuarios les costó identificar visual y manualmente cuándo su tapabocas estaba bien o mal ajustado. Algunos de los problemas con el sellado sólo se detectaron cuando el participante se involucró en una variedad de actividades mientras un observador inspeccionaba la máscara.

Los rasgos faciales, otro inconveniente
El trabajo también arrojó que un mismo modelo de máscara no se adapta a la mayoría de la población. El barbijo de mayor sellado que examinaron, el N95, se ajustó sólo a tres de los siete participantes.

Los investigadores observaron que los tapabocas con bridas más anchas y flexibles en el borde se adaptaron mejor a los rostros. Pero, aún así, éstas tampoco se ajustaron a todos los participantes.

El estudio mostró que pequeñas diferencias como una nariz un centímetro más ancha o mejillas más prominentes pueden influenciar el ajuste de un tapabocas. Además, el vello facial incipiente y las barbas reducen el ajuste en las máscaras KN95 pero no en las quirúrgicas o de tela. Por ello, la solución sería disponer de diferentes tipos de barbijos en el mercado.

“Tener una amplia variedad de modelos y tamaños de mascarillas almacenados es fundamental, ya que no se puede asumir que un modelo cuida a la mayoría de los usuarios. Para la protección civil, ningún tipo de máscara resultó superior a otro. Es probable que esto se deba al mal ajuste de las opciones disponibles. La investigación adicional debe centrarse en mejorar el ajuste de las opciones de alta filtración, como KN95 y máscaras quirúrgicas, para aprovechar los beneficios potenciales que ofrecen los materiales con los que se fabrican dichas máscaras”, detallaron los británicos.

Eso sí, el estudio se centró en analizar solo la protección que ofrecen estos barbijos en las personas que los usan. Es por eso que expresaron que, en sus futuros trabajos, van a estudiar cómo estos tapabocas sirven como barrera y protegen a las otras personas del contagio.

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