Celiaquía, sensibilidad al gluten y alergia no es lo mismo: aclaremos conceptos

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Sandra Palacios
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Hoy es frecuente tratar pacientes en consulta que describen diversos problemas digestivos tras haber ingerido gluten y que piensan que sufren celiaquía (a la que comúnmente se le la ha denominado intolerancia al gluten), pero la realidad es que ni la celiaquía, ni la sensibilidad al gluten ni la alergia son lo mismo. Te cuento las diferencias:

La sensibilidad al gluten podemos decir que es una patología de nuevo diagnóstico en la que aún dado negativas las pruebas de alergia al gluten y de celiaquía el paciente mejora su salud cuando se elimina de la dieta el gluten y por otra parte empeora cuando lo consume.

 La sintomatología va desde dolor abdominal, diarreas recurrentes, estreñimiento, dolores de cabeza, problemas en la piel, fatiga, náuseas y vómitos, distensión abdominal a dolor en las extremidades.

En estos casos el diagnóstico es muy complicado porque puede llegar a confundirse con la enfermedad celíaca y se calcula que un 10% de la población española la padece y el 90% lo desconoce.

 La celiaquía o enfermedad celíaca se trata de una enfermedad autoinmunitaria (a la gliadina del gluten) que se caracteriza por una intolerancia crónica al gluten  y en la que se produce una lesión de la mucosa intestinal (se produce una atrofia en las vellosidades) que causa una malabsorción de nutrientes y que desemboca en distintos problemas de salud.

Su sintomatología se caracteriza por diarreas y estreñimiento crónicos, náuseas y vómitos, anemia y debilidad, dolores de cabeza, erupciones cutáneas, hinchazón abdominal, fracturas espontáneas y daño del esmalte dental.

El diagnóstico, tras conocer los síntomas del paciente se puede hacer por pruebas serológicas, pruebas genéticas o mediante una biopsia intestinal.

En los últimos años se han detectado más casos pero no por un aumento en la enfermedad sino por un mejor diagnóstico.

 La alergia al trigo es muy fácil de confundir con la celiaquía, sin embargo se trata de cuando nuestro sistema considera un alimento como “maligno” y desencadena una respuesta inmunológica inmediata que va desde un simple sarpullido a un choque anafiláctico, de ahí su gravedad.

También pueden aparecer dolor abdominal, vómitos, sangrado digestivo, problemas respiratorios, edema, dermatitis,urticaria, conjuntivitis.

Por lo que si sufres alguna de esta sintomatología es de vital importancia que acudas al médico para un adecuado (y temprano) diagnóstico. Recuerda que es muy fácil confundir unas con otras y la personalización del tratamiento y de tu alimentación es fundamental para la restauración de tu salud. 

Fuente: abc

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