Desmotivación en el trabajo: te equivocas al culpar a tu jefe o a tu empresa

NOTICIAS DE INTERÉS Por Raquel ALCOLEA
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«Si sabes lo que vales, ve y consigue lo que mereces... Pero tendrás que soportar los golpes». La frase pertenece a la conversación que el personaje cinematográfico Rocky Balboa (interpretado por Silvester Stallone) mantiene con su hijo durante la sexta entrega de la saga del boxeador. En ella el joven se lamenta de los problemas y la presión que sufre por llevar el apellido Balboa, mientras que Rocky contesta poniendo el foco que deje de culpar a los demás de las limitaciones que se ha autoimpuesto.

El parlamento completo de Rocky figura en cientos de textos relacionados con la motivación pues el mensaje que transmite es potente: conecta con nuestra propia responsabilidad en la consecución o no de nuestros logros.

 Tal como explica la psicóloga Teresa Terol, a menudo resulta más cómodo quejarse y culpar a los demás de lo que no nos va bien que romper el miedo o la resistencia al cambio y salir de nuestra zona de confort. «Si crees que no te dan la proyección que mereces en tu trabajo, si estás convencido de que no tienes ni los recursos ni los medios necesarios para crecer, tal vez sea el momento de que uses herramientas de asertividad para propiciar un cambio. No se trata de pelear con la empresa, se trata de transmitir necesidades. Ser asertivos es intentar crear equipo con la empresa», argumenta Terol.

La psicóloga destaca que, en contra de la creencia popular, lo más frecuente es que los directivos de una empresa apuesten por retener el talento y eso hace que, aunque a menudo se descarter esa posibilidad, en realidad sí que sea posible negociar algunas cosas. Sin embargo la psicóloga matiza que debemos tener en cuenta la llamada «dicotomía del control» pues en todo contexto hay cosas que dependen de nosotros y cosas que no. Así, una vez que un trabajador tiene claro que quiere quedarse en la empresa ha de atreverse a negociar . Puede que no sea posible lograr cambios radicales, pero sí que que se pueden conseguir pequeñas concesiones que hagan la vida laboral más interesante.

Estrategias de automotivación
Para ello nos propone como disparador del cambio la frase del escritor francés Marcel Proust: «Nada cambia, si nada cambia. Yo cambio, todo cambia». La psicóloga aconseja, por tanto, ser conscientes del coste de la inacción: «Cuando no hacemos el esfuerzo de cambiar, estamos pagando un precio altísimo porque nos sentimos apáticos, tristes y desmotivados. Tenemos que hacer pequeñas acciones que rompan con la inercia y con las dinámicas que nos hacen sentirnos así».

Una de esas acciones de cambio, según propone, consiste en adoptar una actitud proactiva:«El cambio cuesta, no nos lo van a regalar. Romper la inercia implica hacer y dar antes que pedir: '¿Qué te parece si hago esto?', 'Se me ha ocurrido que podemos probar con esto otro'... Pregúntate qué te gustaría proponer a tu jefe o al equipo para que tu trabajo te resulte más motivador y más creativo, piensa fuera de la caja, investiga qué funciones podrías desempeñar que te resulten interesantes, descubre cómo puedes cooperar con otros departamentos y plantea la necesidad de organizar dinámicas de equipo», plantea Terol.

También puede resultar motivador contribuir a mejorar el ambiente laboral. La psicóloga afirma en este sentido que somos seres sociales y que tener una buena relación con los compañeros resulta más enriquecedor de lo que creemos.«Tal vez no sea posible cobrar más, ni cambiar de departamento ni lograr una reducción de la carga de trabajo, pero sí que puede estar en tu mano hacer lo posible por crear lazos y vínculos sanos con la gente con la que pasas muchas horas al día en el trabajo. Saluda, sonríe, pregunta, escucha, interésate por los demás, no vayas siempre pensando en soltar tu rollo. ¿No te apetece tomarte un café con tus compañeros? ¿No tienes interés por saber qué tal han pasado la noche o cómo fue su fin de semana? ¿Y si haces un esfuerzo? Si lo haces es probable que también veas un cambio en los demás. Intenta encontrarte con ellos fuera del trabajo y conocerles mejor, en otro contexto», recomienda. La clave está en que, tal como destaca la experta, crear un buen ambiente beneficia más de lo que creemos pues propiciar esos lazos ayuda a crear equipo y a generar la empatía necesaria para que, en algún momento, puedas negociar esos cambios que necesitas para aumentar la motivación laboral.

Otra de las cosas que podemos hacer para aumentar la motivación es apostar por la formación. «Fórmate, interésate por saber más y por actualizar lo que sabes. Cuando seas mejor, cuando estés más formado tal vez tengas más argumentos para solicitar un aumento de sueldo, un ascenso, un cambio de departamento o un reconocimiento específico», apunta Terol.

El esfuerzo sí que importa
Uno de los mensajes que a menudo se lanza a la sociedad en el contexto actual y que afecta especialmente a los trabajadores más jóvenes, según opina Terol, es que esforzarse no merece la pena y que, hagamos lo que hagamos siempre habrá alguien que nos adelante o que consiga más que nosotros por una o por otra ventaja o circunstancia. Y a lo que suele llevar eso es a pensar: «Entonces, ¿para qué me voy a esforzar? ¿de qué me sirve?». Según explica la psicóloga, esta es una argumentación errónea que se centra en lo que no depende de nosotros y eso tiene una consecuencia poco constructiva: «Cuando ponemos el foco en lo que nos falta tenemos una mentalidad de escasez y lo único claro es que si nos esforzamos llegaremos más lejos y conseguiremos más que si no nos esforzamos. Lo importante es eso y no pensar si podré llegar más o menos lejos que el de al lado. Si no te esfuerzas, simplemente llegarás menos lejos de lo que realmente puedes».

La clave para cambiar esa mentalidad de escasez a una mentalidad de abundancia consiste, según revela Terol, en vivir desde la admiración, no desde la envidia; desde el afán de superación y no desde la autocrítica o la crítica constante, pues solo así podremos enriquecernos y aprender de los otros.

Y por último la psicóloga nos invita a recordar que nuestra mente no funciona como si cada área de la vida fueran parcelas divididas. Por eos propone cuidar y cultivar nuestra globalidad, es decir, no descuidar nuestras relaciones personales, vida social, aficiones, actividades de ocio... «Si te enfocas en ti, en sentirte bien y en estar a gusto contigo mismo, todo fluirá. Intenta encontrar la calma pues cuando nos encontramos bien a nivel global, somos más creativos y encontramos mejores soluciones a todo lo que nos pasa», explica.

El descanso y la espera potencian la creatividad
«Sin pedir permiso el 'hacer' se ha instaurado en nuestro día a día y parece que el descanso no tiene ni voz ni voto en la sociedad en la que vivimos. Pero lo más revelador es cuando nos damos cuenta de que la pausa es la que nos permite hacer con menos tiempo, más disfrute y más creatividad.

Nos encontramos delante de un reto doble: reflexionar sobré qué entendemos como descanso y qué creencias tenemos al respecto y conseguir crear y cultivar el hábito de la pausa.

Es normal que no nos sintamos a gusto descansando si lo que recibimos de nuestro entorno es que debemos ser productivos, trabajar más de lo que podemos asumir para ser exitosos y no perder ni un segundo porque, si no, nos quedamos desfasados. Revisar qué nos han enseñado y qué vemos, sentimos y escuchamos a diario nos permite decidir si eso nos limita o nos expande y, en consecuencia, cambiarlo.

Además, existe una base científica validada por los neurocientíficos que confirman que el cerebro en reposo no es, para nada, improductivo y que, cuando desconectamos y nos permitimos una pausa, le damos espacio al subconsciente para que siga trabajando.

Para crear un nuevo hábito se necesita motivación y paciencia y la mejor fórmula es encontrar los grandes beneficios que nos aportará a largo plazo.

La creatividad es una herramienta que no solamente nos hace más productivos e innovadores, sino que nos acompaña a vivir la vida con asombro, desde muchas perspectivas, y a sentir la presencia de cada momento y no que la semana pasa volando sin darnos cuenta.

Muy conectado con la falta de descanso, existe la incapacidad de saber esperar. Porque parece que nos hace perder el tiempo, rompemos con aquello que teníamos planificado y perdemos el control de nuestro tiempo. Pero ¿y si aprovechamos estos espacios para, precisamente, descansar? ¿Para observar y dejarnos nutrir por lo que tenemos cerca o nos emociona? De esta manera estaremos recogiendo más información de la que creemos y que digerirá, más tarde, nuestro subconsciente.

Descansar no significa necesariamente irnos tres meses de vacaciones o trabajar 1 hora al día. Se trata de encontrar el equilibrio que cada uno necesita, empezando con pequeños actos que nos acerquen a ese hábito que deseamos. Una meditación diaria, la realización de un hobby, una caminata matutina, un café con lectura, una siesta, una comida saludable… Todos podemos encontrar cada día pequeños momentos de pausa y descanso, pero sobre todo deben romper con lo que estábamos haciendo y si cambiamos de espacio mucho mejor. Más novedad para los sentidos y más oportunidades de mejorar nuestra creatividad.

Un estilo de vida que promueve la calma activa une todo lo anterior para sentirnos en plenitud, disfrutando de cada momento y equilibrando nuestra vida personal y profesional.»

Valga como cierre este maravillosa frase de Alex Soojung-Kim Pang: «Cuando nos definimos por nuestro trabajo, dedicación, efectividad y disposición a hacer más de la cuenta, es fácil ver el descanso como la negación de todas estas cosas. Si tu trabajo es tu ser, cuando dejar de trabajar dejas de existir. Descansa».

Fuente: abc

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