Los cinco argumentos científicos para convencer a los que siguen desconfiando de las vacunas contra el coronavirus

SALUD Por Ivana ALFARO
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En la Argentina, ya se administraron más de 9 millones de vacunas. Sin embargo, aún hay personas con factores de riesgo que no se registraron para recibirla. La reticencia de quienes se niegan a vacunarse podría retrasar los esfuerzos globales para conseguir inmunidad de grupo. Los encuestados que señalaron niveles más altos de confianza en la información brindada por fuentes gubernamentales tienen más probabilidades de aceptar una vacuna, afirmó un estudio publicado en Nature Medicine. Mitos, prejuicios y geopolítica alimentan los argumentos más frecuentes entre los que desconfían sobre la seguridad de las vacunas. Esterilidad, cambios en el ADN y otras similares son afirmaciones que suelen aparecer en Internet, por ejemplo.

La decisión de aceptar la vacuna o rechazarla es totalmente personal y depende única y exclusivamente de cada individuo, pero debe ser tomada con datos en la mano y siguiendo las recomendaciones de los expertos en la materia. Desde Con Bienestar, consultamos con Raúl Ruvinsky (M.N. 20.373), infectólogo pediatra, exjefe del Departamento Materno Infantil del Hospital Durand, sobre los argumentos más contundentes que nos acerca la ciencia a favor de la vacunación contra el coronavirus:

1. Es la política de salud pública más eficaz
Las vacunas son un objetivo de seguridad pública que junto al agua potable y al saneamiento ambiental previenen enfermedades y reducen muertes. Las vacunas contra el COVID-19 son instrumentos fundamentales para ayudar a controlar la pandemia si se combinan con pruebas efectivas y con las medidas de prevención existentes. Según la Organización Mundial de la Salud, desarrollar una vacuna segura y eficaz lleva tiempo, pero gracias a la inversión sin precedentes en investigación y desarrollo y a la cooperación global, los científicos pudieron desarrollar varias vacunas contra el COVID-19 en un tiempo récord, sin dejar de mantener una normativa sólida, basada en la evidencia y rigurosos estándares.

2. Los efectos secundarios graves apenas existieron
Todos los medicamentos tienen efectos secundarios, pero sus beneficios son muy superiores a los riesgos que se asumen. Desde el comienzo de la vacunación, los fallecimientos en residencias de adultos mayores se redujeron drásticamente. Las vacunas son las terapias más seguras y los posibles riesgos de las vacunas son poco probables. En la Argentina, la vigilancia de los efectos adversos registró que en el 98% fueron leves. Los expertos aseguran que si ante una primera dosis no hubo reacción, el riesgo de sufrir algún tipo de efecto secundario con la segunda dosis es mínimo.

3. Todas las vacunas contra el coronavirus que se aplican en la Argentina son seguras
Las tres vacunas contra el coronavirus disponibles en el país y autorizadas por la ANMAT y el Ministerio de Salud son la Sputnik V, la de AstraZeneca/Oxford y la Sinopharm. Todas son seguras y eficaces contra el coronavirus. El recorrido de una nueva vacuna desde el laboratorio hasta ser aplicada en la población por lo general suele ser prolongado, pero en esta pandemia, la inversión de miles de millones y el esfuerzo de la comunidad científica no tiene precedentes. Todas las fases se respetan, pero ante esta emergencia se aceleran. Participan investigadores, laboratorios farmacéuticos, profesionales médicos y los entes reguladores de cada país. A escala mundial, la OMS coordina distintos organismos técnicos independientes que examinan la seguridad de las vacunas antes e incluso después de su distribución.

4. Las vacunas que usan ARNm NO modifican el ADN
A muchos, la similitud entre ARN y ADN les provoca confusión, en especial porque ambos términos tienen que ver con genética, pero que están lejos de ser lo mismo. Nuestra información genética está en el ADN, y la de algunos virus, como el SARS-CoV-2, está en el ARN. El punto es que los humanos también tenemos ARN, que se trata de una copia no idéntica de nuestro ADN en el núcleo de las células, que será utilizada para la elaboración de proteínas. Para decirlo de otra forma: el ADN se vale del ARN para la síntesis proteica.

Los virus usan esta maquinaria para multiplicarse en nuestras células. Sin embargo, nuestro organismo reconoce a los intrusos por su proteína Spike y forma anticuerpos y células T para defenderse. El objetivo de la vacuna es desencadenar esta respuesta inmune sin que el virus SARS-CoV-2 ingrese al cuerpo. Por ello, vacunas como la de BioNTech o la de Moderna inoculan un pequeño fragmento viral, el ARN mensajero con las instrucciones para la elaboración de la proteína Spike. Ésta se ensambla en las células tras la vacunación y hace que el organismo reaccione, formando anticuerpos. Pero ningún ARN, ni el nuestro ni el del virus, accede al núcleo de la célula ni puede modificarla.

5. Las vacunas protegen ante todas las variantes
El virus va modificándose porque necesita de la maquinaria de cada una de las personas para reproducirse. Hoy, la vacuna tiene un impacto importantísimo porque cubre las cepas que originalmente circularon y, más allá de estas pequeñas variables genéticas, protege al resto del genoma de estas variables que pueden ser las causantes de estas nuevas corrientes de circulación y de cambio de grupo etario. Las cepas más novedosas están en estudio, pero de ninguna manera esto anula la necesidad de vacunación.

“Esta nueva situación epidemiológica refuerza la idea de seguir con las medidas de protección aún para los que recibieron esquema completo: uso adecuado de barbijo que proteja boca y nariz, anteojos que eviten riesgo de penetración vía conjuntival del virus, distanciamiento de dos metros entre personas y evitar lugares cerrados poco ventilados”, repasa Ruvinsky.

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