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Pensamos que comemos bien, pero en realidad no lo hacemos

POR UNA VIDA MÁS SALUDABLE Rosario CALVO
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¿Tenemos claro lo que significa comer bien?

Los cambios que se han producido en nuestro estilo de vida, ya sea por el incremento del ritmo laboral o la transformación en las estructuras familiares, han tenido consecuencias directas sobre nuestra alimentación. Si a esto le sumamos la subida de precios en la cesta de la compra, el problema se hace todavía más grande.

 Una mala alimentación puede traer consigo diferentes tipos de enfermedades, como las cardiovasculares, diabetes  y cáncer, muy relacionado con los hábitos de vida poco saludables.

El nutricionista Juan Revenga indica los tres factores que debemos tener en cuenta para entender lo que es una alimentación saludable: «Debe incluir vegetales de temporada, así como carnes y pescados frescos; ausencia de ultraprocesados; y el elemento de unión entre ambos que es la cocina».

Y es que los ultraprocesados son nuestra principal amenaza. Este estudio muestra que el 64% de los productos que encontramos en las grandes superficies pertenecen a esta categoría. Este puede ser uno de los motivos por el que hasta un tercio de las calorías que se consumen en las dietas proceden de este tipo de comestibles.

Consejos para una alimentación saludable
Para reducir en la medida de lo posible estos factores, Juan Revenga recomienda incorporar estos hábitos saludables:

1. Incluir, al menos, cinco porciones de frutas, verduras u hortalizas al día. «Una buena forma de lograr este objetivo es incorporar una ración de alimentos vegetales en la comida, la cena y los postres. De esta forma ya se ingieren cuatro de las cinco raciones recomendadas», señala el nutricionista.

2. Reducir los ultraprocesados. Son productos ricos en azúcares y con niveles excesivos de energía, grasas poco saludables y sal. La consigna es: cuanto menos, mejor.

3. Cocinar en casa. Preparar lo que se come es un factor decisivo para mantener unos buenos hábitos alimenticios, pero solo sirve si se hace con alimentos frescos. Y recuerda: cocinar no es calentar, hornear, freír o añadir agua a platos precocinados.

4. Involucrar a los hijos en la cocina, de esta forma podrás trasladar estos buenos hábitos a las futuras generaciones.

Fuente: abc

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