Ayuno intermitente: ¿la panacea para la pérdida de peso o una dieta peligrosa?

DIETAS Por Jesus Allende
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El boom de las dietas de ayuno intermitente, fogoneadas en las redes sociales por celebridades como la actriz Jennifer Aniston o influencers, proponen una rápida pérdida de peso y una mejora en el metabolismo. La idea implica reducir la ingesta de alimentos y calorías en determinados momentos del día en rangos de seis, ocho y hasta 12 horas. En esos períodos no se deben ingerir alimentos y solo se puede intercalar con líquidos como el agua, los jugos o las bebidas calientes.

La tendencia suma adeptos, pero a la vez enciende alarmas por su impacto en la salud: los especialistas refieren que los beneficios se están investigando todavía y que la evidencia recabada hasta el momento responde a estudios realizados solo a corto plazo, con mediciones menores a las 24 semanas.

“El ayuno intermitente está referido a patrones de alimentación. Se basa en consumir muy poco o ninguna caloría durante un período de tiempo que puede ser de horas a días, pero con un patrón determinado. Es una práctica inspirada en los ayunos religiosos”, dice Susana Gutt, médica especialista en nutrición y asociada del Hospital Italiano de Buenos Aires.

Diversas investigaciones se abocaron a estudiar las prácticas religiosas del cristianismo, islam y judaismo cuyos fieles no ingieren alimentos en épocas determinadas como la Semana Santa, el Ramadán y el Día del Perdón, respectivamente. Esos estudios intentaron determinar lo que sucede en el metabolismo de las personas que los realizan.

“Algunos reducen proteína animal, otros reducen alimentos refinados, otros promueven dietas de frutas y verduras y otros promueven dietas de polvos proteicos. Además del tiempo, los ayunos intermitentes se refieren también a la composición de la dieta en el período que se come”, dice Gutt.

La especialista refiere que la obesidad y la diabetes son dos enfermedades que tienen como mecanismo fisiopatológico la insulino resistencia. Este tipo de dietas, según los estudios medidos en el corto plazo, mostraron una mejora en la sensibilidad a la insulina, la glucemia y el peso. Con respecto de las grasas señalaron que mejora mucho el perfil lipídico, reduce los triglicéridos y el colesterol. En cuanto a la baja del riesgo cardiovascular todavía no hay pruebas que lo demuestren en estudios realizadas en humanos.

Sin embargo, Gutt advierte de los problemas y riesgos de la dieta intermitente. “El gran problema es la adherencia. Son dietas difíciles de sostener en el tiempo. En los estudios grandes no hay mucha adherencia a estas dietas”, dice. Por otro lado recomienda que los que decidan practicar la dieta lo hagan siempre con acompañamiento médico y profesional por los posibles efectos adversos del ayuno.

Entre los principales perjuicios para la salud que puede generar la práctica se encuentran las náuseas, la constipación por alteración del tránsito intestinal y algunas personas llegan a padecer diarrea. El ayuno también produce cefaleas, mareos y hasta decaimiento. “Otro efecto es la boca seca, porque se pierde mucha agua al suprimir los hidratos de carbono. Hay tener en cuenta que la hidratación para el cuerpo es muy importante. En las dietas que no son prolijas en proteínas, hidratos de carbono y grasas van a producir un déficit nutricional especialmente de micronutrientes, vitaminas y minerales”, dice Gutt.

Y agrega: “En las personas que tienen un trastorno alimentario se puede agravar severamente y traer desórdenes. Hay que ver muy bien a quién se le da esta dieta, cuándo y cómo es el seguimiento médico. En los diabéticos puede mejorar la glucemia, pero hay que tener mucho cuidado con los medicamentos para la diabetes que van a tener que adecuarse a la dieta porque existe riesgo de generar una hipoglucemia”.

Variedades de ayuno intermitente y la posibilidad de realizar actividad física
Según la especialista, existen tres tipos de ayunos intermitentes. El primero es la “alimentación con una restricción de tiempo”. En ese caso, la persona realiza una dieta de muy bajo valor calórico dos días a la semana y come libremente los otros cinco. Puede elegir que los días de ayuno sean consecutivos o no.

Después está el “ayuno de días alternos”. El paciente ayuna un día en el que come hasta el 25% de las calorías que necesita su cuerpo y no más y lo va alternando con un día de alimentación libre que se conoce como “día de fiesta”. Gutt refiere que este tipo de alternancia entre un día de ayuno y otro de alimentación sin control no es adecuado desde el punto de vista de la salud alimentaria y la nutrición.

La tercera variante es el “ayuno periódico”. Allí, la persona establece una dieta en la que define en la semana qué días son de ayuno y cuáles no. Los puede dividir en cinco y dos, cuatro y tres o seis y uno, en los que hace una dieta líquida muy restringida en calorías y después hace un día de ayuno o dos en los que toma agua y polvos proteicos nada más.

Otro aspecto a destacar es la posibilidad de realizar actividad física en estos períodos. Gutt refiere que cuando se hace el ayuno una o dos veces por semana, esos días no se recomienda hacer ejercicio. Pero si el ayuno es en horas del día, por ejemplo una persona que ayuna 18 horas y come dentro de las seis horas restantes, es recomendable que la actividad se realice dentro de las horas de las comidas o muy cerca de ellas y no cuando ya entró al ayuno.

Fuente: lanacion

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