



Presente en casi todas las cocinas del mundo, el vinagre blanco se ha consolidado como un producto versátil, tanto en la gastronomía como en la limpieza del hogar. Pero más allá de su utilidad culinaria y doméstica, este líquido de sabor ácido comienza a ser considerado por algunos sectores científicos como un posible aliado para la salud, siempre que se consuma con moderación.


El componente activo principal del vinagre blanco es el ácido acético, sustancia a la que se le atribuyen diversos efectos positivos en el organismo. Según el portal especializado Healthline, los beneficios pueden obtenerse al incorporar pequeñas cantidades de vinagre en aderezos, salsas o alimentos encurtidos, como los pepinillos.
Un uso milenario con respaldo limitado
Aunque las investigaciones modernas aún no han llegado a conclusiones definitivas, el uso medicinal del vinagre no es nuevo. De acuerdo con la Harvard T.H. Chan School of Public Health, documentos antiguos de China, Oriente Medio y Grecia ya registraban el empleo del vinagre como digestivo, desinfectante y remedio para afecciones respiratorias.
Actualmente, su uso se ha expandido como tratamiento alternativo para problemas tanto leves como crónicos, aunque los estudios clínicos a gran escala siguen siendo escasos.
Posibles beneficios para el metabolismo y la salud cardiovascular
Entre los efectos más mencionados se encuentra su influencia en el control de la glucosa. Healthline señala que ciertos estudios han detectado una reducción en los niveles de azúcar en sangre cuando el vinagre se consume junto a las comidas, así como una regulación de los niveles de insulina.
También se han explorado sus efectos sobre el peso corporal. Algunos ensayos sugieren que el vinagre puede incrementar la sensación de saciedad y retardar el vaciamiento gástrico, lo que ayudaría a evitar el consumo excesivo de alimentos.
Además, una invetsigación resaltó su potencial para disminuir la presión arterial y mejorar el perfil lipídico, al aumentar el colesterol “bueno” (HDL) y reducir el “malo” (LDL).
Efecto antimicrobiano y usos no alimentarios
Otro aspecto relevante es su capacidad antimicrobiana, que ha sido utilizada históricamente para tratar infecciones cutáneas, quemaduras leves y hasta infecciones de oído. En el ámbito doméstico, un estudio se destaca su utilidad como desinfectante no tóxico para superficies, utensilios de cocina o incluso cepillos dentales.
A pesar de los posibles beneficios, expertos insisten en que el consumo de vinagre debe ser moderado. Su sabor fuerte y su acidez pueden provocar efectos adversos si se ingiere directamente o en grandes cantidades, como dolor estomacal, irritación del esófago o daño al esmalte dental, advierte Livestrong.
Asimismo, se recomienda consultar con un profesional de la salud antes de incorporar el vinagre como suplemento habitual en la dieta, especialmente en personas con condiciones preexistentes.
Otros tipos de vinagre con propiedades similares
Aunque este artículo se centra en el vinagre blanco, existen otras variedades con beneficios reconocidos, como el vinagre de manzana, el balsámico y el vinagre de arroz, este último muy utilizado en la cocina asiática.
El vinagre blanco, más allá de su uso en la cocina y la limpieza, podría desempeñar un papel complementario en el cuidado de la salud. Sin embargo, aún se requieren más estudios científicos rigurosos para confirmar sus efectos y establecer dosis seguras. Como en muchos aspectos de la nutrición, la clave parece estar en el equilibrio y el buen juicio.
Aunque los efectos positivos del vinagre blanco generan interés tanto en el ámbito científico como entre quienes buscan alternativas naturales para el bienestar, es fundamental recordar que no existe un remedio universal.
El vinagre no sustituye tratamientos médicos ni hábitos saludables como una alimentación balanceada o la actividad física regular. Su incorporación debe ser parte de una estrategia integral y consciente de salud, no una solución milagrosa.
Fuente: Infobae

