Dejar de comer grasa provoca este pésimo efecto en tu cerebro

POR UNA VIDA MÁS SALUDABLE Raquel ALCOLEA
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El cerebro consume el 25% del gasto energético diario por lo que la alimentación es fundamental para conservar su salud. Pero la cuestión es que las grasas forman parte de la nutrición cerebral, ya que repercuten en la síntesis de neurotransmisores esenciales para mantener el equilibrio mental y la función intelectual. Por eso las Dras. Mar Mira y Sofía Ruiz del Cueto, fundadoras de la clínica Mira+Cueto, aseguran que cuando se retira la grasa de la dieta de forma radical, la salud puede ser más vulnerable. «Tendremos más predisposición a padecer enfermedades cardiovasculares (dislipemias, hipertensión arterial, síndrome metabólico…) e incluso mentales (alteraciones del estado de ánimo, humor, comportamiento y déficit cognitivo)», explican.

Las grasas son macronutrientes esenciales que desempeñan funciones vitales y forman parte de otras moléculas importantes. No solo no son malas, sino que son esenciales para nuestra existencia. Por un lado, constituyen la reserva energética más importante del organismo, ya que aportan 9 kilocalorías por gramo (Kcal/g), pero además transportan las vitaminas liposolubles (A, D, E y K) hasta las células para contribuir a su absorción y forman parte de hormonas. También desarrollan funciones fisiológicas, inmunológicas y estructurales. Así, según explican las expertas de Mira+Cueto participan en reacciones esenciales como mensajeros intracelulares, o sea, sirven como moléculas señalizadoras para las células, activando por ejemplo la liberación de hormonas, o la liberación de calcio para la contracción muscular, y muchas otras reacciones vitales en cuerpo humano.

Asimismo las grasas forman un grupo de moléculas esenciales para la vida, que se llaman prostaglandinas, que influyen y actúan sobre diferentes sistemas del organismo, incluyendo el sistema nervioso, el tejido liso, la sangre y el sistema reproductor. Igualmente juegan un papel importante en regular diversas funciones como la presión sanguínea, la coagulación de la sangre, la respuesta inflamatoria alérgica y la actividad del aparato digestivo.

No todas las grasas son iguales
Lo que sí es cierto, según matizan las Dras. Mira y Cueto, es que cuando hacen referencia a la importancia de no retirar las grasas de nuestro día a día no se refieren a todas las grasas, sino a aquellas que son saludables, es decir, las insaturadas, tanto poliinsaturadas como monoinsaturadas, pues estas son las que realmente tienen propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y cardioprotectoras.

Las grasas son macronutrientes esenciales que desempeñan funciones vitales y forman parte de otras moléculas importantes. No solo no son malas, sino que son esenciales para nuestra existencia. Por un lado, constituyen la reserva energética más importante del organismo, ya que aportan 9 kilocalorías por gramo (Kcal/g), pero además transportan las vitaminas liposolubles (A, D, E y K) hasta las células para contribuir a su absorción y forman parte de hormonas. También desarrollan funciones fisiológicas, inmunológicas y estructurales. Así, según explican las expertas de Mira+Cueto participan en reacciones esenciales como mensajeros intracelulares, o sea, sirven como moléculas señalizadoras para las células, activando por ejemplo la liberación de hormonas, o la liberación de calcio para la contracción muscular, y muchas otras reacciones vitales en cuerpo humano.

 
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No todas las grasas son iguales
Lo que sí es cierto, según matizan las Dras. Mira y Cueto, es que cuando hacen referencia a la importancia de no retirar las grasas de nuestro día a día no se refieren a todas las grasas, sino a aquellas que son saludables, es decir, las insaturadas, tanto poliinsaturadas como monoinsaturadas, pues estas son las que realmente tienen propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y cardioprotectoras.

 
Las grasas monoinsaturadas (Omega 9) son encontradas en el aceite de oliva, las olivas, el aguacate, nueces, el sésamo, etc. Su efecto protector radica se hace por aumentar los niveles del llamado «colesterol bueno» o HDL, que tiene un efecto protector frente a enfermedades cardiovasculares.

Las grasas poliinsaturadas (Omega 3/ácidos linolénicos y Omega 6/ácidos linoleicos) son nutrientes esenciales, es decir, es necesario aportarlos en la dieta porque nuestro organismo no los puede fabricar endógenamente y también tienen un efecto antiinflamatorio, antioxidante y cardio protector. Los alimentos ricos en Omega 3 destacan por su poder antiinflamatorio y antioxidante y, además, provocan cierta disminución de los triglicéridos en sangre, mientras que los ácidos grasos de la serie Omega 6 actúan en tu organismo reduciendo los niveles de colesterol total en sangre, tanto el «bueno» (HDL) como el «malo» (LDL), por lo que su exceso en la alimentación no es deseable.

Encontramos grasas poliinsaturadas en la mayoría de pescado azul -salmón, atún, bonito, sardinas, boquerones, en semillas oleaginosas -chía, lino y sésamo-, en algunos frutos secos como las nueces, las almendras y las avellanas, en las pipas de girasol y en los aceites de cártamo, girasol, maíz y soja. Y, por supuesto, que se debe incluir en una dieta equilibrada la ingesta de grasa buena. Al menos un 30%.

También son interesantes los aportes de grasa de los lácteos (mantequilla, queso, leche..), si bien las grasas más valoradas por los nutricionistas son las de los alimentos que contienen ácidos grasos esenciales omega 3, presente especialmente en el pescado azul (especialmente salmón, sardina, atún, anchoas, caballa...etc).

Cabe destacar que, según apuntan las expertas, el défitit de este tipo de grasas se relaciona con trastornos del estado de ánimo, déficit cognitivo e incluso mayor incidencia de depresión. Igualmente intervienen en funciones de órganos como la vista, el cerebro, la piel y el corazón y también en la salud digestiva, pues algunas grasas contienen nutrientes que influyen en el equilibrio de la microbiota.

¿Cuáles son las grasas malas?
Las que sí que se deben evitar son las denominadas grasas malas o poco saludables (algunas grasas saturadas, hidrogenadas y grasas trans), que son los tipos de ácidos grasos que tienen efecto inflamatorio y oxidativo en el cuerpo pues, en líneas generales, contribuyen a aumentar los niveles de colesterol y el riesgo a padecer enfermedades cardiovasculares y metabólicas o incluso cáncer.

Los ácidos grasos saturados (AGS) generalmente provienen de origen animal y son sólidas a temperatura ambiente, mientras que las grasas hidrogenadas se crean mediante un proceso químico que convierte a los aceites vegetales líquidos en grasas semisólidas o sólidas a temperatura ambiente. La hidrogenación a veces convierte a los aceites en lo que se denominan grasas trans, una transformación especialmente no saludable que se convirtió en un ingrediente muy utilizado para la producción de bollería industrial, aperitivos envasados, productos precocidos o precocinados, margarinas en barra, grasa alimentaria y comidas rápidas.

La trampa del 0% de materia grasa
Este mensaje de «0% de materia grasa» suele utilizarse como un reclamo publicitario en muchos productos (desde yogures hasta galletas pasando incluso por embutidos). Pero en realidad es una estrategia de marketing que no tiene nada que ver con el hecho de que ese alimento sea más saludable. De hecho, lo más frecuente es que esos productos incluyan una cantidad extra de azúcar (recuerda que existen muchas maneras de llamar al azúcar y no siempre aparece con ese término) o de otros aditivos para aumentar su palatabilidad. Es algo que se puede identificar fácilmente en la etiqueta de los alimentos, revisando la lista de ingredientes y también la tabla nutricional.

En conclusión, las grasas saludables son fundamentales para el funcionamiento del cerebro y aliadas en la lucha contra enfermedades cardiovasculares y la regulación del peso.

Fuente: ABC

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