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Día Mundial de la Bicicleta: cuáles son los beneficios para la salud del rodado que cuida al planeta

POR UNA VIDA MÁS SALUDABLE Julia VOSCO
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Este sábado 3 de junio es el Día Mundial de la Bicicleta, una efeméride avalada en 2018 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Según el organismo, esta jornada “llama la atención sobre los beneficios de usar la bicicleta, un medio de transporte simple, asequible, limpio y ambientalmente sostenible”.

En ese sentido, esta actividad deportiva “tiene grandes bondades para la salud, ya que puede reducir el riesgo de contraer enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, ciertos tipos de cáncer, diabetes e incluso la muerte”.

En esa sintonía, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), ofrecer una infraestructura segura para las actividades físicas, como andar en bicicleta, “es el camino para alcanzar una mayor equidad en materia de salud. Para los sectores urbanos más pobres, que no pueden permitirse vehículos propios, ir a pie o en bicicleta se puede convertir en su medio de transporte. La mejora del transporte activo (caminar, montar en bicicleta o usar el transporte público) no es por tanto solo una cuestión de salud: puede suponer una mayor equidad y eficacia en cuanto a los costes también”.

Para moverse por la ciudad, para hacer ejercicio o bien para divertirse con amigos, andar en este rodado es una actividad frecuentemente elegida por los seres humanos de todas las edades.

En diálogo con Infobae, el médico deportólogo y cardiólogo Jorge Franchella, quien es director del Consejo de Cardiología del Ejercicio de la Sociedad Argentina de Cardiología, destacó: “La bicicleta constituye uno de los elementos más interesantes para salir del sedentarismo, porque no debemos soportar nuestro propio peso. Por lo tanto, las personas excedidas de peso van a encontrar en este ejercicio una oportunidad de empezar a hacer actividad de manera más liviana y con menos esfuerzo”.

“Cuando estamos utilizando la bici para ir a trabajar resulta un mecanismo cómodo, práctico y útil -amplió Franchella-. Habitualmente, pasear en bici hace que debamos recorrer 100 metros en unos 20 o 30 segundos y, si aumentamos la intensidad, se pueden hacer recorridos más exigentes. Eso demanda una actividad cardiovascular mayor.

Según Franchella, “hay que saber cuál es la intensidad adecuada de cada persona para lograr una exigencia aeróbica, es decir, que es lo suficientemente intensa pero nos permite utilizar todo nuestro sistema de oxigeno y que podamos respirar con la boca cerrada, por la nariz que calienta el aire y lo humidifica, para tener una respiración normal. Asimismo, la bici tiene que tener una altura para que la pierna no llegue a extenderse totalmente al pedalear: eso sería lo más saludable y adecuado en el movimiento de caderas, rodillas y tobillos”.

En tanto, el médico cardiólogo Mario Boskis (MN 74002), miembro titular de la Sociedad Argentina de Cardiología, le dijo a Infobae: “El ciclismo, como todo ejercicio aeróbico en el que se usan grandes grupos musculares, ayuda a disminuir la frecuencia cardiaca y la presión arterial. Si a eso se le agrega que mejora el colesterol malo, conocido como HDL, ayuda a mantener un peso corporal razonable, facilita la regulación de la glucemia y libera endorfinas que reducen el estrés. Todo esto, sin duda, genera un combo perfecto que explica el efecto benéfico sobre las arterias y la disminución encontrada en el numero de Infartos o ACV’s de los que practican este hábito saludable. En ese sentido, varios estudios científicos muestran que el ciclismo es una herramienta eficaz para prevenir la enfermedad cardiovascular”.

Por su parte, el psicólogo Alexis Alderete (MP 85367), especialista en trastornos de Ansiedad y entrenamiento de habilidades, apuntó: “Los beneficios psicológicos de andar en bicicleta se pueden visibilizar en los aspectos emocionales, cognitivos y sociales. Puede ser una forma de escape del estrés diario, que va a permitir conectarnos con la naturaleza, disfrutar del aire libre. Además, se pueden experimentar momentos de calma y tranquilidad, lo que ayuda a reducir la ansiedad y promover una sensación de bienestar general”.

Para Alderete, cuando andamos en bicicleta “el cuerpo libera endorfinas, que se conocen como las hormonas de la felicidad, que pueden mejorar el estado de ánimo. En tanto, mejora la función cognitiva y la concentración: el ejercicio cardiovascular aumenta el flujo sanguíneo hacia el cerebro, lo que puede favorecer el funcionamiento mental y la capacidad de atención”.

“Si se realiza por la mañana antes de comenzar el día laboral -siguió el psicólogo-, andar en bicicleta puede ser beneficioso para arrancar con una mayor energía y un sentido de logro de que hicimos una actividad placentera para nosotros. Si la realizamos por la tarde, ayuda a que liberemos las tensiones que fuimos acumulando durante el día y aumenta la producción de neurotransmisores relacionados con el bienestar, como la serotonina y la dopamina”.

Asimismo, si este hábito se realiza de forma grupal, “las interacciones sociales pueden aumentar el sentido de pertenencia, proporcionar apoyo emocional y brindar oportunidades para establecer conexiones significativas a largo plazo”, cerró Alderete.

Otro profesional consultado por Infobae fue el psicólogo deportivo Pablo Sucarrat, quien se desempeñó en clubes de fútbol como Colón de Santa Fe, Rosario Central y Vélez Sarsfield. “Para aquellos deportistas que se suben a la bici diariamente, los beneficios son la regulación arterial, ya que previene hasta un 50% de los ataques cardíacos; el desarrollo muscular; la salud mental, porque pedalear al aire libre ayuda a combatir el estrés; y el cuidado del medioambiente, ya que es una actividad que no contamina”, destacó Sucarrat.

A su turno, Ricardo Antonowicz, psicoanalista especializado en deportes y docente, le dijo a Infobae: “Andar en bicicleta es algo que se aprende, y lo logramos con cierto equilibrio. No se puede hacer ese equilibrio sin estar en movimiento. Como modo de diversión para las personas, la bicicleta nos aporta la posibilidad de reunirnos con amigos. Compartir esto produce la posibilidad de andar sin un ritmo o un rumbo fijo, podemos ir descubriendo lugares, charlando y evitar, así, el estrés. Además, hay un beneficio en los músculos y en los huesos, y mejora la salud mental”.

Para Antonowicz, en el hecho de andar en bicicleta se ejercita, también, la memoria, con un beneficio no menor, que es la formación de recuerdos. “En el recuerdo de la persona perduran cuál fue su primera bicicleta o quien le enseñó a andar, por ejemplo”, dijo el especialista.

Y sumó: “Esta actividad fortalece la concentración. Para andar en bicicleta necesitás cierta atención. Asimismo, en el cuerpo hay muchos factores que salen beneficiados y son importantes, porque baja la presión arterial, se favorece la pérdida de peso y se fortalecen los músculos. Además evitamos el estrés que produce, por caso, la ciudad y el transporte público, especialmente en los trabajadores que se mueven en bicicleta”.

Finalmente, la psicóloga Sol Buscio (MN 71610) reflexionó: “Cuando andamos en bicicleta reducimos el estrés y aliviamos el malestar a nivel psíquico porque esta actividad nos permite correr el foco de atención. Además, nos hace salir a la naturaleza y conectar con el entorno público. Entonces, si estamos sobrepasados de estímulos o de carga laboral y emocional, al andar en bici focalizamos solo en eso y nos corremos de aquellas actividades que nos generan malestar”.

“Muchas personas recurren a esta actividad como un contacto social con otras personas que comparten el gusto por la bicicleta. Ahí el beneficio es doble: se acercan a fomentar los espacios de descarga de la cotidianidad y hay una pertenencia a un grupo. Poder lograr un momento de desconexión como este en una actividad de disfrute que me permite conectar con otras personas va a reducir el estrés, el autocuidado y el bienestar”, cerró Buscio.

Fuente: Infobae

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