No existen tratamientos milagrosos: los peligros de las terapias no convencionales o sin evidencia científica

ALIMENTACIÓN Y SALUD Julia VOSCO
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En medicina siempre ha existido una vía oficial, que es la aceptada en círculos académicos. De manera complementaria, hay un universo de abordajes que entran en lo que conocemos como tratamientos no convencionales.

De la misma manera que ocurre en diversas áreas; como la política, la justicia y la religión: la medicina oficial está siendo más y más cuestionada de manera directa o indirecta en muchos casos por caer en los mismos errores que esas otras áreas.

En este contexto y al igual que estas, las alternativas aparecen como opciones superadoras. Sin embargo los riesgos de una postura en la que todo posicionamiento oficial debe ser cuestionado, presenta en el campo de la salud riesgos serios, que son minimizados peligrosamente.

Escuchamos aquí o en cualquier parte del mundo, el discurso de un político e indefectiblemente, más allá del contenido, una ola de cuestionamientos y muchas veces críticas ácidas surgen en los medios y en redes.

Participa un experto en un área técnica o científica y sorprendentemente, personas en base a información que han recolectado de lugares de dudosa procedencia, reciclada, en su sentido más estricto, discutirán o criticarán al que se especializó y es referente en el tema.

Con el advenimiento de internet, luego la Wikipedia, los sitios o redes de información “reservados” o “confidenciales”, entre otros, hacen que todos seamos médicos expertos o inclusive especialistas, pero los consensos de sociedades científicas o los reales expertos, que en su área trabajan en silencio, son cuestionados.

Este cuestionamiento, sin embargo, no es uno científico o filosófico, es decir que busca construir, sino es cuestionado por uno que niega, y que sin aportar elementos o experticia de prueba, instala otro alternativo con rango de certeza.

La tendencia a cuestionar todo
Quizás desde el apogeo del postmodernismo, pero acentuándose en la actualidad, existe una corriente social en la que todo conocimiento y especialmente toda autoridad o estructura oficial debe ser cuestionada de manera absoluta y eso es en realidad una virtud o capacidad en sí misma.

Así vemos, por ejemplo, que en la política existen críticas y movimientos de todo tipo desde replanteos de extrema izquierda o derecha, pero que se caracterizan por presentar como factor común central el oponerse a la postura oficial.

Esto se traslada a las diversas áreas en las que se cuestiona todo como principio, que si bien desde el campo teórico filosófico es una metodología válida, en la vida que necesita de ordenamientos sociales estables, política, seguridad, justicia, salud, presenta una serie de dificultades, al emplearse con elemento aislado y acotado en sí mismo.

El cuestionamiento se transforma así en nihilismo. Por hablar de historia contemporánea, desde el Mayo Frances (1968) se hicieron evidentes consignas que si bien hoy evolucionaron a otras formas, conservan el espíritu en el cual la transgresión de la norma es virtud: “Prohibido prohibir. La libertad comienza por una prohibición”. “Un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre”. “Seamos realistas, exijamos lo imposible”, son algunas de las proclamas de esa época y que ilustran la tendencia.

Es cierto que esta desconfianza y cuestionamiento, surge también por la toma de posturas rígidas, cuando no absolutistas, por parte de quienes detentan el control de los organismos e instituciones que determinan esos lineamientos oficiales.

Así, en épocas de la pandemia las aseveraciones de cálculos matemáticos, que ya habían probado su fracaso en la anterior (por virus H1N1), eran repetidas como dogma de fe, algunos aseguraban que moriría un 20 % de la población en algunos países, y otros ensayaban explicaciones insólitas y absolutamente anticientíficas, como se probaría en innumerable cantidad de trabajos en ese momento y actuales.

Es de agradecer y felicitar por la valentía moral, intelectual y ética respecto a la información que tuvo Infobae al permitir que expusiéramos esta visión, aún en momentos muy complejos.

Un fenómeno similar ha ocurrido y ocurre con “la justicia” o en “la política” desde más larga data. El entrecomillado es que se intenta establecer un universal uniforme en áreas que presentan una gran diversidad.

Algunos ejemplos
En el caso de la salud, el fenómeno no ocurre solo con supuestos tratamientos que prometen curas milagrosas, sino con compuestos o procedimientos que si bien están en estudio no han pasado todas las pruebas necesarias, o inclusive con tratamientos con cierta experiencia en una enfermedad pero que rápidamente la trasladan a otras. Muy frecuentemente expresan una supuesta aclaración con fines comerciales, que son víctimas de la “industria de la salud” y por eso no son usados, ya que de hacerlo desaparecería tal tratamiento, el oficial. Y lo oficial en el espíritu que señalábamos es malo.

Es evidente que las áreas, como todo modelo de negocios, en el que la demanda o la urgencia es mayor, serán los más abordados. Así el dolor crónico de cualquier origen, las adicciones, las patologías psiquiátricas, diferentes formas de cáncer, o patologías terminales son las más abordadas por este tipo de propuestas de tratamiento.

Al mismo tiempo desde hace unos años las terapias antienvejecimiento (anti-age), o de “potenciación”, cognitiva, sexual, vital en general, también reciben un fuerte impulso de las terapias alternativas, las no convencionales o simplemente terapias no adecuadas.

No pueden explicar el mecanismo de acción, pero demuestran teóricamente su éxito con testimonios de casos individuales o el “boca en boca”. Su atractivo reside en esas palabras muy amplias (regenerativo, potenciador, etc.) que podrían ser el imaginario aplicable a cualquier condición.

Es odioso y parcial mencionar alguna de estas prácticas, pero ¿qué médico que transitó los primeros años del HIV-SIDA, no ha tenido la dolorosa experiencia de pacientes que abandonaban tratamientos que demostraban empíricamente actuar de manera positiva, para usar un líquido milagroso? El mismo producto y similares también se propusieron como protector y potenciador biológico absoluto frente a cualquier problema, casi una forma de escudo mágico, en los comienzos de la pandemia de COVID, y sin embargo representaba un riesgo de toxicidad evidente.

Aún antes de la pandemia recibíamos consultas o simplemente nos notificaban en el curso de la psicoterapia y tratamiento psiquiátrico de pacientes con cáncer de algún tipo, que habían abandonado la quimioterapia o el tratamiento indicado por profesionales especializados, usando el mismo producto mágico o similares.

Quizás un riesgo no considerado y por ende más peligroso, es el de aquellos procedimientos o medicamentos que sin bien han dado algún resultado esperanzador en ciertas patologías no solo no están probados en otras, sino que pueden tener efectos secundarios de riesgo no evaluados ni considerados.

Es muy frecuente que esos pan-tratamientos, tratamientos para todo, lo sean para nada. Sin duda quienes los proponen nos asegurarán sobre su efectividad en situaciones que llenan todo un manual de clínica médica. Las palabras, como siempre, son la expresión pero también el molde de los conceptos e ideas sobre algo, y así calificativos como “potenciador”, “reconstructivo”, “regenerativo”, “rico en”, llevan implícita la situación de pócimas o procedimientos mágicos para todo y merecen una mirada crítica y cuidadosa.

En resumen, no hay que creer aun en las peores circunstancias en milagros, al menos aquellos ajenos a la fe. Los tratamientos ameritan un condicionante llamado diagnóstico médico, indispensable para elaborar una estrategia adecuada y ética. La medicina no puede asegurar soluciones pero sí cumplir con principios éticos y científicos en consonancia con el estado actual del arte de curar.

Asimismo, no hay enfermedades sino personas, seres humanos con una complejidad y característica única e irrepetible en cada uno de ellos y que deben recibir aquello que es apropiado exclusivamente para ellos y quizás otra persona que padece de una patología con el mismo nombre que la que nos diagnosticaron, el tratamiento será completamente diferente.

Los tratamientos que le han resultado útiles a una persona, desde ya no son aplicables a otra sin una apropiada evaluación y estrategia comprobable. Recientemente, alguien consultaba por una serie de inconvenientes serios luego de haber realizado un tratamiento sobre el cual hay muchas expectativas en el público, no tanto el médico, pero todavía no evidencia formal. Al preguntarle por qué no veía a quien había administrado este tratamiento, para saber si era una respuesta esperable en relación a ese tratamiento experimental, les habría dicho y ellos aceptado, que no se ocupaban de las consecuencias en neurología. Por otro lado, ese tratamiento le había sido de mucha utilidad a un conocido con…una hernia discal. Evidentemente, errores en el profesional y el paciente pero con responsabilidad ética y legal del primero.

Los tratamientos son específicos basados en guías de evidencia clínica, realizadas por especialistas de todo el mundo, en consensos, así como existen guías de buena práctica clínica.

Por último, los médicos están obligados, al menos éticamente, a proporcionar un consentimiento informado y esto es darle todas las opciones posibles al paciente, no solo en relación a nuestra propuesta terapéutica, sino proveerle de opciones, explicando las consecuencias, ventajas e inconvenientes de cada uno de ellos. Un profesional puede especializarse en un elemento o estrategia, esto es válido, pero debe aclarar en tal caso que su práctica se concentra en eso y de alguna manera debe haber sido diagnosticado e indicado ese tratamiento previamente y no por ser su única propuesta.

Vivimos en una época de profundo descreimiento, sin embargo, en todas las áreas existen, ya que son parte de la misma población, personas de diferente estatura moral, ética y capacidad en la tarea o profesión que practiquen. Eso no anula en conjunto a un saber o función, la justicia, los abogados, los medios, los médicos, los periodistas, o quien sea.

Quizás solo sea estar muy bien informados, esta sección toma debida cuenta de esto, ejercitar la sana crítica y especialmente no dejarse llevar por fantasías. En general no existe nada sin una consecuencia y cuando todo es maravilloso, quizás no pertenezca al mundo de la realidad.

Y en medicina las fantasías de cualquier tipo suelen ser peligrosas y con consecuencias a veces impensadas.

Fuente: Infobae

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