La grasa que adelgaza existe y se puede activar así

NUTRICIÓN Por Carola LEVI
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Una de las líneas de investigación más sugerentes en las que se está ya trabajando en el ámbito de la obesidad tiene que ver con el estudio del tejido adiposo pardo (o marrón), también denominado grasa parda. Aunque hace años se consideraba que solo servía para producir calor y mantener la temperatura del cuerpo en condiciones de frío ambiental, ahora se sabe que también es un sistema de protección para eliminar el exceso de lo que consumimos a través de la dieta y evitar que se depositen en forma de grasa blanca (obesidad). Así, tal como explica el investigador Francesc Villarroya, catedrático del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Barcelona, a la luz de los conocimientos actuales activar esa grasa parda daría lugar a una prevención en el aumento de peso e incluso pemitiría disminuir el peso de una persona con obesidad.

 Y esto es precisamente lo que se está intentando hacer pero hasta el momento todos los intentos de hacerlo con fármacos generan efectos secundarios indeseables a nivel cardíaco (no se han encontrado activadores específicos de la grasa parda que eviten estimular artificialmente también el corazón).

Pero además otra de las líneas de investigación en la que se está trabajando es el estudio de los efectos saludables de la grasa parda pues, según apunta Villarroya, además de proteger frente a la obesidad, una grasa parda activa protege frente a la diabetes y las enfermedades cardiovasculares (desde el infarto al ictus): «Se cree que el tejido adiposo pardo libera a la sangre factores hormonales (batoquinas) que ejercen una acción positiva sobre el metabolismo y sobre el sistema cardiovascular».

Cómo activar la grasa parda
En esta línea la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) ha lanzado una campaña divulgativa en las redes sociales para animar a la población a activar esa grasa parda con el hashtag #activatutejidopardo contando con la ayuda de los divulgadores Marían García, Boticaria García, y Ricardo Moure.

En la práctica cotidiana hay dos formas de incentivar la actividad de la grasa parda y, aunque no son milagrosas, sí que pueden contribuir a ello:

1. El ejercicio físico. Ademas de sus múltiples efectos beneficiosos (aumenta el gasto energético por sí mismo, mejora el estado metabólico e inmunológico) promueve la activación de grasa parda.

2. Cuidar el entorno térmico. Las temperaturas altas bloquean la actividad de la grasa parda, por lo que se recomienda aumentar la actividad al aire libre y moderar las temperaturas ambientales interiores. «Las altas calefacciones y la falta de actividad al aire libre se consideran cada vez más parte del ambiente obesogénico de nuestra sociedad», revela Villarroya.

3. Restricción calórica. También se ha demostrado, según los trabajos de la Dra. Medina-Gómez llevados a cabo en la Universidad Rey Juan Carlos, que la restricción calórica durante el envejecimiento también puede favorecer la aparición de un nuevo tejido adiposo marrón en localizaciones donde existe tejido adiposo blanco, lo que se denomina el tejido beige. Pero es cierto que todos estos estudios son preclínicos, por lo que en el futuro será posible concretar cómo funciona esta posibilidad.

Recuerda que...
El efecto de un patrón de alimentación sano, como la dieta mediterránea o atlántica, así como nutrientes específicos, junto con la actividad física, contribuyen a prevenir y mejorar la obesidad.
El gasto de energía en las personas con obesidad es mucho más lento que en una persona sin obesidad y esto se debe a que su tejido graso no funciona correctamente y no está activado el tedijo adiposo marrón que disipa la energía en forma de calor.
El tipo de alimentación y la actividad física regulan los genes relacionados con el metabolismo y el control del apetito mediante mecanismos epigenéticos que actúan como interruptores moleculares.
Conoce tu tejido adiposo
El tejido adiposo está distribuido por todo el cuerpo. Y aunque inicialmente se creía que su única función era almacenar grasa actualmente se sabe que está implicado en el balance de energía y es un importante órgano endocrino que libera sustancias relevantes en la función del organismo y en el estado energético.

¿Qué diferencias hay, por tanto, entre la grasa parda y la grasa blanca? Como explica Ana Belén Crujeiras, directora del grupo Epigenómica en Endocrinología y Nutrición del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago existen diferentes tipos de tejido adiposo (el tejido adiposo blanco, que almacena el exceso de energía que ingerimos de los alimentos en formas de gotas de grasa; y el tejido adiposo pardo, que utiliza el exceso de energía que ingerimos para generar calor mediante un mecanismo denominado termogénesis, gracias a la elevada cantidad de mitocondrias que contiene. En definitiva, como resume la Dra. Gema Medina, coordinadora del Grupo de Trabajo de Investigación de Obesidad de la SEEDO, el tejido adiposo marrón es el que quema grasa, mientras que el tejido adiposo blanco la acumula.

Así, en las situaciones de obesidad la cantidad de tejido adiposo blanco es muy elevada y además no funciona correcamente, liberando sustancias que son perjudiciales para la salud.

Fuente: abc

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