Día contra el bullying: “No busquemos culpables, sino formas de ayudar a los chicos”

SER PADRES Por Gina NAVARRO
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Ayer se hizo viral el video de una mujer que protagonizó una violenta escena en un aula de la escuela CEM 1 de General Roca, Río Negro. Aparentemente cansada de que le hicieran bullying a su hijo, golpeó a uno de los compañeros. 

El bullying es una forma de violencia –no la única– que necesita de la firme intervención de los adultos, tanto para prevenir su aparición como para abordarla desde sus inicios, y de esta manera evitar que crezca y se haga crónica.

Para definir el bullying es importante destacar el factor de humillación intencional que se inflige a quien es victimizado en este tipo de dinámica. Un sujeto, de manera reiterada, sostenida y deliberada, minimiza a otro (con burlas, apodos, actos de exclusión, amenazas, gestos simbólicos), ante la mirada de un grupo de espectadores que no sabe cómo o no puede actuar para detener la situación. Con cada gesto humillante, esta estructura se hace más sólida y deja más expuesto al dolor y sufrimiento a quien es victimizado.

Ninguna característica o condición de quien es humillado puede justificar el bullying. Nada en él o ella puede explicar –per se– los agravios recibidos.

La vergüenza que genera esta situación es enorme y cuando se extiende a las redes sociales y la web, en general, hablamos de ciberbullying: un niño, niña o adolescente es expuesto en redes, grupos, aplicaciones, juegos en red y/o páginas, para hostigarlo y excluirlo.

Los chicos piden que actuemos bien
En los talleres que realizamos desde hace 25 años, chicos y chicas expresan –hoy más que nunca– su necesidad de que los adultos actuemos bien. Actuar bien es, en primer lugar, hacerlo sin complicar más la situación, sin “hacer lío” como ellos dicen. Necesitan que los cuidemos con firmeza, ternura y convicción; que evitemos exponerlos a más problemas con nuestras acciones, que prescindamos de intentos de solución violentos que los dejan aún más desamparados. Ellos y ellas no quieren ver a sus padres o madres enfrentados a sus docentes, ni escenas de agresión en la puerta de sus escuelas.

Los niños y niñas, ya desde pequeños, expresan claramente que necesitan de nosotros en presencia. Necesitan que los escuchemos sin hacer interrogatorios, que no busquemos culpables, sino formas de ayudarlos, que no los expongamos en nuestras redes sociales, que evitemos las fotos y videos de su sufrimiento.

Que este 3 de noviembre nos sirva a todos los adultos para reflexionar acerca de las propias ideas con relación al bullying. Que nos ayude a reconocer, entre otras cuestiones, los pequeños gestos humillantes que tenemos a diario. Que contribuya a que asumamos cabalmente el rol fundamental que tenemos en la vida de los chicos y las chicas y logremos modificar aquellas acciones que enseñan a naturalizar el maltrato.

Fuente: TN

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