Mitos y verdades sobre los alumnos con diabetes y el rol de escuelas y docentes

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Rosario CALVO
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Hasta no hace mucho, la diabetes quedaba en casa bajo el control de la familia. Pero, en el presente, esto ya no es así, y en los docentes aparecen preguntas como:

¿Qué hago con un niño con diabetes?
¿Cómo debería proceder ante una emergencia?
¿Quién tendría que intervenir?
¿Cuánto conozco yo de diabetes y el resto del personal de mi escuela?
Y estas no son todas, se suman más preguntas, por ejemplo:

Si le doy un sobre con azúcar al niño, ¿qué le podría suceder? ¿Puede entrar en un coma diabético?
¿Hay docentes en la escuela que tienen diabetes? ¿Me podrán ayudar? ¿Se podrían hacer cargo de la diabetes de estos niños si yo no quisiera o pudiera hacerlo?
¿Dentro de mi grupo de estudiantes, el alumno con diabetes, aprende de la misma forma que cualquier otro integrante del aula?
¿Le debo solicitar al alumno con diabetes un certificado de discapacidad y en este caso, un acompañamiento terapéutico?

Preguntas y más preguntas, que escuché de los propios docentes, acaparan mi atención mientras escribo esta nota.

Y no solo surgen en relación con el niño o la niña, surgen también desde lo vincular en la tríada Alumno con diabetes/ Familia/ Escuela, tales como:

La familia de mi alumno, ¿qué espera que yo haga? ¿Me deberían dejar instrucciones para poder sentirme más seguro/a?
¿Qué puedo estar necesitando yo de mi alumno? ¿Y su familia? ¿Del médico que lo atiende? ¿Del resto de mis compañeros de la escuela?
Y la escuela, como responsable de la integridad de los alumnos durante la jornada escolar, ¿qué puede estar necesitando? ¿Qué debería hacer?
¿En una salida organizada, debe estar siempre presente la mamá u otro familiar de mi alumno?
Tantas preguntas y todas refieren a necesidades. Todas atendibles.

Estrategias efectivas
La Federación Argentina de Diabetes (FAD) en conjunto con un laboratorio y de la mano de las licenciada Irantzu Sanz de Larrechea y Ximena Berdullas y quien les escribe, trabajamos sobre el proyecto “Hablemos de Diabetes en las Escuelas” para escuchar las creencias instaladas en el ámbito escolar al que asisten niños o niñas con diabetes.

A la hora de inscribirse en los encuentros titulados “Hablemos de Diabetes en las Escuelas”, unos 50 docentes de escuelas primarias y secundarias públicas y privadas, autoridades escolares, personal administrativo y de distintos puntos geográficos, respondieron a las siguientes preguntas planteadas:

¿Qué le genera tener un alumno con diabetes en el aula?
¿Ha recibido información sobre diabetes?
¿Considera que el establecimiento educativo está preparado para atender una urgencia en diabetes?
¿Le interesaría planificar capacitaciones dentro de su Institución?
Las respuestas obtenidas marcaron una tendencia: la falta de información en diabetes les provocaba incertidumbre, temor, no saber actuar en la emergencia y preocupación.

En FAD, estamos convencidos de que acompañando a los actores del ámbito educativo y llevando la información necesaria de diabetes, ellos podrían acompañar y mejorar la experiencia en cuanto a la construcción del vínculo entre estudiantes, institución educativa y familia.

Unos años atrás, desde la Sociedad Argentina de Diabetes (SAD) y la Federación Argentina de Diabetes (FAD), se acordó un documento en el que la diabetes, por sí misma, no se considera discapacidad. Partiendo entonces de esta definición, podemos entender que:

El alumno con diabetes tiene el derecho de desarrollar todo su potencial como cualquier otro alumno dentro de la clase, porque la diabetes no es impedimento en el proceso de aprendizaje.
Un docente informado en el tema de diabetes, puede construir una realidad distinta para él mismo y desde ya para el alumno a su cargo.

El acompañamiento docente puede hacer que la experiencia escolar de cualquier alumno, resulte ser positiva.
Un acuerdo sobre cómo proceder en la rutina del niño y en casos de emergencia ayudaría a qué hacer.
La comunicación fluida entre docente, alumno y familiar responsable para la toma de decisiones debe estar siempre presente.

Bien asesorados, todos los actores responsables podrán hacer que alumnos con diabetes y docentes, puedan beneficiarse dentro del proceso de enseñanza- aprendizaje, haciendo que lo transiten como una experiencia positiva, proactiva y equitativa.

Debemos enfocarnos en que esta experiencia pueda ser interpretada como una oportunidad para que las puertas de las escuelas se abran y la información de diabetes pueda ingresar.

Fuente: TN

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