Así reacciona nuestro cuerpo si evitamos la cena

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Gina NAVARRO
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Así como muchos nutricionistas aseguran que irse a dormir con el estómago muy lleno es malo, también lo es omitir la cena. Cada vez más personas se suman al ayuno intermitente para adelgazar y otras prefieren comer muy poco y light a la noche, ya que eso favorece la pérdida de peso y reduce el riesgo de infarto, ACVs y otros trastornos de tipo cardiovascular (según la Asociación Americana del Corazón). No obstante, obviar la última comida del día puede generar problemas para la salud.

Un estudio del Instituto de Investigaciones Biomédicas (perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México), reveló que el “ayuno nocturno” puede provocar hipoglucemias (baja de los niveles de glucosa), déficit de nutrientes -como proteínas, vitaminas y minerales-, y ralentizar el metabolismo.

Según los expertos, al darle poco alimento al cuerpo, este se vuelve más ahorrador, aunque sí es cierto que la restricción nocturna de alimentos ayuda a adelgazar porque favorece la quema de reservas de grasa y regula el apetito reduciendo la sensación de hambre.

Los autores de la investigación también remarcaron que cenar demasiado tarde aumenta el riesgo de sufrir trastornos cardíacos y diabetes.

Además, comprobaron que quienes mantienen los mismos horarios para las dos principales comidas del día, dirigen los triglicéridos (un tipo de grasa) a los músculos y aprovechan mejor la energía. No obstante, en quienes comían a deshoras, los triglicéridos se acababan acumulando en la sangre, lo que aumenta el riesgo de trastornos cardiovasculares y diabetes.

Ruud M. Buijs, principal autor del estudio mexicano, le dijo a SaberVivirTV: “Durante las horas en las que debemos dormir, la absorción en el tejido muscular es menor y la grasa parda necesita mucha menos energía porque no actúa por la noche. Y todos estos procesos están regulados por nuestro reloj biológico”.

Por su parte, Juan Antonio Madrid, investigador del Laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Murcia (Cronolab), también se refirió a los efectos negativos de cenar muy tarde: “Cuando cenamos muy tarde, estamos incorporando nutrientes en un momento inadecuado, y algunos de ellos -como la glucosa y los triglicéridos plasmáticos- se elevan más y durante más tiempo que si estos se ingieren durante el día”.

El mal descanso aumenta el sobrepeso y la obesidad
A diferencia de lo que creemos, dormir entre 7 y 8 horas diarias no es un tema menor o un mero cliché, sino que tiene sus fundamentos médicos. Un buen descanso es clave para el bienestar físico y psíquico y para no engordar. El cuerpo, creámoslo o no, funciona como el motor de un auto y fue diseñado a la perfección. Cuando lo forzamos más de lo debido, comienzan las fallas y los desajustes, entre ellos, el posible aumento de peso.

La licenciada en Nutrición Jorgelina Azzaro (M.N. 6.371) explicó que “se debe prestar más atención a la rutina del sueño, ya que repercute en la acumulación de grasa y líquidos”.

Para ella, son necesarias al menos siete horas de sueño nocturno de buena calidad, ya que existen dos hormonas que regulan el apetito y que funcionan mucho mejor cuando dormimos: la leptina, que inhibe las ganas de comer; y la ghrelina, que las estimula.

“Cuando hay falta de descanso, se altera el equilibrio entre ambas, con una menor secreción de leptina y mayor de ghrelina, provocando una mayor necesidad de consumir alimentos más calóricos, ricos en grasas y azúcares”, argumentó.

Y añadió: “Ambas, son hormonas que, si bien funcionan todo el día en el organismo, tienen un papel preponderante y un mayor rendimiento o funcionamiento durante el sueño. Entonces, al dormir poco, se secreta una menor cantidad de leptina y, en consecuencia, se segrega mayor cantidad de la otra, la ghrelina, que es la hormona que estimula el apetito”.

Fuente: TN

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