Qué es el hambre emocional y cómo para frenarla

POR UNA VIDA MÁS SALUDABLE Por Pilar PARDO
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Comer es una necesidad básica del ser humano, pero ¿la manera en que comemos es por hambre emocional o física? En ocasiones, algunas emociones como la ansiedad, el estrés, las preocupaciones, el aburrimiento e incluso la euforia pueden llevarnos a confundirnos y decodificarlas como señales de hambre, recurriendo a ingerir algún alimento. Así que para diferenciar esta cuestión, habría que saber qué es el hambre emocional y seguir ciertas pautas que nos ayudarán a frenarla cuanto antes.

Qué es el hambre emocional
Para hablar del hambre emocional, habría que aclarar que son las emociones. Se puede definir las emociones como respuestas fisiológicas de los individuos a estímulos internos o externos y tienen influencia en diferentes niveles en las personas. Así que podemos decir que no hay emociones malas y buenas, sino que todas ellas son una fuente de información que está sucediendo en el interior o exterior.

El hambre emocional se produce cuando desligas los alimentos de su función de nutrición y empiezas a utilizarlos como un regulador de emociones. Es decir, pierdes de vista aquello que ingieres como una fuente de energía del cuerpo y le atribuyes la alimentación a otras funciones poco adecuadas. Así el hambre emocional se caracteriza por dos aspectos, la necesidad de comer y el sentimiento de culpa.

Pautas para frenar el hambre emocional
Una vez identificado el hambre emocional, intenta llevar a cabo estrategias para no caer en el uso de comida como una tapadera de una necesidad emocional. Estas son las pautas que mejor pueden ayudar:

Realizar una actividad física, meditación, relajación ayuda a mantener calma y tranquilidad de base, lo que hay una menor probabilidad de cometer atracones.
Regular los tiempos, limitarse en horas de trabajo para no estar expuesto a demasiado estrés, aprender a diferenciar lo urgente de lo importante.
Elaborar menús semanales para no recurrir de manera espontánea a abrir la alacena o nevera y tomar lo primero que encontremos.
Evitar dietas restrictivas, ayunos controlados o prohibiciones alimentarias en general.
Trabajar en la autoestima para ganar seguridad y conocer los puntos débiles y fuertes al momento de enfrentarse a cualquier situación para saber cómo solucionarlo.
Acudir con especialistas, nutricionistas, psicólogos y otros profesionales que pueden ayudar a conseguir los objetivos.

El hambre emocional no solo daña físicamente, sino también a nivel psicológico, ya que afecta la autoconfianza y autoestima. Así que habría que mejorar la relación que mantienes con la comida y devolverle la función de nutrición para tener un óptimo estado de salud y un bienestar emocional. Es un esfuerzo que traerá grandes recompensas a tu vida.

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