¿El caminar puede ayudar a fortalecer el músculo cardiaco?

SALUD Por Gina NAVARRO
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Una forma fácil y accesible de aumentar la actividad física, es realizando actividades compatibles con nuestras actividades diarias. Algunos ejemplos son caminar a paso rápido, montar en bicicleta, subir las escaleras o bailar. La recomendación de los expertos es dedicar un tiempo mínimo de 30 a 45 minutos al día, durante 4 o 5 veces por semana para hacer ejercicios que mantengan de un 60 a 70% de frecuencia cardiaca máxima, ya que va a permitir obtener efectos positivos para la salud cardiovascular.

Caminar en pro de la salud cardiaca
La forma más fácil de medir la intensidad del ejercicio, es a partir del número de pulsaciones cardiacas por minuto, teniendo en cuenta que la cifra máxima que soporta un corazón sano es de 220. Para calcular el número de pulsaciones ideales debemos restar a 220 en nuestra edad. Según el número de pulsaciones alcanzadas, el ejercicio físico puede categorizarse como suave, moderado o fuerte.

Una forma sencilla de ejercitarnos en el día, es caminar a un ritmo suave, ya que eleva el ritmo cardíaco en un 50%, que suele rondar las 200 pulsaciones. De modo que se pueden alcanzar unos 90 a 100 latidos por cada 60 segundos. Pero en caso de aumentar la intensidad de la caminata, podremos llegar a 60-70% de la capacidad máxima. Caminar a un paso que ronde el 60% de la frecuencia cardiaca máxima, eso es solo un ritmo muy ágil, cómodo y que no exige demasiado esfuerzo.

Con la práctica frecuente del deporte, el músculo cardiaco va sufriendo modificaciones de manera que el corazón recibe e impulsa más sangre, descansa más en cada sístole (momento en el corazón se contrae), logra traspasar más oxígeno y sustancias nutritivas al organismo y la respiración se vuelve más eficaz. Existe una mayor resistencia del músculo cardiaco, ayudando a controlar la hipertensión, la obesidad y el colesterol, tres grandes problemas para la salud cardiaca.

Por otro lado, el ejercicio aumenta nuestra percepción del estado de ánimo y reduce la posible pérdida de calcio que sucede en los huesos con el paso de los años. Incluso los beneficios del ejercicio se mantienen durante años aún después de que la actividad intensa ha finalizado.

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