¿Está de moda denunciar ‘gordofobias’?

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Carola LEVI
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Hace unos días se produjo una ola de ‘clamor e indignación’ popular debida a la adjudicación por parte de Ministerio de Igualdad de un contrato relacionado con acciones para luchar contra la gordofobia y la cosificación de la mujer. Lo molesto del asunto era que entre los beneficiarios estaban los editores de algunas revistas masculinas que utilizaron fotografías de mujeres semidesnudas para atraer a sus lectores. El tema en sí mismo es rancio y cansino a más no poder. El primer punto que tendríamos que analizar con un poco de sosiego es si esa furia y escándalo ocurrido en las redes sociales es representativo de algo. Tengo la extraña sensación de que mujeres y hombres por igual, ahora mismo están más preocupados por su cesta de la compra que por el semidesnudo de Elsa Pataky en una revista que ya no se publica, y del que hace tantos años que da hasta vértigo calcularlos. La conversación tiene mil matices. Desde un blog como este, cuyo objetivo es la divulgación de temas relativos a entrenamiento de fuerza y salud, a mí me gustaría ‘hablar de mi libro’, y recordar que cuando una conversación sobre un cuerpo se enfoca alrededor de aspectos estéticos y/o en cánones de belleza, la cosa acabará mal. Un cuerpo sano no es un cuerpo obeso, un cuerpo sano no es un cuerpo caquéctico. Si con estas palabras deducimos que la virtud está en el punto medio, se llega a la chorrada esa del fofisanismo, que viene a ser un sedentario que se corta un poco con la comida. Nos están colando en un mismo paquete mensajes que nada tienen que ver.

Cuerpos reales y cosificación

No os sonará extraña la frase ‘para la empresa somos solo un número’. Llegado un punto determinado se nos valora de este modo, como un número, así que todos podemos llegar a ser considerados como una cosa cuya salida de la ecuación vale ‘x’ Euros. La cosificación no es un problema exclusivo de la igualdad de género y menos todavía en un mundo digital en el que se nos empaqueta en nichos de mercado donde la individualidad no tiene premio, es más, se castiga atacándola con incesantes acciones de marketing cuyo único objetivo es que te encarriles el algún segmento al que impactar comercialmente con lo que sea menester. Estamos cosificados todos, somos una puñetera ‘cookie’, un registro en una o varias bases de datos al que se intenta acorralar una y otra vez para conseguir que acabe comprando o suscribiéndose a algo. No hay género, hay intereses económicos, y en este sentido la industria del fitness peca de lo mismo que puede pecar un concesionario de coches. Por favor, cuando veas cualquier anuncio de un vehículo, acompañado normalmente de la oferta de turno, revisa el texto legal en el que siempre se añade una advertencia que dice algo así como que la foto incluida en el anuncio no se corresponde con el modelo ofertado. Dicho de otra manera, se publicita que el coche vale 9.000 Euros pero en la foto del producto hay extras hasta alcanzar el valor de 15.000. Muchas personas acabarán entrando en el concesionario y, si bien no llegarán a gastarse lo necesario para llevarse el modelo de la foto del anuncio que captó su atención, subirán la factura a 12.000 Euros mandando al carajo la diferencia económica que tenían pensado ahorrarse. Muy bien, cuando veas una foto de una oferta de un gimnasio en la que dos seres esculturales prometen que vas a tener ‘ese cuerpazo’ por solo 19’99 Euros al mes, ten en cuenta que debería ir acompañada de las siguientes advertencias:

Los que ves en la foto llevan años entrenando y viviendo para tener ese cuerpo.
Ambos mueven mucho peso cuando entrenan y lo hacen en instalaciones que nada tienen que ver con las que anunciamos.
‘Las, los les’ de la foto son modelos profesionales, son cuerpos reales porque existen, pero no se corresponden con la media de la población, ni tampoco con el cuerpo medio que podrás ver en nuestras instalaciones.
Aunque el precio ofertado sea el de 19’99€ para adquirir estos físicos necesitarás un entrenamiento personalizado, que se paga por separado, y el seguimiento de un nutricionista que, por supuesto, también se paga por separado.
Los modelos de la foto a duras penas salen con sus amigos porque mantener una vida social activa y tener tableta abdominal es difícilmente compatible.
Importante: ‘el, la, le’ de la izquierda va hasta las cejas de anabolizantes, él lo sabe, yo lo sé, pero todos nos hacemos los tontos y decimos que es gracias a lo guay que son mis clases colectivas.
¿Y si tenemos un problema de credulidad y falta de madurez?

Estoy esperando el día en el que haya una oleada de indignación social que pida la eliminación de todos los vídeos musicales con bailarines ¿por qué? Bueno, yo les veo bailar y cuando torpemente intento imitar lo que hacen, me estrello contra una pared, me doy cuenta de que esa manera de bailar ‘no es real’ y que está generando una frustración emocional en mí que no puedo soportar. Un absurdo ¿no? Tampoco puedo pedir que se prohíba la emisión de carreras de motos porque tengo un amigo que cuando la vio quiso imitar a los pilotos y tuvo un accidente. Los organismos del Estado tienen una capacidad legislativa que puede ayudar a que determinadas cuestiones transcurran por los cauces debidos. Luchar contra los estereotipos sexistas, el consumo excesivo de azúcar, alcohol y tabaco son labores plausibles contra las que nadie en su sano juicio debería oponerse. El problema es que estamos en un mundo de piel tan fina que cualquier cosa ofende. Siempre habrá un colectivo que se sienta atacado por un mensaje. La regulación extrema acabará con la prohibición de todo y no sé tú, pero yo no quiero que sea un ‘Estado’ el que decida qué puedo decir y qué no. Hay una falta de espíritu crítico y de capacidad de evaluación de lo que se nos cuenta. Desde un punto de vista estético no debe haber estigmatizaciones, pero la salud está reñida con la obesidad; el ejercicio físico es una de las mayores medicinas que existen, obsesionarte con el cuerpo de la portada de una revista no tiene sentido, pero que no te vendan la moto de que hay que ‘rechazar’ esa realidad porque es algo así como un mundo superfluo y banal de cosificación y sexismo… Eso es simplificar mucho las cosas con un único perjudicado: tu salud. Olvida todo lo que no es importante, céntrate en tu Bienestar y que la fuerza te acompañe.

Fuente: abc

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