Los 10 motivos que explican el desarrollo de la obesidad y cómo tratarla

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Ivana ALFARO
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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde 1975, la obesidad se triplicó en todo el mundo. Se estima que alrededor de cuatro millones de personas adultas fallecen por año como consecuencia de esta enfermedad. En este sentido, gran parte de la carga de las Enfermedades No Transmisibles (ENT) puede atribuirse al exceso de peso, tal es el caso de la diabetes, las cardiopatías isquémicas y ciertos tipos de casos de cáncer.

En la Argentina, el problema es preocupante y la prevalencia a lo largo de los años muestra una tendencia claramente ascendente en todos los grupos etarios y sociales, particularmente en los que están en situación de mayor vulnerabilidad social. Según datos de la cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR 2018), 6 de cada 10 personas adultas se encuentran en esta condición en el país.

Cada 4 de marzo se celebra el Día Mundial de la obesidad. En ese contexto, las sociedades médicas de la Argentina difundieron un decálogo que explica la complejidad del abordaje de la obesidad, promoviendo dejar atrás estigmas, preconceptos y subestimaciones sobre qué la causa y lo que representa su tratamiento.

A pesar del sentimiento de culpa y las miradas que todavía sienten algunas personas con obesidad, la ciencia demostró que existen decenas de factores que explican su desarrollo y se sabe que no se desencadena por falta de voluntad, ni se resuelve de una manera tan simple como comiendo menos y moviéndose más. Por tal motivo, las sociedades médicas se unieron para llamar a “actuar cuanto antes para cambiar esta realidad”.


Los diez motivos que explican la complejidad de la obesidad, su desarrollo y abordaje
Cifras: las estadísticas con que contamos en la Argentina muestran un contexto preocupante. En cinco años, tal como describieron las III y IV Encuestas Nacionales de Factores de Riesgo del ministerio de Salud de la Nación (de los años 2013 y 2018), la proporción de argentinos adultos con obesidad pasó de 20,8% a 25,4%, prácticamente un incremento del 25%.

“Estos son los datos oficiales más recientes que tenemos a nivel nacional, pero los relevamientos que llevamos adelante en nuestra Sociedad durante la pandemia nos dan la pauta de que los últimos dos años no han hecho más que agravar esta situación. Y quienes más peso ganaron en la pandemia son las personas que ya tenían sobrepeso u obesidad, justamente quienes tienen más riesgo de tener enfermedad severa por COVID-19. Esto nos debe movilizar a todos a tomar cartas en el asunto”, explicó Marianela Aguirre Ackermann, médica especialista en Nutrición y magister en Diabetes y Coordinadora del Grupo de Trabajo de Obesidad de la SAN.

La obesidad se define por el Índice de Masa Corporal (IMC), que es un indicador que contrasta el peso de la persona respecto de su altura y se calcula dividiendo el peso en kilogramos por la altura en metros al cuadrado. Si esa cuenta da más de 25, la persona tiene sobrepeso; si da más de 30, tiene obesidad.

La obesidad, entonces, no contempla a los que tienen “unos kilos de más”, sino que es ya un cuadro que incrementa el riesgo de desarrollar toda una serie de complicaciones para la salud. Si tenemos en cuenta además a aquellos argentinos con sobrepeso, la proporción de argentinos que están por encima de lo que se considera peso saludable es de 6 de cada 10.

Pone en riesgo la salud: “Se debe tomar más conciencia en nuestro país sobre el impacto negativo que la obesidad puede tener para la salud, tanto por sus consecuencias cardiovasculares como metabólicas -es el mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 o hígado graso- e inclusive en el de distintos tipos de cáncer”, explicó Paola Harwicz, cardióloga y especialista en Nutrición, exdirectora del Consejo de Cardiometabolismo de la Sociedad Argentina de Cardiología.
No es tu culpa, ni falta de voluntad: “Si fuera sencillo bajar de peso, tendríamos que estar cada vez mejor, pero no es lo que reflejan las estadísticas. Ciertamente, lograr el descenso de peso y sostenerlo en el tiempo es un desafío complejo que requiere un abordaje integral”, agregó Harwicz, actual integrante de la Fundación Cardiológica Argentina.

Más que comer menos y moverse más: para el desarrollo de la obesidad, influyen factores genéticos (predisposición y aspectos evolutivos), el metabolismo (desequilibrios hormonales), aspectos emocionales (como aburrimiento o disfrute por comer), salud mental (estrés, ansiedad o depresión), ambiente (dónde y cómo vivimos), trastornos del sueño y hasta presiones sociales o familiares que vienen desde la niñez, tales como “terminá todo lo que está en tu plato”.

“Los médicos somos los primeros que tenemos que cambiar la perspectiva hacia la obesidad”, reconoció Harwicz y expresó: “En el consultorio, además de pesar y medir la altura y el perímetro de cintura de la persona para hacer un diagnóstico correcto de la situación, podemos abordar el aspecto emocional y conocer cómo están sus relaciones interpersonales en su familia y trabajo, cómo se siente con su cuerpo y cómo percibe la mirada de su entorno. Además, preguntarle si descansa adecuadamente, si realiza actividad física de manera regular y si está enfrentando alguna situación de estrés en particular. De esta manera, podremos conocer aspectos que influyen en su conducta alimentaria y, por ende, en su peso corporal”.

Modo resistencia: “Por si esto fuera poco, independientemente de las causas detrás de la ganancia de peso en cada persona, una vez que se empieza a bajar de peso, el organismo desarrolla -por aspectos adaptativos- mecanismos para resistir esos intentos, buscando retornar al peso anterior. Esto es aún peor con las dietas extremas porque nuestro cuerpo está diseñado para resistir ante la escasez de alimentos: cuando comemos muy poco, el metabolismo se hace más lento para gastar menos calorías y, a la vez, aumenta las hormonas del hambre para que busquemos comer para recargar energías”, explicó Aguirre Ackermann.
Patrones desde la infancia: un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud establece que, si no se toman medidas concretas para cambiar la realidad actual y futura, para 2030 el 27,2% de los niños entre 5 y 9 años tendrá obesidad.

“La población pediátrica presenta un panorama preocupante. Muchos niños crecen actualmente en un entorno que favorece el aumento de peso y la obesidad: cambios en el tipo de alimentos y en su disponibilidad, descenso en la actividad física con mayor tiempo dedicado a actividades sedentarias y que suponen estar frente a una pantalla. Sin embargo, los patrones alimentarios se forjan en las primeras etapas de la vida por lo que ese es el mejor momento para actuar”, alertó Aguirre Ackermann.

Persiste el estigma: todavía se manifiesta en miradas, discriminación y rechazo, aspectos que pueden dañar la autoestima, favorecer el desarrollo de cuadros de ansiedad y depresión, que probablemente alejen a la persona del cuidado de su salud y de su peso corporal. “Es necesario actuar para cambiar la realidad, porque estigmatizando a la persona con obesidad se es parte del problema y debemos procurar ser parte de la solución”, agregó la especialista.

Aceptarse, quererse y cuidar la salud: Harwicz compartió su postura respecto del activismo orientado a aceptar el propio cuerpo tal como es. “Reconozco el aporte positivo de la propuesta, porque invita a cambiar la manera de valorarse, superando complejos y estigmas, y combatiendo toda forma de discriminación. De todos modos, quererse es mucho más que aceptarse. Justamente, un cuadro de obesidad requiere que se tomen medidas para cuidar el cuerpo y la salud, para poder llevar una vida más plena, más larga, disminuyendo el riesgo de desarrollar complicaciones que atenten contra ello”, expresó.
Consulta médica: como es una cuestión de salud, necesita un abordaje de la mano de profesionales de la salud.

Los especialistas están preparados para indicar un abordaje personalizado, atendiendo a la necesidad individual, biología, comportamiento y bienestar emocional de cada persona.
Nos interpela a todos: “La obesidad es una enfermedad compleja, con muchas causas vinculadas con el ambiente. Ya no se la considera una cuestión individual y ha pasado a involucrarnos a todos como sociedad. Todos podemos trabajar juntos para crear un futuro más saludable. Es importante que cada uno, desde su lugar, se involucre para encontrar soluciones, sea pidiendo ayuda especializada, dejando atrás el estigma, desarrollando más empatía o tomando las decisiones de políticas públicas que sean necesarias”, concluyó.

¿Cómo debe ser un plan de tratamiento?
A partir de los diez motivos para actuar contra la obesidad, surge inevitablemente la pregunta sobre cómo debe ser abordada. Al respecto, las autoridades de las sociedades médicas remarcaron el aporte del seguimiento profesional en el tiempo y delinearon, a grandes rasgos, que puede incluir:

Mejorar los patrones alimentarios: con apoyo de un especialista, comer variado y saludable, manteniendo la ingesta de los nutrientes necesarios, sin caer en dietas mágicas que sólo consiguen resultados de corto plazo y hacen mal a la salud.

Vida activa: tras realizar todos los chequeos de salud necesarios, diseñar un plan de actividad física, aquella realmente realizable y sostenible en el tiempo (caminata, baile, bicicleta, etcétera, y siempre procurando llevar una vida más activa).

Manejo de las emociones: existen técnicas de relajación para lidiar con el estrés y, tal vez, con ayuda de un especialista, se puede identificar, en el plano de las emociones, por qué se come de más, para contribuir a controlarlo. Ante cuadros más complejos, como de ansiedad o depresión, siempre consultar con un médico.
Ambiente: tomar buenas decisiones en los lugares de compra de alimentos y procurar tener siempre en casa opciones saludables y que no estén a mano solo los de elevado aporte calórico y bajo valor nutricional. Lo mismo en el trabajo y en eventos sociales.

Conducta alimentaria y metabolismo: el equipo médico determinará si es pertinente incluir en el tratamiento herramientas farmacológicas orientadas a equilibrar el aspecto hormonal que interviene en los mecanismos de saciedad y que han demostrado beneficios para bajar de peso, o si la persona tiene indicación de cirugía bariátrica.

Fuente: TN

 
 
 

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