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Lactancia materna, una vía terapéutica para la depresión postparto

ALIMENTACIÓN Y SALUD Pilar PARDO
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Los números son alarmantes. Sabemos que 2 de cada 10 mujeres tendrán depresión postparto (DPP) y en países en vías de desarrollo y bajo nivel socioeconómico, su prevalencia se triplica. Agrava aún más la situación saber que casi la mitad ya estaba con depresión durante el embarazo y que a pesar de haber tenido numerosos controles médicos, el 75% de las mujeres con un trastorno mental perinatal no recibe su diagnóstico.

 La idealización de la maternidad, el temor a ser juzgadas, a que les indiquen abandonar la lactancia materna para recibir tratamiento psiquiátrico e incluso que le quiten la custodia de sus hijos juega un rol central en contra de la visibilización de este trastorno. Por todo esto, la DPP es también llamada depresión sonriente, porque a pesar de la alta prevalencia de esta enfermedad, son las propias madres las que se sienten avergonzadas por tener síntomas de tristeza y no llegan a la consulta.

Pero, ¿se pueden indicar psicofármacos a las mujeres que eligen la lactancia materna? La respuesta es que sí, pero las madres con DPP son más proclives a recibir recomendaciones sanitarias de abandono de la lactancia, principalmente por desconocimiento por parte de los profesionales. Generalmente no se hace un destete progresivo y respetuoso, sino inmediato y brusco, añadiendo un efecto traumático.

La madre protege al bebé a través de la lactancia
Prolactina y oxitocina son dos neurohormonas encargadas de la producción y eyección de la leche materna, pero además la prolactina desempeña un papel central en la adaptación del cerebro de la madre, facilitando el maternaje, promoviendo que desarrolle conductas de protección hacia su bebé. Por ejemplo, agudiza la capacidad discriminativa auditiva materna, con lo que facilita la vigilancia del recién nacido. Por otro lado, la oxitocina aumenta los sentimientos de confianza y bienestar maternos, incrementando su autoestima, tiene un importante poder ansiolítico, mejora la memoria social y fomenta el interés por las relaciones sociales evitando la soledad en el puerperio. Es evidente que la biología está de nuestro lado.

Además, a través de la lactancia materna, las madres protegen a sus bebés de los efectos devastadores de la depresión postparto ya que la lactancia es un momento de vínculo mamá-bebé, y en muchos casos, el único posible, logrando así que las madres que amamantan puntúan más bajo en las escalas de estrés, ansiedad y depresión.

Como individuos, como profesionales de la salud y desde las políticas públicas, debemos entender que el puerperio es un periodo de especial vulnerabilidad psíquica y puede ser el momento de inicio o descompensación de un cuadro psiquiátrico donde la medicación puede ser necesaria.

El bienestar materno es fundamental para el desarrollo saludable del bebé. Los beneficios de la lactancia materna son tan amplios y superiores que debería ser considerada como un instrumento terapéutico más en el tratamiento de la depresión postparto en vez de un obstáculo. La pregunta es, ¿Qué estamos dispuestos a hacer como sociedad para protegerla?

Fuente: TN

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