Dejar los lácteos sin ser intolerante. Los efectos menos pensados que genera en tu salud quitarlos de tu dieta diaria

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Sara BLANC
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Mucho se dice y también se debate acerca del consumo de lácteos, tratándose de un grupo de alimentos que en el último tiempo causó revuelo, incluso controversias sobre los beneficios de su ingesta. Si bien la leche es el primer alimento de todos los seres humanos y animales, en estos años han surgido grupos que se oponen a su fabricación, comercialización y consumo guiados por una ideología que fomenta la protección animal y del medio ambiente como así también manifiestan que sus componentes son dañinos para el organismo. Por otro lado, aún hay otro espectro de la población que avala su consumo.

Ahora bien, según las guías alimentarias realizadas por la Secretaría de Gobierno de Salud a través del Programa Nacional de Alimentación Saludable y Prevención de la Obesidad, los principales alimentos fuente de calcio son tres: la leche, el yogur y el queso. Y entre sus características se encuentran las proteínas, las grasas, los hidratos de carbono, los micronutrientes tales como el magnesio, encargado de mantener saludable el sistema inmune y, los macronutrientes como el hierro y sobre todo el calcio, necesario para la formación y la solidificación de los huesos.

“La mayor importancia de los lácteos radica en que favorece el metabolismo fosfocálcico que tiene que ver con la formación y consolidación de todo lo que utilice el calcio en nuestro cuerpo, principalmente los huesos”, comenta Francisco Dadic, médico especialista en medicina interna y toxicología y Director de Toxicología Hoy.

Y si bien estos tres productos se pueden reemplazar por otras alternativas tanto vegetales como en forma de suplementos, Monica Sandler, nutricionista, Health Marketing & Category Relevance Manager de Danone, explica que de esta manera, la incorporación del calcio, se dificulta “ya que están compuestos por sustancias que compiten entre sí por su absorción”

En 2020, una encuesta realizada por la consultora Kantar –a hombres y mujeres mayores de 18 años-, reveló que, el 97% de los argentinos consume lácteos todos los días, sin embargo, destacaron que su ingesta es de entre una y dos porciones, es decir, por debajo de lo estipulado por las guías alimentarias mencionadas previamente que proponen que sea de tres, el equivalente a 1000 miligramos en adultos y 1200 en niños y mujeres embarazadas.

De todas maneras, los especialistas consultados hacen hincapié en la idea de que toda dieta debe ser rica y variada, donde se incorporen todo tipo de nutrientes y vitaminas. “Siempre lo recomendado es que la persona adquiera todos los alimentos que necesita y sus cantidades justas, en cada etapa de su vida”, dice Dadic.

¿Qué pasa si se deja de consumir lácteos?
Son varios los rumores que se hacen eco en la sociedad y que pasan de generación en generación respecto a este tema. Entre ellos, algunos de los mitos populares dicen que “los humanos son los únicos mamíferos que consumen leche después del destete” o “que ingerir lácteos en grandes cantidades produce enfermedades incluso alergias”. Pero lo cierto es que “el calcio, promueve la salud del esqueleto a lo largo de toda la vida”, agrega Sandler.

“Hasta la adolescencia los chicos triplican su tamaño y hasta los 23, tenemos la oportunidad de formar nuestro capital óseo que determinará la salud futura de nuestro esqueleto”, resalta la nutricionista. Sin embargo, los adultos tampoco se quedan atrás y más allá de que se demostró que en esta etapa, su estructura está consolidada, “la realidad muestra que el cuerpo suele estar en permanente recambio por eso es muy importante incorporar calcio en todas las etapas de la vida cubriendo la ingesta diaria recomendada según cada necesidad”, agrega la especialista.

Así es como ante la falta de este componente, se pueden desencadenar problemas colaterales como la osteoporosis, enfermedad donde rige el debilitamiento de los huesos que al no tener la suficiente densidad mineral, quedan más propensos a sufrir fracturas como así también lesiones de manera espontánea o al mínimo movimiento. La osteopenia, es otra de las posibles consecuencias, y se trata de una reducción en la consistencia de los huesos.

A su vez, una investigación realizada por la Agencia para los Estándares de la Alimentación británica, mostró que aproximadamente la mitad de los jóvenes de entre 16 y 24 años se manifestaba como intolerante a los productos lácteos, a diferencia de las personas mayores de 75 años que representaban el 8%.

Y de esta situación, se desprende otra de las problemáticas: “Cuando se elimina el consumo de lácteos, se inhibe la producción de la lactasa, que es la hormona que se ocupa de sintetizar la lactosa, entonces el organismo pierde la capacidad de tolerarla correctamente una vez que se la vuelve a incorporar”, explica Sandler.

Otra encuesta hecha por la Sociedad Nacional para la Osteoporosis del Reino Unido, dio cuenta de que el 20% de los menores de 25 años habían reducido o eliminado por completo los lácteos de su dieta. “Es común que los chicos que están llegando a la adolescencia se inclinen por opciones alimenticias de otro tipo, un poco por rebeldía, otro poco para sentirse independientes, y tomar decisiones por ellos mismos, pero no se dan cuenta de las consecuencias que pueden llegar a tener”, reflexiona la nutricionista.

Los efectos de eliminar los lácteos sin ser intolerante
Probabilidad de desarrollar enfermedades óseas como la osteoporosis, que implica el debilitamiento de los huesos quedando propensos a sufrir fracturas o lesiones, y osteopenia, que es una reducción en la consistencia de los huesos.
Capacidad de generar intolerancia a la lactosa ya que, se deja de producir la lactasa que es la hormona que la sintetiza.
Malestar estomacal, al eliminar la ingesta de lácteos, las paredes del intestino quedan desprotegidas y expuestas a manifestar síntomas como dolor o náuseas.
Cantidad de calcio por alimentos
Datos del Great Western Hospitals, NHS Foundation Trust de Inglaterra, estiman las proporciones de calcio en distintas comidas.

En lácteos

Un vaso de leche animal de 200 mililitros contiene 250 gramos de calcio.
Un yogur de 100 gramos contiene 120 miligramos de calcio.
Una rodaja de quedo fresco de 100 gramos contiene aproximadamente 90 miligramos de calcio.
En productos alternativos

Brócoli: 200 gramos de esta verdura equivalen a 186 miligramos de calcio.
Espinaca: 80 gramos aporta unos 130 miligramos de calcio.
Semillas de sésamo: una cucharada grande tiene unos 80 miligramos de calcio.

Fuente: La Nacion

 

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