El alimento ancestral, rico en minerales y vitaminas que favorece la microbiota

POR UNA VIDA MÁS SALUDABLE Julia VOSCO
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Son muchas las discrepancias que giran en torno a este alimento y aún más, las dudas acerca de cómo y cuándo ingerirlo. El ajo reúne grandes fanáticos, pero también grandes oponentes. Se trata de una hierba antigua cuyos primeros usos estaban destinados a la prevención y el tratamiento de enfermedades. Hoy, es la base de la cocina mediterránea. ¿Cuáles son sus secretos?

Este producto cuyo nombre científico es Allium Satiyum, forma parte de la familia de las liliáceas junto con la cebolla y el puerro, que se distinguen entre sí por sus intensos aromas y sabores. Además, tiene que ver con una planta, que según se estima, antecede a la historia, es decir, que no hay registros acerca de cuándo se originó, simplemente que deviene de la zona de Egipto, Grecia y del entonces Imperio Romano.

Un informe de la National Institutes of Health (NIH por sus siglas en inglés), revela que a través de los años, el ajo ha sido utilizado por las sociedades con fines medicinales: como antibiótico para tratar las afecciones que producían las epidemias, como el cólera o la influenza, pero también para mantener sanos y fuertes a los guerreros, curar y limpiar heridas. “Incluso fue considerado como un objeto supersticioso, ya que se creía que colgarlo alrededor del cuello o colocarlo en casas, por ejemplo, en ventanas o puertas, era una manera de alejar la mala suerte.”

Y como en las redes sociales todo se vuelve tendencia, este alimento no fue la excepción. En 2021 un nuevo reto sorprendió a los usuarios: consistía en colocarse un pequeño trozo de ajo en cada uno de los orificios de la nariz en pos de apaciguar los resfríos y la congestión nasal. Tal fue la convocatoria y popularidad (el hashtag “reto del ajo en la nariz” ha llegado a tener ocho millones de visualizaciones), que los expertos de la salud no tardaron en alzar su voz para concientizar acerca de los posibles problemas que podía generar esta práctica, por ejemplo, irritación.

No obstante, gracias a sus múltiples componentes, “el consumo de ajo en dosis y cantidades justas aporta al organismo un sinfín de beneficios”, remarca Analía Yamaguchi, médica clínica especialista en nutrición del Hospital Italiano.

¿Cuáles son los beneficios de consumir ajo?
Para Estela Mazzei, licenciada en Nutrición (M.P 6371), el ajo tiene excelentes propiedades: “Es fuente de hidratos de carbono fructanos, que actúan como fibra sobre la microbiota intestinal y sirven como prebióticos para las bacterias intestinales”. A su vez, detalla que es rico en minerales: yodo, fósforo, potasio y manganeso, y vitaminas B6 y C, “que regulan el nivel de azúcar en sangre y, se ocupan del crecimiento y reparación de los tejidos de todo el organismo”.

Por su parte Yamaguchi comenta que, gracias al aporte de selenio, un componente antioxidante y antiinflamatorio, el ajo tiene efectos antibacterianos, antifúngicos y antivirales. No obstante, remarca que para ver realmente sus efectos, es necesario mantener una alimentación saludable y equilibrada porque si “comés un extracto de ajo, pero después no te nutrís como corresponde, las ventajas van a ser nulas”.

Los flavonoides, pigmentos naturales que protegen al organismo del daño oxidante, también están presentes. Por ello, “Puede tener resultados positivos sobre factores de riesgo cardiovascular debido a que contribuye a reducir la hiperlipidemia, la hipertensión y previene la formación de trombos”, resalta Mazzei.

Desde la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, comentan que estudios realizados en animales dieron cuenta de que su consumo contribuye a reducir el riesgo de padecer cáncer, sobre todo de estómago, colon y esófago ya que, sus nutrientes actúan sobre las células del cuerpo e impiden el desarrollo de tumores.

A su vez, desde la Institución estimaron que favorece la disminución de la presión arterial, el colesterol malo (LDL), por ende, baja el riesgo de padecer enfermedades cardíacas. Y aunque por el momento se desconoce la razón, también se ha asociado el consumo del ajo para tratar migrañas y todo tipo de dolencias e infecciones. “El ajo y sus componentes protegen los tejidos de oxidarse por lo que mejoran la función de los órganos, al menos en varios animales”, añadieron.

Para Yamaguchi, existen otras investigaciones que asocian a este alimento con beneficios para la memoria y la demencia. “Sin embargo, aun no hay conclusiones exactas porque hasta el momento no se ha probado en humanos”, dice la nutricionista.

¿Cómo se consume el ajo?
Del ajo se consume el bulbo o la cabeza, que está formado por varios dientes. Para Mazzei, se lo puede utilizar como condimento en distintas preparaciones y menciona a las sopas, salsas, guisos, ensaladas, woks. No obstante, Yamaguchi explica que consumirlo crudo aportará mayores beneficios ya que, “al cocinarlo pierde algunas propiedades”.

En cuanto a la cantidad, los especialistas consultados destacan que no hay una dosis exacta que tenga que cubrirse por día, aunque “no debería superar los cuatro gramos”, remarca Yamaguchi. Es que un exceso de ajo, podría ocasionar problemas colaterales: “Estomacales como gastritis, acidez y náuseas, dolor de cabeza o baja presión”, explica la médica.

En esta línea, Mazzei cuenta que su consumo debería limitarse a personas intolerantes a los fructanos porque “puede producir inflamación, dolor abdominal y flatulencias”, y agrega a aquellos con disfunciones gástricas como en el caso de quienes padecen reflujo o colon irritable.

Y con respecto al mito de que lo ideal es tomarlo en ayunas: “Hasta el momento no hay teorías que lo avalen. Y lo mismo aplica a los suplementos ”, remata Mazzei. Ahora bien, a la hora de guardarlo, la mejor forma es a temperatura ambiente, en algún recipiente abierto y lejos de la luz del sol.

Si bien se trata de un alimento que genera discrepancias debido a su particular aroma y sabor, lo cierto es que aporta nutrientes de excelente calidad para cuidar y potenciar las funciones del organismo. Sin embargo, Mazzei alerta acerca del cuidado que hay que tener frente a su consumo porque “un mismo nutriente puede tener impacto diferente en las personas”.

En este sentido comenta que, mientras que para personas saludables, alimentos como el ajo pueden resultar beneficiosos, para aquellos con intolerancias, podrían ser perjudiciales”, explica la nutricionista. Concluye destacando que “no hay nutrientes mágicos; todo depende de la salud individual y del estilo de vida de cada persona”.

Fuente: La Nacion

 

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