La ciencia no puede afirmar que el ajo es anticancerígeno

Un reciente estudio que analiza todos los trabajos anteriores pone en duda el vínculo entre su consumo y los beneficios para prevenir el cáncer.
propiedades-antibacterianas-del-ajo

Un proyecto de la Universidad Pompeu Fabra realizó una evaluación sobre las propiedades del ajo y el resultado aún es incierto respecto de su acción para prevenir el cáncer.

Se lo cultiva hace unos 7000 años y es uno de los principales ingredientes de la dieta mediterránea. En el siglo V a.C., Herodoto, el padre de la Historia, relataba cómo los esclavos egipcios comían ajo por su efecto fortalecedor y vigorizante y lo mismo ocurría con los atletas olímpicos de la Grecia clásica, los legionarios y los gladiadores romanos. Todos consumían ajo, alimento que tenía efectos maravillosos sobre su organismo.

Los conquistadores españoles lo ingresaron a América, en el siglo XV, sin embargo, hubo que esperar a 1990, para que, desde los Estados Unidos, se popularizara su uso como suplemento dietario.

En nuestros días, además de emplearlo como condimento en muchas comidas, se le atribuye al ajo propiedades especiales, entre ellas presuntos factores protectores frente a diversos tipos de cánceres. Con el fin de clarificar el tema, Nutrimedia, un proyecto del Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra, en colaboración con el Centro Cochrane Iberoamérica y la Fundación Española para la Ciencia y Tecnología, analizaron la abundante bibliografía científica existente.

Estudiaron la naturaleza de todos los documentos que vinculaban el consumo de ajo y suplementos derivados con un menor riesgo de cáncer (entre otros, se han estudiado los de colon, recto, próstata, estómago, boca, laringe y faringe) y llegaron a la conclusión de que el “efecto protector” es incierto, porque los estudios son observacionales y se necesitan ensayos clínicos más rigurosos que puedan ofrecer una respuesta más certera.

El hecho de que sean "observacionales" quiere decir que no existe una relación causa-efecto entre el presunto disparador de la cura o remisión de la enfermedad.

Según los investigadores el riesgo de padecer cáncer, del que según la Organización Mundial de la Salud, en 2018, se han contabilizado unos 8,1 millones de nuevos casos, se debe a múltiples factores, tanto genéticos como ambientales y de estilo de vida (mantener hábitos alimenticios adecuados puede prevenir en un tercio los casos de cáncer).

Te puede interesar