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«Abrimos la relación para que fuera más 'legal' que ella hiciera lo que quisiera»

SEXUALIDAD Sandra Palacios
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Cuenta Carlos (nombre ficticio) que abrió su relación para 'legalizar' las infidelidades de su pareja. Esta nueva (o quizás clásica) forma de entender los vínculos afectivos ha traído consigo una opción alternativa a la monogamia para compartir tu vida con la persona que amas de un modo distinto al que estamos acostumbrados. El problema viene cuando solo una de los dos partes está de acuerdo.

Estando dos años y medio juntos, cuando empezaron, el vínculo que compartían era cerrado, y así siguió hasta pasado el primer año. Las sospechas de una posible infidelidad comenzaron por el cambio de actitud de su pareja, sobre todo en la intimidad, y el uso abusivo del teléfono móvil. «Además, a veces me enseñaba su galería y veía fotos de ella frente al espejo en ropa interior, y yo no las había visto antes, por lo que eran para otra persona.


Sin embargo, ella me decía que simplemente se las hacía para sentirse mejor».

Carlos perdonó a su pareja dos infidelidades en la relación cerrada y tres cuando decidieron abrirla. «Me hacía sentir culpable y por eso la perdonaba siempre; estaba muy enamorado y cegado. Por otra parte, siempre me decía a mí mismo que no era suficiente para ella y que quizás por eso buscaba algo fuera. Por culpa de este pensamiento abrimos la relación, para que fuera más 'legal' que ella hiciera lo que quisiera. Aun así, no respetó los acuerdos a los que llegamos para abrir la relación, pero fue ella la que finalmente me acabó dejando; sabía que yo no era capaz de dar el paso».

Como declara Raquel Graña ( @intimasconexiones), psicóloga, sexóloga y coach educativa, en las relaciones abiertas suele darse el caso de que una parte de la pareja quiere y la otra no, pero esta cede para no perderla. «Esto es malo, porque al final no te estás escuchando y priorizando a ti mismo».

¿Tenemos claro qué es una relación abierta?
Una relación abierta –explica Ruth González Ousset, sexóloga y psicoterapeuta– se da cuando una pareja decide tener encuentros sexuales con otras personas. No obstante, estaríamos hablando solo de sexo, no de vínculos, porque en este segundo caso entraríamos en el término del poliamor.

Esos encuentros pueden ser delante de tu novio o no. «En este sentido, podríamos estar hablando de ' swingers', es decir, intercambio de parejas. Y en la actualidad hay muchos lugares para hacer este tipo de prácticas», apunta la sexóloga.

En cualquier caso, ambas expertas coinciden en que lo más importante en este tipo de relaciones es fijar unos límites. «Todas las partes tienen que saber qué quieren o qué no quieren; al salirse de lo normativo tiene que haber mucha comunicación», señala González Ousset.

Algunos ejemplos serían: no tener encuentros sexuales en casa, no repetir más de una vez con la misma persona, no quedar en sitios donde la pareja principal suele ir, no tener sexo con gente conocida… Y de lo más importante: si van a querer contárselo entre ellos o no, y respetar la decisión de la pareja.

Graña añade que habría que incorporar también algunos momentos de desconexión y de tiempo de calidad en los que sentarse a hablar y analizar cuál es el estado de la relación y compartir cómo te sientes con tu pareja o si hay algo que te ha dolido. «La comunicación debe ser muy clara y exhaustiva».

«Desgraciadamente veo a muchas personas que desde la infidelidad y la culpa quieren cambiar el modelo que tienen de relación. Quieren dejar de ser monógamos por un tiempo para no sentirse culpables de una infidelidad que ya han cometido o se han sentido atraídos mucho por otra persona y quieren tener un encuentro sexual esporádico y necesitan en cierta manera abrir la relación para 'tener ese permiso', manifiesta González Ousset. «Pero después no le hace mucha gracia que su pareja también lo pueda hacer»

Fuente: abc

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