¿Entrenarías de la misma manera si nadie te estuviese mirando?

SALUD Por Ana COHEN
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En general actuamos o nos comportamos basándonos en gran medida en quién tenemos alrededor. Siendo la misma persona y sin traicionar a ninguno de tus principios, estoy convencido de que te comportarás de una manera muy diferente con tus hermanos que con tus suegros, seguro que con tus amigos de toda la vida no estás de la misma manera que en el cumpleaños del jefe. Hay ciertos códigos, así que si entraras en un gimnasio sin una sola persona, sin una sola cámara, sin móvil ¿harías todo igual? Evidentemente no, pero más allá de lo obvio aquí reside uno de los mayores fraudes que nos hacemos a nosotros mismos a la hora de hacer ejercicio. Intentaré explicarme.

¿Conoces a Žydrūnas Savickas?

Casi seguro que no, aunque estoy mencionando al que posiblemente sea el mejor atleta de la historia del ‘Hombre más fuerte del mundo’, y también es el único competidor moderno que ha ganado cada uno de los principales títulos de Strongman que existen. Además de por su asombroso palmarés, este atleta es conocido por su manera de entrenar, que no es otra que hacerlo en soledad, en un gimnasio donde tiene toda la parafernalia necesaria para entrenar su disciplina, con una austeridad digna de trastero abandonado más que de un gimnasio de élite.

En el documental ‘Born Strong’ (no te lo pierdas) le preguntan concretamente sobre esta manera de entrenar y él contesta que si eres capaz de hacer un esfuerzo bajo esas condiciones, cuando llegue el momento de la competición con toda la presión del ambiente y el ánimo del público, puedes repetirte mentalmente ‘esto ya lo he hecho cuando nadie miraba’.

No creo que puedas imitar las condiciones de entrenamiento de Žydrūnas, es muy difícil que tengas un gimnasio para ti donde nadie entre ni te moleste para nada, incluso si entrenas en el garaje de tu casa, siempre hay alguien mirando ¿Dónde quiero acabar? Bien, supongamos que entras en un gimnasio a una hora en la que la ocupación es razonable, hay gente suficiente para que no tengas sensación de vacío pero puedes elegir la máquina que quieras sin esperar ni que nadie te espere a ti. Hay varios grupos muy diferenciados, esas tres o cuatro personas que pueden llevar horas subidas a las cintas de correr y las elípticas, una clase colectiva en la sala del fondo, una o dos personas muy concentradas que claramente se percibe que saben lo que están haciendo… Y el otro perfil, el que sabe, o se imagina, que hay gente mirándoles. Y si nadie lo hace se ponen manos a la obra para cambiar esa situación.

Es una escena habitual, no me digas que no la has visto alguna vez: esa persona que llega a una máquina, la rodea un par de veces, coloca su toalla, prueba a sentarse, busca un lugar estratégico para su bidón de las protes, prueba el agarre, recoloca y ajusta la máquina, revisa el móvil, contesta un mensaje, vuelve a probar y recoloca de nuevo la toalla aunque ahora con gestos corporales mucho más atléticos, más cachas (y no ha empezado). Hace su particular serie de aproximación y parece que va a empezar a entrenar cuando todo el proceso se congela porque tiene que poner el teléfono a grabar. Tras su serie, para, revisa el vídeo y si ha quedado todo bien, elige el filtro y comparte entre sus redes con un animoso ‘vamos Warriors, aquí estoy dándolo todo’. Si no hay un teléfono por medio, siempre puede gruñir mucho en cada repetición o soltar el peso estrepitosamente para que alguna cabeza se gire alarmada. También hay gente que se va grabando mientras corre o camina, no es algo exclusivo de los gimnasios.

Quizás la pregunta más profunda sería la de por qué alguien necesita esta aprobación y/o atención social. Compartir parte de nuestras aficiones y gustos es hasta cierto punto normal, pero hay muchas personas que dan parte de lo que hacen a cada minuto ¿De verdad crees que es necesario un directo de tu visita a la fuente para beber un batido de proteína? Intenta imaginar cómo era tu vida antes de los teléfonos móviles actuales y del boom de las redes sociales ¿Llevarías una cámara de vídeo a diario para grabarte y al llegar a casa volcarías el contenido a tu ordenador para enviar un correo electrónico a todos y cada uno de tus contactos?

Entonces, ¿qué pasaría si nadie estuviera mirando? ¿Cómo entrenarías? Si nadie estuviese mirando, y entendamos el mirar no solo en su sentido literal, sino también en el figurado; entrenaríamos para nosotros mismos y punto. El objetivo de lo que haces es el de conseguir la adaptación física que mejora aquello que cada cual necesita o quiere cambiar. Si esto te parece una chorrada no me extraña que sientas cierto vacío al poco tiempo de apuntarte a un gimnasio, o al empezar a hacer ejercicio en general. Hay muchos días en los que no ocurre nada, solo sudas, te esfuerzas, se pasa relativamente mal y no hay un pódium al final de tu sesión, ni una grada llena de gente aclamándote. Llegas, entrenas, estiras, te duchas (por favor) y te marchas. Siento decir que no hay mucho más.

Los adolescentes que descubren el gimnasio no recuerdan una vida sin móvil. Han crecido batallando con sus padres por el tiempo que pasan con su vista pegada a una pantalla. El deporte, salvo que te dediques de manera profesional, es ocio en cierto modo y en ese territorio el uso del móvil es casi hasta lógico, pero al igual que apartarías tu móvil cuando quieras concentrarte para estudiar, o dejas de hablar con quien tienes al lado para ver tu serie favorita, hay un momento del entrenamiento que debería ser tuyo, un ratito de tu día donde no preocuparte de quién te está mirando y mucho menos para que te asegures de que alguien se fija en ti. Esto no es solo una cuestión de intimidad o de ser más o menos sociables, se trata de resultados y de usar nuestro tiempo de manera eficiente. Toma conciencia de lo que haces cuando practiques ejercicio, saca partido a cada minuto de entreno y que la fuerza te acompañe.

Fuente: abc

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