Dieta Dash: en qué consiste el plan de alimentación para controlar la hipertensión arterial

DIETAS Por Alejandro Horvat
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La hipertensión arterial (HTA) es el factor de riesgo cardiovascular más frecuente en la Argentina. Según el Ministerio de Salud de la Nación, en el país afecta a una de cada tres personas adultas. Frente a este problema, hay una dieta que en la década del noventa bautizaron con el nombre de Dash por sus siglas en inglés (Dietary Approaches to Stop Hypertension), cuyo objetivo central es regular la HTA a través de la alimentación, una propuesta que requiere de buena conducta por parte del paciente, pero que, afirman los especialistas consultados por LA NACION, trae importantes beneficios.

La dieta Dash sobre todo se enfoca en reducir el consumo de sodio. A nivel local, por día se suele consumir más del doble que el recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es cinco gramos. El abanico de alimentos sugeridos para este régimen son las frutas, las verduras, los lácteos descremados, las proteínas magras, y los frutos secos, entre otros. Por supuesto, según la necesidad del paciente, hay versiones más estrictas que otras y, en todos los casos, el alcohol, a diferencia de lo que sucede con otras dietas saludables (aunque no baja en sodio), como la Mediterránea, no está indicado.

Según Pablo Rodríguez, jefe de la clínica de Hipertensión Arterial del ICBA Instituto Cardiovascular, el argentino promedio consume 12 gramos de sodio por día, mientras que la versión más laxa de la Dash permite solo seis gramos de sodio y la más estricta desciende a cuatro. Por supuesto, el especialista aclara que esta dieta no es suficiente para controlar la presión en pacientes con hipertensión moderada o alta. Para esos casos, el plan de alimentación deberá estar acompañado de la medicación correspondiente.

“Esta dieta nace de una investigación en la que se demostró que baja la HTA. Se enfoca en tener un bajo contenido en sodio y una alta cantidad de nutrientes o electrolitos que pueden contribuir a bajar la presión. Otra cuestión importante es la relación entre la ingesta de sodio y de potasio, porque el potasio contrarresta el efecto del sodio y los argentinos solemos consumir 16 veces más sodio que potasio”, describe Rodríguez.

Y agrega: “El potasio se encuentra en la banana, el brócoli, el tomate, las hojas verdes oscuras, el pepino y algunas legumbres. Pero hay que ser cauto con el potasio porque si te vas a valores altos puede ser complejo. Nosotros no recomendamos nunca tomar un comprimido de potasio por día, salvo que el paciente tenga un déficit importante”.

Rodríguez explica que el sodio aumenta la presión arterial por la retención de líquidos que genera. “La retención de agua provoca alteraciones que aumentan la presión. Por eso, por ejemplo, es que los diuréticos sirven para bajar la presión. El sodio además hace que los mecanismos de relajación de la pared vascular se alteren y genera una tendencia mayor a la vasoconstricción, como también puede perjudicar el funcionamiento de los riñones”.

El especialista indica que muchos productos se denominan bajos en sodio cuando tienen cerca de 120 miligramos cada 100 gramos de alimento, y recomienda mirar las etiquetas de los alimentos para no consumir sal en exceso. “Hay algunas páginas donde uno puede buscar la cantidad de sodio que tiene cada alimento. Un producto que se consume muchísimo y tiene un altísimo contenido en sodio son los sobres de sopa, aunque sean los catalogados como light. Una de esas sopas tiene aproximadamente 450 miligramos de sodio en un sobre que contiene 8,3 gramos de producto. Otro alimento que también solemos consumir frecuentemente y tienen un gran exceso de sodio son los panificados, es decir, las tostadas que se venden en paquete o los panes industriales. Lo que recomendamos en estos casos es comprar panes sin sal”, detalla Rodríguez.

Liliana Medvetzky, nutricionista del Hospital Británico, advierte que el 70% del sodio que ingieren los argentinos proviene de los alimentos procesados o envasados, mientras que el 30% restante responde al que las personas agregan al cocinar o comer. Por eso, la especialista recomienda la dieta Dash, en donde se consume casi exclusivamente alimentos de origen natural.

“Para hacer la dieta es recomendable comer medio plato de verduras al mediodía y otro a la noche, no más de 200 gramos de carne por día (pescado, aves sin piel o carnes magras) y tres frutas. También se pueden consumir frutas disecadas o enlatadas, pero sin azúcar. Entre las verduras, es bueno sumar algunas que contengan almidón, como la papa, la batata o las legumbres. En cuanto a los lácteos, deben ser descremados”, argumenta Medvetzky.

La especialista también propone distintos métodos para comer con cada vez menos sal, como no llevar el salero a la mesa, cocinar sin este condimento y solo agregárselo a los alimentos cuando están servidos y reemplazar la sal por el limón u otros aderezos bajos en sodio. Además, resalta que el consumo de sal es cuestión de costumbre y con solo empezar a reducir su uso en pocas semanas la persona se va a acostumbrar y podrá sentir con mayor intensidad otros sabores.

“Por supuesto, hay pacientes que deben hacer regímenes más estrictos que otros, pero en líneas generales si un paciente cumpliera con este plan de alimentación en un 70% u 80% y le sumás una caminata de 30 minutos por día, va a mejorar notablemente su salud cardiovascular”, agrega Medvetzky.

¿Cómo leer las etiquetas?
Por su parte, Rocío Archain, nutricionista del Centro de Hipertensión del Hospital Austral, describe que un gramo de sal tiene 400 miligramos de sodio, por lo que, según lo recomendado por la OMS, se podrían ingerir cerca de 2000 miligramos de sodio cada 24 horas en un adulto sin patologías de base. Mientras que en un paciente con HTA se recomienda consumir dos gramos de sal por día, dependiendo del caso.

“Algo que implementamos para que los pacientes puedan interpretar las etiquetas, es que el producto, para ser considerado bajo en sodio, debe tener menos del 3% del valor diario que deben consumir. Si vamos al Código Alimentario Argentino, allí se establece que para que un producto sea bajo en sodio tiene que tener menos de 120 miligramos de sodio cada 100 gramos de alimento, y muy bajo en sodio, es menos de 40 miligramos cada cien gramos de alimento. Luego hay alimentos reducidos que tienen un 25% menos que el producto original, pero aun así puede seguir teniendo un alto contenido de sodio, por ejemplo, el caso de un embutido”.

Fuente: La Nacion

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