El clítoris: qué es, dónde está y cómo estimular el órgano del placer de la mujer

SEXUALIDAD Por Joanna Guillén Valera
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Solo entre el 20% y el 25% de las mujeres llega al orgasmo exclusivamente a través de la penetración vaginal, un dato que debería hacer pensar (tanto a hombres como a mujeres) en otras formas de excitación y estimulación, sobre todo, a los hombres. Esta forma de relaciones sexuales sigue siendo la más habitual y tal vez la más placentera para los hombres pero ¿qué ocurre con las mujeres? ¿esta es la mejor forma de estimular a la mujer? Según los sexólogos, la respuesta a esta pregunta es “rotundamente no”.

De hecho, la mujer tiene muchas zonas erógenas que, estimulándolas,  pueden asociarse con orgasmos. La buena noticia es que no hay que irse muy lejos para lograrlo. No hace falta buscar y estimular el punto G para lograrlo ya que hay vías más sencillas y que apenas se estimulan durante las relaciones sexuales como el clítoris. 

Diversas investigaciones apuntan que solo 3 de cada 10 mujeres llegan al orgasmo a través del coito pero cuando se produce la estimulación del clítoris, 8 de cada 10 llegan al clímax, al orgasmo o experimentan placer. 

Y esto es así porque, el clítoris es un órgano mucho más sensible que el pene y el glande ya que “se ha comprobado que tiene el triple de terminaciones nerviosas por lo que, en teoría la mujer debería llegar al orgasmo antes y de forma más intensa”. 

Como explica Dora Alb Lucano, especialista en Obstetricia y Ginecología y responsable de la Unidad de Terapia Sexual de los hospitales Quirónsalud Sagrado Corazón y Quirónsalud Infanta Luisa de Sevilla,  “el órgano donde se inicia el orgasmo es el clítoris que es el que recibe los impulsos nerviosos y los transforma en esos espasmos musculares que se traducen en la percepción máxima de placer”. 

El clítoris, señala Jen Gunter, obstetra y ginecóloga y autora del libro La biblia de la Vagina, “posee una sola función, el placer sexual”. De hecho, afirma, “es la única estructura de todo el cuerpo humano diseñada para el disfrute. 

El clítoris de hecho, es el único órgano que solo se dedica a la obtención de placer y no comparte otra funcionalidad por lo tanto no puede “enfermar “como tal. "Con lo cual hay menos enfermedades que pueden alterarlo y producir anorgasmia por su causa. Solo una enfermedad orgánica o psicológica que altere la fase de deseo o la excitación puede afectar en el orgasmo como algo secundario. Eso no pasa en su contrapunto masculino que es el pene ya que este también participa del aparato urológico como emisor de orina y del reproductivo como emisor del semen”, señala la ginecóloga.

¿Dónde se encuentra?
Según la Asociación Española de Ginecología y Obstetricia, el clítoris “se encuentra envolviendo el túnel vaginal, extendiéndose las terminaciones nerviosas hasta los muslos y formando parte de la vulva”. Y es que, esta zona del cuerpo femenino tiene más de 8.000 terminaciones nerviosas, el doble de las que tiene el pene masculino. Por lo que es una zona muy sensible al placer. “Consta de tejido eréctil, músculo y terminaciones nerviosas. Todo este conjunto es lo que da lugar al orgasmo”, señalan desde la sociedad. Aunque por fuera parece pequeño, el clítoris puede tener una longitud de entre 7 y 10 cm incluyendo el cuerpo cavernoso, ya que casi tres cuartas partes de él están escondidas dentro de la vagina.

Para estimularlo de forma adecuada en pareja, explica Valerie Tasso, sexóloga y portavoz de Lelo, “hay que imaginar que el clítoris está dividido en cuatro y debemos posicionar el pulgar sobre la zona superior derecha y moverlo con pequeños círculos”. Es importante prestar atención a la velocidad y a la intensidad que variará según el momento del acto sexual ya que los cambios de ritmo pueden generar una sensación muy placentera o incómoda.

Cómo sabemos que tenemos un orgasmo
En circunstancias normales, explica María Magdalena Orosan, especialista en Sexología y Psicología, en el Centro Psicopartner, “todas las mujeres pueden tener orgasmos, siempre y cuando no haya factores físicos ni psicológicos que lo imposibiliten” y hay que saber que el clítoris, aunque importante, no lo es todo. Y esto es así porque la respuesta sexual femenina,  “tiene diferentes fases y para llegar al orgasmo es importante que previamente haya deseo y/o receptividad ante las relaciones sexuales”, detalla Orosan. 

Después se pasa a la fase de excitación, “donde hay cambios físicos, como un aumento de la frecuencia cardiaca, el rubor en las mejillas o el aumento de la lubricación vaginal y posteriormente se da paso a la meseta, una fase en la que es necesario que la excitación siga estando activa y además se necesita mantener una estimulación constante para preparar el cuerpo de la mujer para el orgasmo”. Como se puede ver, “antes de la fase del orgasmo propiamente dicha se tienen que dar unas condiciones para que el mismo se pueda conseguir y esto implica permitirse disfrutar de las distintas sensaciones y mantener una estimulación adecuada”. Para ello “tenemos que estar centradas de cuerpo y mente en el proceso y ser conscientes de nuestras sensaciones”.

En cuanto a la pregunta de cómo sé si tengo o no un orgasmo, Valerie Tasso, sexóloga y portavoz de Lelo, señala que “explicar un orgasmo es muy difícil porque es algo inefable y no tiene palabras. Es más, se suele recurrir a la poesía para hablar de esta sensación”.

La sexóloga siempre dice que “el orgasmo es de las cosas más oscuras de definir y más inequívocamente claras de sentir” y que “el orgasmo es el gran comedor de palabras. Sólo permite el gemido, el aullido, la expresión infrahumana, pero no la palabra”. En resumen, “un orgasmo se siente y cuando ocurre se sabe”. Algunos signos de que se tiene orgasmo son el cambio en el ritmo cardíaco y la aceleración de la respiración. Además, produce contracciones musculares en el área de la pelvis. 

Los autores del documento, Definición, tipos y fisiología del orgasmo femenino durante el orgasmo se producen numerosos cambios psicológicos, neurológicos, fisiológicos, vasculares y hormonales en la mujer:

Elevación del útero.
 
Lubricación vaginal.
 
Dilatación y aumento de tamaño de la vulva.
 
Aumento en la secreción de las glándulas exocrinas del tracto urogenital.
 
Aumento del aporte sanguíneo a los órganos genitales.
 
Erección del clítoris. 
 
Contracciones intermitentes en la musculatura de los genitales.
 
Aumento de la presión arterial, ventilación pulmonar y del ritmo cardíaco.
 
Rubor en las mejillas
 
Elevación de los umbrales de dolor en algunas partes del cuerpo.
 

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