Abuso infantil: señales de alarma que todo adulto debería tener en cuenta

SER PADRES Por Maia Casares
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Hablar de abuso infantil genera un sinfín de dolorosas y oscuras sensaciones: malestar, bronca, enojo, impotencia, entre tantas muchas otras emociones negativas que despierta en uno el solo hecho de pensar que algo así -tan aberrante y repudiable-, pueda existir en el mundo.

Semejantes situaciones avivan en uno el instinto animal que generalmente, en la normalidad, llevamos anestesiado o adormecido. Nos sacan lo más impensado que uno puede llegar a hacer para resguardar y proteger a nuestros niños, para alejarlos de estos seres tan oscuros y perversos que son los victimarios.

Lamentablemente, el abuso infantil existe y más de lo que pensamos: se manifiesta a través de la sexualidad, el abandono, el destrato, y la violencia verbal y física. Puede suceder dentro o afuera del hogar: en la propia vivienda de la víctima, en la de sus familiares, conocidos o desconocidos, en jardines, escuelas, colonias, clubes, hogares de menores, etcétera.

Para el victimario, no importa si la víctima es allegada o ajena a su vida cotidiana. Tampoco importa si es menor de edad, niño o niña. Le importa el sometimiento, su autosatisfacción, alimentar su impulso desenfrenado, pero sobre todo lograr el silencio de la víctima: que ninguno lo delate ni lo deje al descubierto. Es por eso que manipula, obliga al silencio mediante el miedo, la amenaza y la hostigación, y, de esa manera, ejerce más y más violencia.

La realidad es que nuestros chicos, durante su infancia y crecimiento, están constantemente expuestos a adultos que pueden dañarlos para siempre. Es por eso que los profesionales de la salud advierten sobre la importancia de estar atentos a algunas de las señales que podrían indicar que algo no está bien en ellos, que alguien les está haciendo daño, arrebatándoles su confianza, ingenuidad e inocencia, oscureciendo su infancia y quitándoles de prepo toda la felicidad. Para eso, hay que informarse, pero sobre todo prestar mucha atención a sus comportamientos, detectar posibles síntomas, y derribar barreras de negación, es decir, acercarnos mucho, observar y hablar con nuestros niños.

¿Qué es un abuso?
Gisela Chiesi (M.N. 18. 944), licenciada en Psicología egresada de la UBA, coordinadora de grupos y especialista en Gestalt, explicó que en el abuso “siempre hay una práctica sin consentimiento”. Como señalamos anteriormente, se puede dar mediante fuerza, poder, amenazas, lviolencia, abandono, sexualidad, o a través de la alteración de la conciencia de la víctima.

Abuso sexual infantil
Para el psicólogo y psicoanalista Daniel Fernández (M.N.: 41.671), el abuso sexual infantil “es sumamente traumático, a tal punto que perturba la vida de quien lo padeció no solo en la infancia sino, incluso, más tarde en su vida adulta”.

Dicho trauma suele darse en dos tiempos: “En principio, puede que el niño/a no registre la gravedad de lo que está sucediendo en el momento del abuso sexual dado que, por su corta edad, no cuenta con el conocimiento como para saberlo”.

“Sin embargo, a medida que va creciendo y va aprendiendo sobre sexualidad, es entonces que resignifica y comprende realmente el abuso sexual que sufrió y es ahí cuando se vuelve altamente traumático. Por ello, lo mejor que los padres pueden hacer al detectar que un hijo/a pequeño ha sido abusado sexualmente es procurar no alarmarlo/a. ¿Para qué? Para que el niño/a disminuya la gravedad del hecho y así haya posibilidades de que el trauma sea menor”, explicó el especialista.

Por su parte, el psicólogo clínico Andrés Alberto Spizzo (M.N. 47.729), sostuvo que, con un episodio de abuso sexual infantil, el aparato psíquico de la víctima -o en términos estrictamente freudianos su mente-, “padece un sismo”.

Y argumentó: “Podemos pensar el epicentro de ese sismo al cuerpo todo, pero también a la mente. ¿Y que configura un abuso? Un niño es vulnerado en su confianza por otro sujeto que tiene una finalidad de tipo sexual y para ello, utiliza una coerción determinada, ya sea sexual, emocional o física, aprovechándose de un poder desigual y para nada recíproco con la víctima, que se encuentra desprotegida y a merced de ese sujeto aberrante”.

“El niño abusado es vulnerado en su derecho más íntimo: el derecho a su integridad e intimidad. Muchas veces quien perpetra esa aberración es un sujeto cercano al niño, en ocasiones miembro de su propia familia. Esta particularidad hace que el menor sienta que denunciar a su violador implica la ruptura familiar. El abuso se naturaliza y la víctima vuelve a serlo en un siniestro loop”, explicó.

En esa misma línea, el especialista advirtió que la gran victoria del abusador es el silencio de la víctima, quien a su vez teme que hablar quebrante el “pacto” de estrago entre ambos. “Muchas veces la palabra del niño no es acreditada por otros miembros de la familia o de la propia sociedad. Ahí es donde nuevamente el abuso se reedita y naturaliza”, dijo.

Y agregó: “El niño podrá hablar y ser acreditado en lo que dice o podrá callar, cercado por el sentimiento de sentirse culpable, o podrá escapar del individuo perverso y en un ilusorio juicio sumarísimo, pretender olvidar, sin saber que no hay olvido sino irrupción de lo sintomático en todas las formas posibles, con el tiempo síntomas cada vez más ajados y caricaturescos. No olvidemos que el síntoma es aquel comodín al que apela la conciencia para tratar de tapar lo traumático y ominoso que nos adviene desde lo más profundo de nuestra psique. Siempre sin éxito”.

Abuso sexual infantil: consecuencias psicológicas en las víctimas
Fernández explicó que el abuso sexual infantil no solo tiene consecuencias psicológicas durante la infancia, sino que pueden manifestarse en el trascurso de la vida. “De hecho, personas adultas que han sido abusadas de pequeñas continúan teniendo los efectos de dichos abusos. A veces es un sentimiento de culpa injustificado que no les permite hablar de lo sucedido ni denunciar hasta mucho tiempo después. Pero casi siempre arrastran una autoestima baja, profunda desconfianza del resto y dificultad para relacionarse a nivel pareja”, precisó.

Por eso, y como dijimos al comienzo del artículo, poder detectar posibles signos de alerta de abuso infantil, ayudará a acompañar a los menores y a ponerle punto final a estos hechos aberrantes.

Para Fernández, es importante -para que los padres estén alertas-, que sepan que “el predador sexual (perverso) suele acechar a las víctimas que le son cercanas”. Por eso, es que “los abusos tienden a ser cometidos por personas próximas a la familia y por quienes tienen contacto frecuente con el niño/a”, insistió.

Y agregó: “Además, la víctima suele ser amenazada para que no cuente los hechos, por lo cual los padres deben estar atentos a ciertos indicadores que podrían dar cuenta de que un hijo/a puede estar sufriendo de abuso”.

Abuso sexual infantil: signos de alerta
“Más allá de lesiones a nivel físico visibles, también debemos reparar en cualquier cambio en la personalidad y en las conductas de ese niño/a. Algo que debe llamarnos la atención es que hable o dibuje partes del cuerpo vinculadas a la genitalidad y que debería desconocer debido a su corta edad. También debemos estar alertas si el niño se muestra más retraído que de costumbre o si manifiesta temor respecto de alguna persona adulta en particular”, detalló el psicólogo.

Según especificó, puede que aparezcan conductas regresivas (enuresis, encopresis, etcétera), pesadillas, dificultad para conciliar el sueño, ensimismamiento, trastornos de la alimentación, dificultad para concentrarse en la escuela, conductas violentas, estados depresivos, mayor necesidad de estar cerca de los padres, etcétera.

Chiesi coincidió con su colega y enumeró otros síntomas ante los cuales los adultos deben estar atentos. “Los indicadores más evidentes, donde podemos darnos cuenta de que algo malo está pasando, son las conductas alteradas y los cambios de personalidad del menor. Esto quiere decir: no duerme bien (pesadillas que le hacen tener una sensación de alteración, un exceso de miedo y temor; alteraciones en la frecuencia y cantidad de horas de sueño), no come bien y socialmente se encuentra retraído”.

Además, añadió que otros síntomas visibles a tener en cuenta son: hiperactividad, fobias, sensación de evitación, dolores estomacales, dolores musculares, en los genitales, sangrados tanto en la zona genital como en la anal, golpes, moretones, marcas, inflamaciones, enrojecimiento, infecciones urinarias, marcas en los lugares más íntimos, flujos raros, eneuresis (hacerse pis en la cama), ecopresis (hacerse caca encima), chuparse el dedo, buscar muñecos de apego, exceso de angustia, llanto descontrolado, frecuente y sin origen identificado.

“El juego y la fantasía también se ven alterados. En los casos de menores abusados, la fantasía y la forma de jugar espontánea empieza a ser una forma que tiene características estereotipadas, que son repetitivas. Se ve violencia con juguetes, en dibujos, con compañeros, etcétera. También, puede haber una erotización temprana, juegos que ponen en evidencia conductas hipersexualizadas, masturbación compulsiva (ya no es la exploración común), cambios en el habla, etcétera”, detalló.

Chiesi explicó que los niños víctimas de abuso (sea sexual, violencia, etcétera) intentan denunciar a su victimario de alguna manera, con señales que los adultos deben aprender a interpretar. “Siempre hay que estar atentos, pensar el hábito de poder abrir espacios de escucha, de mirada y empezar justamente a hablar de la sexualidad como un tema de la comunicación y que no debe tener ninguna connotación sucia, mala o prohibida”, insistió la especialista.

“Asesorar a los padres y a los docentes es sumamente importante para evitar esos aberrantes hechos. Cuantos más espacios haya donde los niños se puedan sentir libres de expresarse, más confianza y libertad sentirán los menores para expresar lo que les pasa. Hay que hablar con ellos desde la temprana edad y mostrarles en juegos y en juguetes lo que se puede y lo que no se puede, explicándoles por qué. Abrir un espacio donde el niño pueda preguntar absolutamente todo lo que necesite”, enfatizó.

En tanto, Fernández indicó que es importante tener en cuenta que no solo los padres deben estar atentos a estos indicadores, sino incluso los docentes. “Muchas de las veces, son estos últimos los que detectan situaciones de abuso que padece un niño/a dentro de su propio hogar. Por eso es sumamente importante que todo el entorno del menor esté alerta”, aseveró.

Solo y solo así podremos proteger y resguardar a los pequeños, contenerlos y ayudarlos. Solo y solo así podremos identificar a los victimarios, acusarlos, condenarlos y encerrarlos. Solo y solo así podremos algún día gritar a los cuatro vientos: ¡Con los chicos, no!

Fuente: TN

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