Refrescos, bollería y helados: cómo convertirlos en opciones saludables

NUTRICIÓN Por Ana Cohen
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Para comer bien y sano es necesario cocinar en casa. Tal vez suene algo ‘radical’ en estos tiempos de prisas, trabajos absorbentes y jornadas eternas, pero es la realidad. Los ingredientes naturales, tal como se presentan en la naturaleza (o promovidos y distribuídos por empresas sostenibles, con componentes naturales y de calidad), combinados de mil y una formas, son la fuente de energía, vitaminas y minerales que necesitamos. Y si lo hacemos personalmente y de forma equilibrada podremos además controlar de una manera perfecta lo que comemos, tanto en cuanto a la cantidad como a la calidad, regulando así nuestro peso, evitando posibles intolerancias y sintiéndonos mejor en general. Además, estaremos evitando condimentos químicos, conservantes artificiales y, por supuesto, productos ultraprocesados (normalmente cargados de azúcares, sales y calorías vacías).

Si no lo haces habitualmente y decides a cambiar esos hábitos y empezar a cocinar en casa notarás sin duda la diferencia. Para empezar, disfrutarás del proceso, desde el momento de la compra y elección de los ingredientes hasta ponerlos en la mesa y paladearlos. Y lo mejor es que todo esto no significa que tengamos que despedirnos de algunos alimentos que nos gusten o que nuestra dieta semanal tenga que ser aburrida, sino todo lo contrario. Casi todo lo que encontramos envasado en el supermercado podemos sustituirlo por una opción casera. Aquí os dejo algunas ideas:

Refrescos caseros
Todos los envasados, sin excepción, son productos procesados y por tanto dañinos (incluso los que presumen de ser ‘light’ o sin azúcar). Preparar refrescos en casa es tan fácil como agua y fruta (mejor las ricas en agua como la sandía, pero casi cualquiera puede valer), puedes añadir un toque de limón o lima para refrescar aún más y, si te gusta el sabor dulce, un poco de miel o de sirope de arce. Y tampoco tienes que renunciar a las burbujas: añade un poco de agua con gas a tu mezcla preferida justo antes de servirlo.

Repostería casera
Galletas, muffins o magdalenas, bizcochos, tortitas… En cualquier parte puedes encontrar recetas para hacerlas en casa. Aquí lo que recomiendo es utilizar harina de avena (para evitar así la de trigo refinada, que nos hincha y nos provoca esos adictivos y nada deseables picos de energía), ya que con ella disfrutarás igual de esas delicias que te gustan, y además obtendrás sus beneficios en mejora del tránsito intestinal, de la salud del corazón, la piel, el pelo y las uñas. El único inconveniente de la pastelería casera es que, claro, no dura tanto en la despensa como la empaquetada, por eso te recomiendo hacer solo un bizcocho o una bandeja de magdalenas los domingos, y te aseguro que a mitad de la semana tu familia las habrá terminado en los desayunos y meriendas. ¡Ah, y añade fruta!, de ese modo podrás evitar por completo el uso de azúcares u otros edulcorantes.

Barritas de cereales caseras
Si utilizas cereales y frutos secos ecológicos solo tendrás que mezclarlos con un poco de huevo y leche para aglutinar y darles forma en el horno. A las almendras, avellanas o nueces puedes añadirles semillas como las de sésamo o lino, para un plus de minerales y fibra. También puedes incorporar chocolate puro, si te gusta el sabor. Nada de conservantes, nada de procesos químicos, ¡y mucha energía!

Helados caseros
Con cualquier fruta y un poco de leche (puede ser bebida vegetal), puedes preparar deliciosos helados caseros. Si quieres endulzar solo tienes que añadir pasta de dátiles, y también te recomiendo un poco de ralladura de limón como conservante. Experimenta con tus sabores favoritos y ya no querrás probar otros helados.

Bebidas vegetales caseras
Estamos de acuerdo en que los bricks son cómodos y fáciles de usar, y en que la oferta de bebidas vegetales (mal llamados ‘leche’ de soja o de avena) ha aumentado tanto en cantidad como en calidad pero, como siempre decimos, cualquier producto que nos vendan envasado tendrá azúcar, ácidos conservantes, saborizantes y muchos otros elementos que no necesitamos. Prueba, por ejemplo, la leche de almendras casera: almendras y agua, nada más. Solo tienes que machacar bien o batir las almendras que previamente habrás macerado en agua durante varias horas (unos 100 gramos por litro), colar la mezcla y estará lista para tomar.

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