Los problemas gastrointestinales son más frecuentes en chicos con trastorno del espectro autista

SER PADRES Por Amalia Pinto
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Es frecuente que la ira, la agresión y otras conductas problemáticas de los niños con trastorno del espectro autista (TEA) se asocien con alteraciones psicológicas. Sin embargo, hay casos, donde ese comportamiento se debe a una disfunción gastrointestinal.

“Se postulan diversas teorías respecto al desarrollo de los síntomas gastrointestinales y los mecanismos subyacentes que los ocasionan. Me refiero a la disbiosis intestinal, la parasitosis, las alergias o intolerancias alimentarias, entre otras dolencias que fueron avaladas por diversos trabajos de investigación”, afirma Julián Fernández (M.N. 121.232) gastroenterólogo pediátrico, investigador principal del proyecto de investigación “Trastornos del espectro autista y trastornos digestivos funcionales” del Hospital Materno Infantil Dr. Florencio Escardo de Tigre.

El concepto de que la función cerebral depende de actividades que ocurren en el tracto gastrointestinal no es algo nuevo. En el entorno de la salud gastrointestinal, el enlace cerebro-intestino puede demostrarse con un simple ejemplo: la ingestión de substancias como el alcohol o medicamentos

“Identificar estos problemas gastrointestinales en los niños con TEA puede ser un gran desafío para el profesional de salud, sobre todo en los niños no verbales o con alteración en la integración sensorial”, señala Fernández.

El tracto gastrointestinal
El tracto gastrointestinal es la interfase biológica con la cual el ser humano se conecta con el mundo circundante. Su función primaria es absorber moléculas externas e incorporarlas al cuerpo.

El proceso comienza inmediatamente después de la ingesta de alguna sustancia, disparando el complejo mecanismo de absorción, mediante el cual los alimentos y demás son degradados a la condición de moléculas simples a través de la masticación, la actividad de las enzimas salivales, las gástricas, el ácido estomacal, otras sustancias presentes en el duodeno, el aporte del páncreas y de la bilis.

El objetivo de todo este proceso es que el intestino delgado pueda absorber esas minúsculas partículas, para lo cual es imprescindible que la arquitectura de las paredes intestinales esté en buenas condiciones.

En algunos casos de autismo hay mutaciones genéticas que inhiben una sustancia denominada serotonina, neurotransmisor que permite la comunicación entre neuronas, además de otras funciones (tendría que ver con el estado de ánimo, las emociones, el apetito, la digestión y más). Lo sorprendente es que apenas el 5% de dicha sustancia se encuentra en el cerebro, mientras que la mayor parte está radicada en el sistema gastrointestinal, por lo cual cualquier cambio al respecto incide en ambas locaciones.

“Los síntomas más frecuentes suelen ser: constipación, diarrea, dolor o distensión abdominal, náuseas y vómitos, afectando entre un 60% y 90% de los niños”, remarca el gastroenterólogo y aclara que habrá que tener en cuenta que los síntomas podrían tener una presentación atípica, evidenciándose por cambios en el comportamiento, ansiedad o desórdenes del sueño.

“Con la intención de conocer con mayor detalle la prevalencia de estos trastornos digestivos funcionales en niños del espectro autista, se está llevando un estudio multicéntrico en diversos países de Latinoamérica”, concluye el experto.

Fuente: TN

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