Cómo explicarles la muerte a los chicos

SER PADRES Por Adriana Grande
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La vida lleva implícita la muerte y, sin embargo, ¡cuánto nos cuesta aceptarla! Y más aún explicarla a nuestros hijos pequeños. Siempre la muerte cercana será una oportunidad para que los padres actuemos como “referentes de verdad”.

Mentir u ocultar nos ubica como “adultos no creíbles” y eso es grave. Los niños “toleran” todas las verdades, siempre que sean transmitidas adecuadamente según su edad y entendimiento. La palabra justa para su momento vital.

Dos ejemplos de relatos sobre la muerte
Muchas veces hablaremos de la muerte de diferentes formas, según sea la edad de nuestros hijos. Algunos ejemplos que vi en mi consulta:

Un nene de 3 años subía a una escalera muy alta para su edad y su mamá le preguntó:

-¿Qué estás haciendo?

-Tratando de llegar al cielo, así veo a Laica (era su perra que había muerto).

Le dijeron que Laica se fue al cielo y él la busca en el cielo.

Otra niña empezó con temores cada noche cuando tenía que irse a dormir. Cuando se le preguntó qué le pasaba, contestó que el abuelo se fue a dormir y nunca más volvió. Al morir el abuelo, le habían dicho que “se había dormido” y ahora ella tiene miedo de irse a dormir y también desaparecer.

Estos dos ejemplos nos muestran que los niños pequeños tienen un pensamiento concreto y toman cada palabra de manera literal.

Las versiones de la muerte
Hay distintas versiones de la muerte que decimos sin medir las consecuencias: se fue de viaje, se fue a trabajar, se fue a vivir a otro país, entre otros ejemplos. Todas son formas de no poder decir la verdad por temor a que nuestro pequeño sufra demasiado. Es comprensible, pero es nocivo, tenemos que saber que causamos un mal mayor.

Otra situación que se planteó en el consultorio: ”En casa nunca más hablamos del padre/de la hermana. Es como si nunca hubiera existido”.

En estos casos no se le puede poner palabra a la ausencia. Es una muerte que nos deja mudos. Cuando no podemos nombrar lo que pasa, clausuramos una realidad y sus consecuencias.

Intentamos ingenuamente tapar el sol con la mano, privando al niño de saber la verdad, de poder sentir el abanico de sentimientos que convoca el duelo (duelo significa dolor): tristeza, nostalgia, despedida, rabia, culpa, reparación, paz, etc.

Este sentir clausurado se acumulará en forma de incertidumbre y desorientación. Convertir a la muerte en un tema tabú (prohibido) crea el efecto contrario: desde las sombras se agiganta y ocupa cada vez más lugar.

Es algo que crece y que no podemos nombrar. Sin duda tendrá efectos dañinos en el niño que expresará, con cambios de conducta (agresiones, depresiones, etcétera) o enfermedades físicas, su malestar.

Cómo decirle al niño que un ser querido falleció
La verdad no tiene porqué ser descarnada, puede ser poética. Por ejemplo: “Cuando las personas son muuuuy viejitas, se pueden enfermar, como le pasó a xxx”. La vida termina y llega la muerte (estamos explicando el ciclo vital). A esta verdad incuestionable, la podemos suavizar con el encanto de lo poético.

Por ejemplo, a mí me gusta decir que podemos imaginar que esa persona querida nos cuida desde una estrellita y mirarla cuando la necesitamos. Nos sentiremos conectados y protegidos

Cuando hablamos de la muerte a un niño no lo dejamos encerrado en el dolor, le damos vías de salida para expresarlo. Confío plenamente en que cada uno hallará la mejor forma de acuerdo con su realidad y sus creencias.

Por ejemplo, poner una foto con una velita (un pequeño altar casero) donde uno pueda detenerse para estar más cerca de nuestro ser querido, también escribir, dibujar, pintar pueden ser maneras muy valiosas de expresar el dolor.

Mirar fotos trae bellos recuerdos
Otras alternativas son:

Nombrar a la persona que ha muerto con naturalidad, así aceptamos que no está físicamente, pero sigue presente en nuestros corazones.
Hablar causa un alivio inmediato.
Reírnos juntos de alguna anécdota graciosa.
Llorar porque lo extrañamos.
Sencillamente, pensarlo.
Todo sentir será bienvenido para poder tramitar el dolor de la ausencia. Dicen que se muere dos veces: la primera físicamente y la segunda cuando ya nadie te recuerda. Re-cordar (re-cordis) significa que vuelve a pasar por el corazón. ¡Es bello sentirnos libres de hacer pasar por nuestro corazón el abrigo del que ya no está!

Estaremos transmitiendo a nuestros hijos una bella lección. Se puede:

Sentir.
Expresar.
Recordar.
Compartir el dolor de la ausencia. Y así el dolor se apacigua.
Si negamos, ocultamos y no podemos nombrar la muerte con palabras, el dolor se agiganta.

Fuente: TN

   

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