Científicos confirmaron que la alimentación saludable contribuye a una mayor capacidad intelectual

SER PADRES Por Julia VOSCO
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Una alimentación equilibrada y un tipo de vida saludable va a resultar en chicos con un crecimiento sano, lleno de energía y con menos riesgo de sufrir obesidad y enfermedades relacionadas. Uno de los órganos que más se ve afectado por la alimentación, de hecho, es el cerebro.

Los primeros 1000 días constituyen particularmente un período sensible y fundamental en el que la alimentación, el estímulo y el amor participan fuertemente en el desarrollo del sistema nervioso. En este desarrollo temprano del cerebro, se va estableciendo el “cableado” neurológico, con un elevado número de neuronas y conexiones entre ellas, formando sistemas para las diferentes funciones sensoriales, cognitivas, emocionales y conductuales.

“En esta etapa, la lactancia maternal exclusiva durante los primeros seis meses de vida, la incorporación progresiva de alimentos y el sostenimiento del pecho hasta los 24 meses, contribuyen no solo a garantizar una correcta nutrición sino a la constitución del lazo que se establece con el alimento asociado indefectiblemente al entorno de vida”, asegura María Laura Sansalone (M.P. 554), licenciada en Nutrición y miembro del Consejo Directivo del Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires.

El rápido crecimiento del niño durante el primer año y la continuidad de los procesos madurativos hacia el final de la adolescencia, se asocian a necesidades nutricionales aumentadas y, en determinados segmentos de tiempo, estas son superiores a las de cualquier otra época. “Un suministro de nutrientes insuficiente durante este período tendrá efectos adversos sobre su desarrollo”, resume la nutricionista.

Influencia de la alimentación sana en el intelecto
Un estudio realizado en Inglaterra con 3996 niños de entre tres y ocho años demostró que la alimentación influye en el desarrollo intelectual. Los investigadores vieron que los que comían más alimentos ultraprocesados tenían un coeficiente intelectual menor.

Es decir, una alimentación rica en azúcares simples y grasas poco saludables puede afectar al coeficiente intelectual de los niños. En este estudio vieron que una dieta saludable influía positivamente sobre el desarrollo cerebral. De hecho, probaron que la alimentación influye más en el coeficiente intelectual, que el nivel socioeconómico de las familias.

“La realización del desayuno, establecer un orden de comidas, incorporar alimentos protectores tales como frutas y verduras, reducir el consumo de alimentos ultraprocesados y beber agua, son, entre otros, hábitos saludables que favorecen el crecimiento y desarrollo”, recomienda Sansalone.

Viandas escolares y saludables
Planificar con anticipación el menú de la semana o incluso del mes, es uno de los pasos que toda persona que quiere comer sano debe dar. Es un consejo clave también a la hora de organizar las viandas escolares. Otras pautas son:

Cocinar con alimentos caseros: asegura un menor aporte de sodio (sal), azúcar y grasas saturadas.
Cuidar la higiene, elaboración y conservación de alimentos: de esta forma se evita tanto la contaminación como las enfermedades transmitidas por alimentos.
Variar colores: cuanto más colorida sea, más nutritivo será el plato.
Enseñarles a los chicos a no apoyar nunca la lunchera en el piso y si hay heladera en el colegio, guardarla allí hasta la hora del almuerzo en que los maestros ayudarán a calentar la comida.
Utilizar packs refrigerantes: o bien conservadores para enviar alimentos que necesitan frío y si el colegio no cuenta con heladera.

Fuente: TN

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