No pierdas el tiempo en la máquina de correr

NOTICIAS DE INTERÉS Por Alfonso M. Arce para ABC
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Un gimnasio tiene mil cosas más interesantes que una cinta para correr o una elíptica. La excusa de ‘tengo que hacer cardio’ no tiene ningún sentido, puedes mejorar tu rendimiento cardiovascular sin tocar una sola máquina en tu vida consiguiendo, además, un progreso en otros muchos otros indicadores de salud que ninguna cinta de correr o elíptica te van proporcionar jamás. Que un gimnasio tenga doscientas cintas solo significa que quiere a doscientas personas ocupadas con escasísima supervisión. Por supuesto también sabe que es un reclamo comercial para la gente que se siente muy satisfecha al ver que su gimnasio tiene muchas pantallas y mucha tecnología. Si encima se sincronizan con una ‘App’ que te vuelve idiota del todo, mucho mejor. Pero que no te cuenten historias, necesitas unas buenas barras para poder colgarte y, por ejemplo, hacer dominadas; una buena colección de kettlebells, mancuernas y barras y discos olímpicos. Y a correr mejor al parque o al campo, que es infinitamente más sano y recomendable, además de más exigente y te vamos a contar por qué.

Si eres aficionado a las clases colectivas de ciclo ya sabrás que se sale de esta actividad sintiéndonos preparados para participar en el Tour de Francia, pero la realidad es que una pequeña cuesta de un puerto de tercera categoría ya es un infierno comparado con el esfuerzo de la bici estática del gimnasio. Aunque en las cintas de correr la diferencia no es tan abismal también se puede sentir claramente que no es lo mismo y, al margen de las diferencias obvias, es complejo de explicar.

 ¿Qué es lo que diría nuestra lógica?

 Hay dos diferencias evidentes que hacen de una y otra manera de correr dos mundos aparte. La primera sería el terreno. Correr sobre una superficie irregular o resbaladiza nada tiene que ver con la uniformidad de una cinta mecánica. La segunda sería la resistencia del viento, que puede llegar a ser un factor muy importante en una carrera al aire libre. Pero qué ocurre si eliminamos estos dos factores, si corremos sobre una superficie regular y parecida en tacto al de una máquina de gimnasio y sin viento. A priori todo debería ser igual y aun así no lo es. La física elemental dice que lo que importa es la velocidad relativa del corredor y la superficie sobre la que corre. Podemos argumentar que al aire libre hay curvas y eso añade una serie de diferencias biomecánicas y cinemáticas, pero tampoco explicaría las diferencias si comparamos una distancia en línea recta todo el rato. Y sin embargo las hay, cualquiera que lo haya probado lo sabe.

Quizás podamos caer en la trampa de pensar que es todo psicológico, al fin y al cabo mirar una pared o una pantalla nada tiene que ver con mirar a lo lejos de una pista o camino por el que estemos corriendo. De hecho algunos estudios afirman que hay una reacción humana real al subirse a una cinta por la que todas las personas acortan su zancada por un aparente miedo a chocar contra lo que tienen delante, dicho acortamiento de la zancada se va mitigando al entender nuestro cuerpo la previsibilidad constante de la cinta de correr. Aun así, este efecto no aplicaba en corredores avanzados o personas perfectamente acostumbradas a la cinta.

Y a pesar de todo esto, la realidad (confirmada con mediciones) es que correr en máquina es significativamente menos duro que correr al aire libre. Digo ‘duro’ en términos de demanda energética y no fácil, dado que hasta las personas más torpes pueden correr por la calle por muy despacio que lo hagan y la primera vez que nos subimos a una cinta de correr pensamos que nos vamos a matar. Algunos expertos creen que la técnica de carrera en una cinta tiene diferencias significativas frente a correr en el exterior.

Algunas explicaciones técnicas

Al margen de la resistencia al viento, que sería la diferencia más significativa, es un error dar por hecho que una superficie natural y una cinta de correr, por muy parecidas que sean ambas al tacto, tienen las mismas demandas musculares. Para empezar, cada cinta es un mundo y la estructura que está por debajo de la cinta hace que la zancada no tenga nada que ver según el modelo. Al igual que un corredor puede sentir una diferencia evidente entre correr en arena, hierba o pista, las propias cintas tienen unas diferencias notables según el modelo. El propio funcionamiento o el diseño de una máquina de correr implica cambios en la biomecánica de la zancada. Cuando un pie aterriza en la cinta mientras corre, el pie, el tobillo y la espinilla son momentáneamente ‘partes’ de dicha cinta, se desplazan hacia atrás, aunque sea con una duración centesimal. Los estudios de la pisada en cinta, han detectado que la espinilla de la pierna de apoyo está menos erguida cuando contacta el pie con la superficie, tiene un mayor rango de movimiento y una velocidad angular general más rápida que en la carrera normal. Hablamos de matices muy técnicos pero que se van añadiendo a una lista de pequeñas cosas que acaban con una diferencia global sustancial entre la carrera al aire libre y en el gimnasio. A esto efectivamente hay que sumarle el factor psicológico, por muy acostumbrados a la cinta que estemos, siempre hay más tensión que corriendo en el exterior (salvo que estemos sorteando coches o tirándonos cuesta abajo por una montaña).

 
Si corres porque te gusta la televisión que tienes delante, nada que decir. Si te gusta correr y estás preocupándote de tus marcas y mejoras, seguro que no necesitas que te lo digan, ya corres al aire libre. En ambos casos, no olvides sumar trabajo de fuerza con cargas externas, bien aplicado mejorará tu rendimiento corriendo. Que la fuerza te acompañe.

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