Los fraudes románticos en la era digital

NOTICIAS DE INTERÉS Por Rosario CALVO
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“Las casualidades nos empujan a diestra y siniestra, y con ellas construimos nuestro destino, porque somos nosotros quienes lo trenzamos como tal. Hacemos de ellas nuestro destino porque hablamos. Creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, más específicamente nuestra familia, que nos habla… Somos hablados y, debido a esto, hacemos de las casualidades que nos empujan algo tramado. Hay, en efecto, una trama. Nosotros la llamamos nuestro destino.” Jacques Lacan. El Sinthome.

Comencé el presente escrito con esta cita que me invita a compartir algunos interrogantes en torno a una pregunta ¿Acaso el amor nubla la razón?

A lo largo de la historia, han girado numerosas novelas, historias, tragedias en torno al amor y sus contingencias, donde muchas veces los impedimentos, lejos de propender a un corte forjaban un lazo aún mayor entre los enamorados. Romeo y Julieta, La Odisea, entre otros clásicos o un poco más acá en la historia, films, novelas, tendientes al happy ending. En ellos, pareciera que, como premisa, estar bajo los influjos de enamoramiento incrementa las idealizaciones que se posan sobre la persona en cuestión.

Amor ciego
Durante el enamoramiento, la persona amada goza de una cierta falta de crítica y sus cualidades son mucho más estimadas que alguien que no lo sea o que esa misma persona cuando no era amada.

Así el encuentro con alguien, que surgió como una contingencia de pronto pasa a tener un estatuto distinto, de pronto esa persona se hace presente particularmente, nos anoticiamos que se transformó en una necesidad. Se produce un pasaje de lo contingente a lo necesario y la conclusión sobre estar bajo los influjos del amor llega en un segundo momento.

Es decir, si nos invitan a precisar un momento exacto donde surgió el amor, no podríamos hacerlo. Como si se tratase de un tiempo mítico, lejos del tic tac del reloj, irrumpe el amor y el mundo cambia.

Esta contingencia de comenzar a amar, no deja por fuera a los ideales en juego, aquellos discursos intrínsecos a cada familia que forjan la matriz propia de los sentidos con los que cada persona crece. La singular construcción que un sujeto hace de ellos implica a su vez la construcción de una definición propia del amor para cada quien, una metáfora singular.

El amor en tanto tal es una metáfora cuya definición y experiencia es construida por cada individuo. No hay dos amores iguales y como popularmente se expresa parece que todo amor es único.

De modo que cuando alguien ama, podemos afirmar que lo hace siempre desde su complejidad, con sus propias marcas, condiciones de goce e ideales en juego, en tanto que inconscientes. Estas determinaciones siempre singulares están presentes en todo lazo amoroso.

En este sentido, por un lado, está la singularidad de cada sujeto, por otro el discurso de época. No obstante ello, si algo hay en común es que el malentendido entre los seres hablantes es algo estructural.

¿El amor virtual es real?
En la coyuntura actual, los modos en lo que se llevan adelante los lazos amorosos, las citas entran en una lógica que no escapa al discurso neocapitalista, se consumen vínculos, el impacto de la imagen que prolifera por las redes sociales, no le es ajeno a las nuevas modalidades de inaugurar lazos, esto también forma parte de lo epocal.

En este sentido los asuntos del amor, quedan atravesados por los discursos propios de la época, así podemos anoticiarnos de amores que se eligen por un casting en TV o amores que se consagran a una vida sin sexo, sea como fuese cuando de amor se trata no hay universal, no hay garantía de reciprocidad.

Fuente: TN

   

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