Sexualidad: qué hay que saber sobre el sadomasoquismo y sus límites

SEXUALIDAD Por Ana COHEN
PVOVZPMB2JC7XOXQPCQSHU6QCI

Una clave fundamental es hacer el ejercicio de diferenciar lo que es una fantasía de lo que en efecto se quiere realizar. Las prácticas BDSM son más frecuentes de lo que se piensa: un lenguaje peyorativo, un “chirlo”, una presión en la piel, una mordida, un tirón de pelo o pellizcar fuertemente los pezones son prácticas sádicas.

Todo depende de la intensidad y de la frecuencia con la que se realizan estas prácticas que son siempre consensuadas y entre personas adultas.

El sadomasoquismo proviene de la combinación de dos conceptos
El sadismo, que está asociado a un escritor llamado Donatien Alphonse François de Sade, conocido como el Marqués de Sade, que vivió en Francia, en el siglo XVIII. Fue un escritor y filósofo de inusitado talento, cuya obra, durante siglos, fue considerada como subgénero pornográfico.

El masoquismo, término que proviene de Leopold von Sacher-Masoch, un escritor austríaco del siglo XIX, cuya obra más conocida fue «Venus en cueros» (Venus in Furs), en la que se describe la consecución del placer sexual a través del sufrimiento físico.

Historia de las prácticas BDSM
En el comienzo del siglo XX, en 1886, Richard Von Kraft (1840- 1902), escribió el primer libro dedicado únicamente a “perversiones sexuales”, titulado Psychopathia sexualis. Freud también se interesó por el masoquismo, le resultaba enigmático el goce en el displacer desde la lógica de la economía libidinal.

Distingue en El problema económico del masoquismo (1924) entre tres tipos: el femenino, el erógeno y el de la conciencia moral. También pensaba que estas preferencias sexuales se debían a causas infantiles.

En aquella época, las conductas de “sadomasoquismo” indicaban que la persona tenía un problema patológico, es decir, tenía la necesidad de tener el control, infligir dolor para sentir excitación y eventualmente llegar al orgasmo, o al contrario sentían que al ser golpeados, azotados, humillados, dominados conseguían llegar al máximo placer.

En el año 1994 y en 2013, se empezó a despatologizar la práctica. En 1991, por ejemplo, aparecieron estas siglas por primera vez: BDSM en un foro llamado alt.sex. El significado proviene del acrónimo de origen anglosajón que incluye el bondage (práctica erótica basada en la inmovilización del cuerpo de una persona), la dominación, la disciplina, la sumisión y el sadomasoquismo.

BDSM: ¿violencia sexual consensuada?
“Suele contextualizarse como algo controversial, pervertido y es que las prácticas pueden, a simple vista, aparentar una situación de abuso o violencia de género, pero la diferencia entre las prácticas BDSM y la violencia radica en que las primeras son prácticas consensuadas, cuidadas, previamente dialogadas entre las partes y se ponen en juego entre personas con capacidad para tomar la decisión”, explica la psicóloga y sexóloga educativa, Maria Florencia Pérez (M.N. 58.247 ), docente de la “Diplomatura En Educación Sexual y Orientación Clínica”, dictada por el Distrito V del Colegio de Obstétricas de la Provincia de Buenos Aires.

Las relaciones BDSM son las prácticas que ofrecen un consenso explícito y detallado. Con límites duros y otros blandos. Si no se enmarca dentro de estos límites previamente consensuados ya no es BDSM. También se acuerdan palabras o gestos de seguridad.

“Del dicho al hecho”, cuando las fantasías sexuales pasan al plano real
“Si vamos de menos a más, podemos pensar en una fantasía que motorice un encuentro sexual, pero que no se lleva a cabo. Mientras que otras personas implementan estas prácticas de manera diaria y como modalidad vincular en encuentros casuales y en sus parejas estables de larga data”, cuenta Pérez.

El orgasmo en estas prácticas, como en su mayoría, no requiere exclusivamente de la genitalidad. “Se vincula el BDSM con ataduras, azotes, mordazas, disciplinamiento, restricciones, entre otras. Esto genera un estigma a nivel social propio del desconocimiento “, señala la terapeuta.

Puede asumirse que si una persona es sumisa dentro de sus encuentros sexuales, lo será en su vida laboral, familiar, cotidiana. “Es decir que si toma un rol dominante o sumiso en lo sexual, será de igual manera en sus otros ámbitos. La clave es poder determinar los límites de lo que se consensúa. Y de ninguna manera supone que si se ejerce dominación en una escena BDSM esa persona lo será en sus otros aspectos. Puede que allí radique uno de los motivos por los cuales se asume como una práctica social o moralmente dañina o depravada”, plantea.

Los mitos sobre el BDSM
Pérez describe que quienes se interesen o practican BDSM no tienen más problemas psicológicos que las personas que no practican el BDSM. También hay una asociación con el nivel educativo: a mayor nivel académico, mayor interés por esta práctica según recientes investigaciones.

En los estudios sobre la edad de inicio al BDSM, se ve que el interés comienza en una edad temprana, entre los 15 y 20 años. Algunos lo toman como una previa o una parte de la relación sexual, pero no precede ni reemplaza, es solo eso.

“Hablar de previa da a entender que hay un acto que es superior a otro, de la previa a algo superador. Con lo cual caemos en un coitocentrismo. Son todas prácticas sexuales donde lo que se busca es el placer”, simplifica la educadora sexual.

Hay parejas que usan estas prácticas para salir de la rutina y otras las adoptan como parte de su identidad y vida sexual. Incluso como una dinámica en la vida diaria”, plantea la psicóloga. Hay quienes dicen que las parejas se benefician con este juego sexual porque estimula la creatividad.

La diferencia con la violencia radica en el consenso y el diálogo entre las partes. En el BDSM se crean vínculos, hay confianza, hay comunicación y espacio para hablar de las emociones. Hay límites y acuerdos que no deben cruzarse. “Siempre dentro de un marco de consenso, diálogo, acuerdo y entre personas adultas, estamos hablando de una práctica sexual saludable”, concluye la psicóloga.

Fuente: TN

   

   

Te puede interesar