La triada del éxito para multiplicar las capacidades de tu cerebro

SALUD Por Maia CASARES
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El cerebro un órgano de apenas un kilogramo de peso, es el aparato más sofisticado y complejo de la Tierra por su plasticidad, su imaginación, su capacidad de abstracción y por su adaptación a diferentes contextos. Su delicada microarquitectura contiene cientos de miles de millones de células (neuronas y células glía), que le otortan su abrumadora complejidad y su potencial ilimitado.

Su cometido último, es decir, su verdadera razón de ser es garantizar la supervivencia y la reproducción del cuerpo que lo alberga, pero lo más fascinante del cerebro es su capacidad de automodificarse, evolucionar y adaptarse con la incorporación de nuevas neuronas (neurogénesis) y la remodelación de las que ya existen. Una cuestión que se ha podido corroborar recientemente, tal como explica en ' Redefine imposible' Jonathan Benito Sipos, profesor e investigador de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Madrid.

«Cuando comencé a estudiar Biología, hace más de 20 años, se aseguraba que nacíamos con un número determinado de neuronas y que estas no aumentaban ni se regeneraban. Pero a lo largo de este tiempo ha habido un debate feroz entre los científicos en torno a ello, pues la neurogénesis se había demostrado en animales pero no en humanos. Pero en ciencia decimos que 'la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia' y esto es justo lo que ha pasado con la neurogénesis pues recientemente un grupo de científicos liderado por la española María Llorens-Martín ha logrado demostrar que en los hipocampos (tenemos uno en cada hemisferio cerebral) sí que se generan nuevas neuronas», comenta.

Sin embargo, para que estas nuevas neuronas «no se mueran (suicidio celular), se queden integradas en nuestros circuitos y se desarrollen y generen una mayor capacidad cognitiva, es necesario crear el contexto adecuado», tal como precisa el autor. Y la creación de ese contexto propicio es lo que Jonathan Benito denomina la triada del éxito: objetivos claros, determinación y actitud positiva.

1. Objetivos claros
Tener unos objetivos claros es clave porque es algo que va ligado a la motivación. De hecho el autor explica que una de las razones de la gran insatisfacción que se aprecia en la sociedad moderna se debe precisamente a que el cerebro está programado para satisfacer necesidades básicas (tener acceso a comida o cobijo, por ejemplo), pero no elevadas (la autorrealización, por ejemplo). «Somos la única especie que no tiene que preocuparse de cuestiones como cazar o sobrevivir al ataque de un depredador y eso puede hacer que el cerebro se quede, de alguna manera, a la deriva, sin objetivos. Y eso nos puede llevar a sentirnos insatisfechos a pesar de tenerlo todo. Por eso son relevantes los objetivos», argumenta.

Un ejercicio que propone en su libro para definir objetivos es el de la «rueda de la vida», que consiste en dibujar diferentes radios que representen cada aspecto de la vida (trabajo, relaciones, personales, familia, ocio...). Estos se puntuarán del 1 al 10 y nos proporcionará, según afirma, una imagen de cómo nos sentimos en el presente. «Al pensar sobre lo que necesitamos para alcanzar la puntuación máxima en cada categoría, quedarán al descubierto nuestros objetivos y propósitos», revela.

2. Determinación
La perserverancia es algo que también va ligada a los objetivos y es esencial para que se puedan desarrollar en el cerebro los fenómenos asociados a la plasticidad neuronal. «Habrá momentos duros, pero si prevés que te vas a caer unas cuantas veces recuerda que también te levantarás otras tantas veces. El concepto del tiempo es importante pues cuando nos fijamos un objetivo debemos tener en cuenta que el cerebro necesita sus plazos para remodelarse hacia ese objetivo. Debemos tener paciencia y tratarnos con cariño y racionalidad», aconseja.

«La ciencia constanta que no vivimos a la altura de las capacidades con las que nacemos, sino de las creencias que forjamos»Jonathan Benito

3. Actitud positiva
Este concepto es, según opina Jonathan Benito, uno de los que se ha tratado con mayor frivolidad, especialmente en el marco del desarrollo personal y del coaching, pues no consiste en creerse capaz de todo lo que uno se proponga, sino de ser conscientes de que la predisposición que mostrarmos ante la vida es la que la vida muestra con nosotros. ¿Queremos bloquearnos o darnos alas? «La ciencia constanta que no vivimos a la altura de las capacidades con las que nacemos, sinod e las creencias que forjamos», precisa. En este punto el autor destaca el papel neurofisiológico del efecto placebo (cuando las expectativas positivas desencadenan la liberación de endorfinas, beneficiosas para el organismo) y del efecto nocebo (cuando las expectavitas negativas desencadenan sustancias perjudiciales como el cortisol). También hace referencia al efecto de la profecía autocumplida: las expectativas que tenemos y que otros tienen sobre nuestro rendimiento influyen en él, ya sea positivamente (efecto Pigmalión) o negativamente (efecto Gólem).

El estrés, el gran enemigo
En el otro lado de la balanza estaría el estrés, el mayor obstáculo al que nos enfrentamos a la hora de producir y regenerar neuronas. «El estrés es sumamente deletéreo, especialmente si se perpetúa. Cualquier persona que haya vivido una situación de estés más o menos fuerte ha experimentado dificultades de atención o de memorización y un estado anímico bajo. De hecho, a nivel científico se ha comprobado que la zona del hipocampo se reduce en aquellas personas que hayan sufrido un estrés prolongado en el tiempo», asegura Benito.

Es cierto que la función del estrés es la supervivencia pero a largo plazo es muy perjudicial pues genera cortisol, que reduce el sistema inmune y provoca enfermedades, envejecimiento prematuro y muerte celular en el hipocampo, según revela el autor.

Por eso es tan importante introducir hábitos en nuestra vida que permitan reducir el impacto del estrés como tomarse pequeñas pausas, escuchar música, hacer ejercicio y cuidar las relaciones sociales. Algunos estímulos para la creación de neuronas son: caminar tres horas y media a la semana, pasar tiempo en la naturaleza, interacción con nuestros seres queridos (presencial, llamadas y videollamadas) y contacto físico (tanto sexual como no sexual). «Contrariamente a lo que se suele pensar el uso de redes sociales no basta para suplir el contacto social», aclara.

Comer y dormir, sano para el cerebro
La dieta también modula la fisiología del cerebro. Sin embargo el experto precisa que disminuir la cantidad de alimentos que tomamos puede ser beneficioso pues el cerebro tarda alrededor de 10 minutos en hacernos saber que está saciado, por lo que, según explica, dejar de comer antes de lo que estmaos acostumbrados puede ayudar a evitar una ingesta calórica innecesaria.

Una dieta variada y rica en Omega-3, flavonoides y zinc pueden contribuir también a aumentar la neurogénesis, así como la correcta masticación.

El sueño es otro de los factores importantes para cuidar al cerebro pues su privación provoca estrés crónico. «Dormir lo suficiente (una media de siete u ocho horas), fijar la hora de dormir y evitar las interrupciones (especialmente las tecnológicas) son factores que contribuyen a aumentar el número de neuronas», aclara Benito.

Fuente: abc.es

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