Crianza: la verdad sobre Papá Noel y los Reyes Magos

SER PADRES Por Gastón PEDRAZA
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Necesitamos reeditar historias, contarnos cuentos, abrazar tradiciones, repetir rituales. Tal vez para sentirnos menos solos o para permitirnos continuidad con nuestros antepasados y proyección con nuestros sucesores. O tal vez para intentar acallar angustias humanas, existenciales y ancestrales. Seguramente cuando la humanidad se cuenta un cuento es porque lo necesita.

Cualquiera sea el motivo, la cuestión es que cuando Papá Noel nos visita cada diciembre con su traje rojo y su barba blanca nos cargamos de ilusiones y renovamos nuestras esperanzas.

“—¿Papá, existe Papá Noel?

—Si vos querés que exista, existe.”

!Qué linda respuesta!, la de este papá que comprendió que la magia de los cuentos no entra dentro de las variables de verdad-mentira, sino que pertenece a otra dimensión. Tal vez una dimensión poética, tan necesaria para vivir con más belleza.

¡Recuerdo con qué afán mi mamá ponía en el balcón de un piso 9 agua y pasto para los camellos coronados por los zapatos de toda la familia! Éramos grandes y el ritual se repetía, nadie osaba preguntar cómo subirían los camellos a semejantes alturas… Solo creíamos que todos los 6 de enero, tres Reyes nos visitarían una vez más para que renaciera en nosotros un nuevo pesebre de amor.

Todos los rituales que nos sientan alrededor de una mesa, con las típicas comidas que la humanidad ha elegido desde hace siglos, son bienvenidos porque repetirlos nos da sentido de pertenencia histórica y grupal. No perdamos la oportunidad de transmitir cohesión grupal y tradición ritual.

Qué decir cuando los chicos preguntan sobre Papá Noel
Cursábamos primer grado y se habían formado dos bandos “enemigos”: unos defendían la existencia de Papá Noel y los otros decían que no existía y que eran los padres que compraban los regalos. ¡Nos peleamos una semana entera sin llegar a ningún acuerdo! Aprendimos que los dos extremos nos dejan sin respuestas satisfactorias.

La necesidad de mantener tozudamente una versión infantil de los hechos aporta confusión y desorientación: Papá Noel viene hoy, entra por la chimenea y te deja los regalos como siempre. No es un discurso que le aclare algo a un niño de 6 o 7 años que está chequeando información con sus padres. Significa forzar una ficción.

La verdad desnuda y descarnada no tiene poesía: Papá Noel no existe, somos papá y mamá que compramos los regalos. Eso, nuestro hijo cuando empieza a preguntar, ya lo sabe. Da la sensación que lo dejamos con las manos vacías y la ilusión perdida.

Cada uno encontrará su manera propia de contestar a su hijo. A mí me gusta decir que es un cuento que la humanidad se cuenta desde casi siempre, creemos en el cuento y no se nos derrumba por saber que nosotros mismos compramos los regalos. Perdemos la versión infantil y ganamos una versión adulta que conserva en toda su dimensión la magia, la fantasía y la esperanza.

¿Creés en la Navidad?

¡Sí, creo!

En la magia de ser el otro
En los ojos para ver su herida
En la mano que calma
En el dulzor de un bocado compartido
En la frescura de nuestro encuentro
En despuntar la alegría
La Navidad como ritual terapéutico
Permitir crecer con ventanas de ilusión y misterio nos muestra cómo siempre la razón humana será insuficiente. Porque si el ritual perdura a través de los tiempos es que nos resulta necesario para procesar alguna angustia humana.

A pesar de todo...

Zambullirnos en un río de silencio y fluir juntos hacia un mar sin orillas
Creer que lo mínimo encierra lo máximo
Y creer que hoy, bajo este techo, es Navidad.

Fuente: TN

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