La paradoja de la obsesión por lo saludable que te lleva a engordar más

DIETAS Por Ana COHEN
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Bombardeados por diversos medios de comunicación y redes sociales sobre las excelentes propiedades nutricionales de algunos alimentos saludables llegamos a un pensamiento deductivo equivocado: si es saludable, se puede comer sin problema y en cantidades ilimitadas. Pero esta asociación es un silogismo erróneo, ya que el concepto «saludable» no implica «sin calorías». De hecho, estamos frente a conceptos completamente diferentes.

Ahora bien, es cierto que una persona cuya prioridad principal sea mejorar su salud no ha de estar pendiente de forma estricta de los gramajes de los alimentos ingeridos. Para estos casos existen pautas generales sobre cómo han de ser las raciones de los alimentos, así como las frecuencias de consumo y distribución del plato (las famosas pirámides y/o platos nutricionales).

Obviamente, se trata de unas recomendaciones generales y hay que saber que si se tiene un objetivo concreto, no valdrán las mismas raciones para todo el mundo. En resumen: para objetivos determinados se deberá realizar una pauta individualizada.

Dudas con las grasas y los hidratos de carbono
Retomando el tema de la paradoja que da título a este artículo cabe destacar que, por lo general, un alimento saludable puede ser altamente calórico o no, pero debe quedar claro que saludable no implica sin calorías.

Para alimentarnos de forma saludable deberemos priorizar una alimentación basada en vegetales y hortalizas, frutas de temporada, carnes magras, pescados frescos de temporada, huevos camperos, lácteos y derivados de alta calidad. Además, deberemos incluir los famosos macronutrientes energéticos: hidratos de carbono complejos de alta calidad a través de cereales integrales, legumbres o tubérculos; así como grasas saludables mediante aceite de oliva virgen extra, frutos secos y semillas, aguacate y pescados azules.

Son estos dos últimos grupos (hidratos de carbono complejos y grasas saludables) los más controvertidos y los que mayores dudas suscitan, ya que es donde será necesaria una personalización de las cantidades, según cada caso concreto, con el fin de ajustar las ingestas calóricas de cada persona. Por esta razón se recomienda acudir al dietista-nutricionista, que será el que nos facilitará una pauta adaptada y ajustada a nuestras necesidades.

En relación a los hidratos de carbono, aunque se trate de cereales integrales o de unas saludables legumbres, será necesario realizar los cálculos que determinen la cantidad que es recomendable tomar, ya que un exceso de ellos podría generar un exceso energético. Si, por ejemplo, un determinado individuo tiene por objetivo la pérdida de grasa, un exceso de este grupo de alimentos incurriría en un exceso energético y, por ende, en un posible incremento del tejido adiposo.

Si, por el contrario, el individuo desea mejorar su rendimiento deportivo, un aporte deficiente de hidratos de carbono podría ser contraproducente para el correcto desarrollo de su disciplina deportiva.

Lo mismo sucedería con el grupo de las grasas. Por muy saludable que sea un buen AOVE, no deja de tener 9 kcal/g neto de grasas. Por lo tanto, este grupo de alimentos deberá ser siempre adaptado a cada persona, atendiendo a su objetivo y a sus necesidades.

La conclusión a la que llegamos es que siempre han de tenerse en cuenta las kilocalorías de todos los alimentos que consumamos, incluidos aquellos que sabemos que son saludables, sobre todo si se tiene un objetivo concreto.

Además, será fundamental una adecuada selección de alimentos a la hora de traducir esa energía adecuada a las necesidades de cada uno. Es determinante para la salud optar siempre por fuentes nutritivas y saludables frente a aquellas que no los son, cuyo consumo tendrá cabida de forma más ocasional.

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