Quejarse es como una mecedora: te mueves pero no avanzas

SALUD Por Julián TORRES
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Es fácil quejarse, ¿verdad? Todo el mundo lo hace. Puede tratarse del asunto más insignificante o, en cambio, la queja vendría a estar más que aceptada pero, si lo piensas, muchas personas se lamentan varias veces al día. ¿Eres tú uno de ellos?

Son muchas las razones que pueden llevar a una persona a quejarse por cualquier motivo. Sin embargo, no en todas las ocasiones esta queja es funcional ya que existen situaciones en las que las personas emplean este recurso sin un motivo real. El psicólogo Miguel Ángel Rizaldos explica que hay personas que se centran única y exclusivamente «en lo que falta en lugar de en lo que tienen», consumiendo tiempo y, lo que es peor: mucho esfuerzo y energía. «Si están continuamente quejándose todo el tiempo de su mala situación, acaban redundando en ello y, de alguna manera, terminarán sin hacer nada para cambiarlo. Yo siempre digo que estar instalado en la queja es como una mecedora, te mueves pero no avanzas», dice.

Según las investigaciones, nuestro cerebro está construido con una tendencia a la negatividad. Es nuestra naturaleza. El neuropsicólogo Rick Hanson afirma que «nuestro cerebro es como el velcro para las experiencias negativas y como el teflón para las experiencias positivas». Es una cuestión de supervivencia evolutiva. Gracias a que durante toda la historia del ser humano las circunstancias peligrosas u hostiles han sido más determinantes que las positivas, hemos sobrevivido enfrentándose a ellas y tratando de superarlas. «El cerebro está programado para la supervivencia, no para el bienestar», indica el psicólogo.

Que haya personas que se quejan constantemente puede ocurrir por varias razones:

- Sentimiento de insatisfacción: las personas pueden recurrir a la queja constante cuando no se sienten satisfechos con su vida. La psicólogo Paloma rey comenta que es posible que sientan un gran vacío y «que proyecten esa falta de sentido resaltando aspectos negativos de situaciones cotidianas» como el calor, el tiempo, o el comportamiento que alguien de su entorno ha tenido con ellos.

- Egocentrismo y falta de empatía: «Este tipo de personas tienden a pensar que se merecen más que otras personas y, si no lo obtienen, entonces recurren a la constante queja», dice. Al parecer, presentan una incapacidad a la hora de ponerse en el lugar de los demás y «no suelen mostrarse agradecidas por las cosas positivas que les pasan en su día a día».

- Hábito: en algunos casos, esta costumbre es heredada de los padres. «Desde pequeños han asumido la idea de que quejarse es una forma de comunicarse con los demás y no conciben la sociabilizancion sin ella», cuenta la experta en psicología. Puede darse el caso de que empleen este recurso como un medio para romper el hielo o como tema de conversación.

Nocivo para la salud
Este bucle de queja no es bueno para nuestra salud, pero tampoco para la de las personas que nos rodean. El hecho de centrar todos nuestros recursos en quejarnos implica que estamos constantemente pendientes de los aspectos negativos de la vida. Esto puede restarnos energía y bloquear nuestro avance personal ya que, como alerta la psicóloga Paloma Rey ( palomareypsicologia), «no prestamos atención a las cosas positivas y dejamos escapar las oportunidades».

En relación a esto, la persona que recurre constantemente a la queja asume el papel de víctima, es decir, no asume la responsabilidad de sus actos y busca culpables de las cosas que no le salen bien en los demás. Además, el hecho de asumir este papel contribuye a que la persona no busque solución a sus problemas. Frecuentemente, esperará que sean los demás los que le ofrezcan una solución al problema que estén padeciendo en ese momento.

Por otra parte, dice Paloma Rey, el estado de ánimo de estas personas se resiente, encontrándose, a menudo, con una fuente constante de emociones negativas (rabia, enfado, tristeza, miedo, incertidumbre…). «Generalmente, las personas que se quejan mucho suelen experimentar la emoción del enfado como principal y en una alta intensidad», asegura.

Por todo ello, las relaciones sociales de las personas que se quejan mucho se resienten, ya que tienden a sobrecargar a los demás con sus problemas y quejas banales. Como resultado, estas personas tienden a tener un círculo social muy limitado.

Para salir del bucle
Puesto que estancarse en la queja constante no hace ningún favor a tu estado mental, hay que procurar desligarse de estos pensamientos que nos hacen abrir la boca para soltar exclusivamente lamentos. Tal como expone Paloma Rey, la persona que se queja por todo no es consciente de que lo hace: «Quien recurre a este recurso lo hace como un medio de sociabilización y de llamar la atención de las personas que le rodean. Cada vez que manifiestan una queja, las personas de su entorno suelen responder prestándoles atención, mostrando interés y aportando soluciones (las cuales no suelen poner en práctica)», dice.

Miguel Ángel Peinado, por su parte, asegura que se sale del bucle con aceptación: «Aceptar significa reconocer las situaciones no deseadas de nuestra realidad sobre la que no podemos hacer nada, de tal modo que podamos fortalecer la tolerancia a los fracasos, pérdidas o desengaños». No siempre la vida es como nos gustaría, ni somos del todo como nos gustaría ser, así que aceptar sobre lo que no tienes margen de maniobra no es resignarse. «Aceptar no es que te guste, aceptar no es que creas que lo negativo que te pasa es justo, aceptar es dejar de quejarte. Así podrás avanzar», cuenta el experto.

Por ejemplo, para no estar instalado en la queja diaria podemos anotarlas en todo momento. Es verdad que es una tarea un poco laboriosa, pero el resultado es realmente eficaz. «Al inicio del registro verás que el número de veces que te quejas es muy significativo. A medida que pasa el día este número decrece progresivamente. En el momento que seas capaz de detectar una queja antes de decirla tendrás el control sobre tus pensamientos negativos para poder no darles importancia y relativizarlos», señala Paloma Rey. Es entonces cuando dejarás de centrar tu atención en los problemas para centrarte en las posibles alternativas de solución si las hubiera o aceptar que muchas veces la solución no depende de ti. Otra cosa que podemos hacer, explica Miguel Ángel Rizaldos, es intentar alejarnos de personas negativas y «quejosas». «Si no es posible el poder alejarnos de ellas lo que podemos hacer es no prestar atención ni hacer comentarios cuando escuchemos las quejas, tratar de ignorarlas», dice.

Si una persona se encuentra en esta situación, es recomendable, según Paloma Rey, que busque ayuda de un profesional que le permita descubrir los motivos que le llevan a este comportamiento. En tanto, algunos objetivos terapéuticos con estas personas serían:

- Fomentar la empatía, aprender a ponerse en la piel de los demás.

- Profundizar en la emoción que sustenta la queja, conocer los motivos que generan inseguridad y miedo en las personas.

- Trabajar en la identificación de emociones y en su significado.

- Dotar de recursos personales a la persona para resolver los problemas de una forma efectiva y funcional.

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