Cómo elegir el protector solar y por qué usarlo ante la ola de calor

POR UNA VIDA MÁS SALUDABLE Por Carola LEVI
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Hay que reconocer que el sol genera bienestar y es vital para el funcionamiento del cuerpo. Incluso, varios expertos recomiendan pasar unos minutos frente a él todos los días. Sin embargo, estos días donde rige una alerta amarilla para Buenos Aires y otras tres provincias, el exceso puede tener efectos contraproducentes y acumulativos como pueden ser: quemaduras, alergias, manchas y arrugas. También pueden generarse enfermedades como melanomas.

“Hay que usar protector porque la radiación solar que está formada por rayos invisibles, entre los que se encuentran los ultravioletas A (UVA) y B (UVB), están durante todo el día, penetran profundamente dañando los tejidos, nos envejecen y podemos llegar a tener lesiones pretumorales y tumorales”, fundamenta a Con Bienestar Irene Bermejo (M.N. 60.438), especialista en Dermatología Clínica y Tratamientos Estéticos.

Un buen protector solar tiene que ser de amplio espectro, es decir, proteger de los rayos UVA y UVB, ser resistente al agua y tener un factor de protección solar alto (SPF 30 o superior). Por otro lado, no todas las pieles son iguales, hay pieles secas, pieles grasas y pieles mixtas por ello existen varias presentaciones como leche, crema, spray, bruma, etcétera. Los compuestos fotoprotectores de estos productos evitan que la luz del sol llegue a la piel y sea absorbida: actúa como una muralla que nos protege de la radiación.

Un dato importante de los daños provocados por el sol es que, aunque tienen una baja probabilidad de generar efectos importantes, son acumulativos”, añade. Es decir, cuanto más tiempo estemos expuestos a la luz del sol, mayor será la probabilidad de sufrir daño.

Cómo elegir el protector solar correcto
“Elegir siempre uno de marca medicinal. Es muy difícil que cualquier producto proteja en la medida que dice que lo hace. Dentro de las fórmulas farmacéuticas, hay que buscar la presentación que más se ajuste a la persona: si son fluidos, con color, sin color, compactos o en aerosol, no importa. La clave es que nos amiguemos con la aplicación que nos resulte más agradable para el uso con frecuencia”, aconseja Bermejo.

En general, se recomienda que el tiempo entre aplicaciones sea de unas dos horas, aunque esto se ve afectado si nos bañamos o sudamos porque podemos perder la protección antes.

Proteger a los más chicos
En los chicos, deben extremarse los cuidados de la fotoprotección. Ellos desarrollan muchas más actividades al aire libre que los adultos y el principal factor de riesgo de cáncer de piel es la radiación ultravioleta, sobre todo aquella recibida durante la infancia. El 80 % de los daños causados por el sol ocurren antes de los 18 años de edad. Sus efectos son acumulativos e irreversibles a lo largo de toda la vida. Los menores de dos años no deben exponerse en forma directa al sol aún utilizando protector solar.

Otro consejo es revisar el producto que ya estamos usando: tirar el que esté viejo o caducado. Si no hay fecha de caducidad, desecharlo tres años después de haberlo abierto. Si la crema se ve o se siente diferente, es mucho más gruesa o delgada o el color cambió, también hay que descartarla

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